Cuatro prioridades éticas para las neurotecnologías y la IA


Hombre con una lesión en la médula espinal se prepara para una carrera ciclista virtual en la que los competidores dirigen avatares utilizando señales cerebrales.


La inteligencia artificial y las interfaces cerebro-computadora deben respetar y preservar la privacidad, la identidad, la autonomía y la igualdad de las personas.


Rafael Yuste, Sara Goering y otros


Consideremos el siguiente escenario. Un hombre paralítico participa en un ensayo clínico de una interfaz cerebro-computadora (BCI). Una computadora conectada a un chip en su cerebro está entrenada para interpretar la actividad neuronal resultante de sus ensayos mentales de una acción. La computadora genera comandos que mueven un brazo robótico. Un día, el hombre se siente frustrado con el equipo experimental. Más tarde, su mano robótica aplasta una taza después de quitársela a uno de los asistentes de investigación y lastima al asistente. Se disculpa por lo que dice que debe haber sido un mal funcionamiento del dispositivo y se pregunta si su frustración con el equipo jugó un papel.

Este escenario es hipotético, pero ilustra algunos de los desafíos a los que podría enfrentarse la sociedad.

La tecnología BCI actual se centra principalmente en resultados terapéuticos, como ayudar a las personas con lesiones de la médula espinal. Ya permite a los usuarios realizar tareas motoras relativamente simples, como mover el cursor de una computadora o controlar una silla de ruedas motorizada, por ejemplo. Además, los investigadores ya pueden interpretar la actividad neuronal de una persona a partir de exploraciones de resonancia magnética funcional a un nivel rudimentario [1], es decir, que el individuo está pensando en una persona, por ejemplo, en lugar de en un automóvil.

Podrían pasar años o incluso décadas hasta que la BCI y otras neurotecnologías formen parte de nuestra vida diaria, pero los avances tecnológicos indican que estamos en camino de un mundo en el que será posible descifrar los procesos mentales de las personas y manipular directamente los mecanismos cerebrales que subyacen a sus intenciones, emociones y decisiones; en el que los individuos podrán comunicarse con otros simplemente pensando; y en el que poderosos sistemas computacionales vinculados directamente a los cerebros de las personas ayudarán a sus interacciones con el mundo de tal manera que sus capacidades mentales y físicas se verán enormemente mejoradas.

Estos avances podrían revolucionar el tratamiento de muchas enfermedades, desde lesiones cerebrales y parálisis hasta epilepsia y esquizofrenia, y transformar la experiencia humana para mejor. Pero la tecnología también podría exacerbar las desigualdades sociales y ofrecer a las corporaciones, piratas informáticos, gobiernos o cualquier otra persona nuevas formas de explotar y manipular a las personas. Y podría alterar profundamente algunas características humanas fundamentales: la vida mental privada, la capacidad de acción individual y la comprensión de los individuos como entidades limitadas por sus cuerpos.

Es fundamental considerar ahora las posibles ramificaciones.

El Grupo Morningside está formado por neurocientíficos, neurotecnólogos, médicos, especialistas en ética e ingenieros de inteligencia artificial. Incluye representantes de Google y Kernel (una start-up de neurotecnología de Los Ángeles, California); de proyectos internacionales relacionados con el cerebro; y de instituciones académicas y de investigación de Estados Unidos, Canadá, Europa, Israel, China, Japón y Australia. Nos reunimos en un taller patrocinado por la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos en la Universidad de Columbia, Nueva York, en mayo de 2017 para debatir la ética de las neurotecnologías y la inteligencia artificial.

Creemos que las directrices éticas existentes son insuficientes para este ámbito [2]. Entre ellas se incluyen la Declaración de Helsinki, una declaración de principios éticos establecida por primera vez en 1964 para la investigación médica que involucra a sujetos humanos (go.nature.com/2z262ag); el Informe Belmont, una declaración de 1979 elaborada por la Comisión Nacional de los Estados Unidos para la Protección de los Sujetos Humanos de la Investigación Biomédica y del Comportamiento (go.nature.com/2hrezmb); y la declaración de principios de precaución sobre inteligencia artificial (IA) de Asilomar, publicada a principios de este año y firmada por líderes empresariales e investigadores de IA, entre otros (go.nature.com/2ihnqac).

Para empezar a abordar este déficit, aquí presentamos recomendaciones relacionadas con cuatro áreas de preocupación: privacidad y consentimiento; agencia e identidad; aumento de la capacidad; y sesgo. Distintas naciones y personas de distintas religiones, etnias y antecedentes socioeconómicos tendrán diferentes necesidades y perspectivas. Por ello, los gobiernos deben crear sus propios órganos deliberativos para mediar en un debate abierto en el que participen representantes de todos los sectores de la sociedad y para determinar cómo traducir estas directrices en políticas, incluidas leyes y reglamentos específicos.


Inversiones inteligentes

Algunos de los inversores más ricos del mundo apuestan por la interacción entre la neurociencia y la inteligencia artificial. Más de una docena de empresas de todo el mundo, incluidas Kernel y la start-up de Elon Musk, Neuralink, que se lanzó este año, están invirtiendo en la creación de dispositivos que puedan "leer" la actividad cerebral humana y "escribir" información neuronal en el cerebro. Calculamos que el gasto actual en neurotecnología por parte de la industria con fines de lucro ya es de 100 millones de dólares al año y crece rápidamente.

La inversión procedente de otros sectores también es considerable. Desde 2013, más de 500 millones de dólares de fondos federales se han destinado al desarrollo de neurotecnología solo en el marco de la iniciativa BRAIN de Estados Unidos.

Las capacidades actuales ya son impresionantes. Un neurocientífico paralizado por esclerosis lateral amiotrófica (ELA; también conocida como enfermedad de Lou Gehrig o enfermedad de la neurona motora) ha utilizado una BCI para gestionar su laboratorio, redactar solicitudes de subvención y enviar correos electrónicos [3]. Mientras tanto, investigadores de la Universidad Duke en Durham, Carolina del Norte, han demostrado que tres monos con implantes de electrodos pueden funcionar como una "red cerebral" para mover el brazo de un avatar de forma colaborativa [4]. Estos dispositivos pueden funcionar a miles de kilómetros si la señal se transmite de forma inalámbrica a través de Internet.

Pronto se superarán los aparatos tan rudimentarios, que pueden estimular y leer la actividad de unas pocas docenas de neuronas como máximo. A principios de este año, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa (DARPA) de Estados Unidos lanzó un proyecto llamado Diseño de Sistemas de Ingeniería Neural. Su objetivo es obtener la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos dentro de cuatro años para un dispositivo inalámbrico para el cerebro humano que pueda monitorear la actividad cerebral utilizando un millón de electrodos simultáneamente y estimular selectivamente hasta 100.000 neuronas.

Mientras tanto, Google, IBM, Microsoft, Facebook, Apple y numerosas empresas emergentes están construyendo redes neuronales artificiales cada vez más sofisticadas que ya pueden superar a los humanos en tareas con entradas y salidas bien definidas.

El año pasado, por ejemplo, investigadores de la Universidad de Washington en Seattle demostraron que el sistema FaceNet de Google podía reconocer una cara entre un millón de otras. Otro sistema de Google con una arquitectura de red neuronal similar supera con creces a los humanos que han viajado mucho a la hora de adivinar en qué parte del mundo se ha fotografiado una escena callejera, lo que demuestra la generalidad de la técnica. En agosto, Microsoft anunció que, en ciertas métricas, su red neuronal para reconocer el habla conversacional ha igualado las capacidades incluso de los profesionales entrenados, que tienen la opción de rebobinar repetidamente y escuchar las palabras utilizadas en contexto. Y utilizando datos de electroencefalogramas (EEG), investigadores de la Universidad de Friburgo en Alemania mostraron en julio cómo se pueden utilizar las redes neuronales para decodificar la actividad cerebral relacionada con la planificación y así controlar robots [5] .

Las redes neuronales futuras derivadas de una mejor comprensión de cómo funcionan las reales serán casi con toda seguridad mucho más potentes que estos ejemplos. Las redes artificiales que se utilizan actualmente se han inspirado en modelos de circuitos cerebrales que tienen más de 50 años de antigüedad, que se basan en el registro de la actividad de neuronas individuales en animales anestesiados [6]. En los laboratorios de neurociencia actuales, los investigadores pueden monitorear y manipular la actividad de miles de neuronas en animales despiertos y en comportamiento, gracias a los avances en métodos ópticos, computación, ingeniería molecular y microelectrónica.

Ya estamos íntimamente conectados con nuestras máquinas. Los investigadores de Google calcularon este año que el usuario medio toca su teléfono casi un millón de veces al año (datos no publicados). El cerebro humano controla los sistemas auditivo y visual para descifrar sonidos e imágenes, y ordena a las extremidades que sostengan y manipulen nuestros aparatos. Sin embargo, la convergencia de los avances en neurotecnologías e inteligencia artificial ofrecería algo cualitativamente diferente: la conexión directa de los cerebros de las personas con la inteligencia de las máquinas y la elusión de las funciones sensoriomotoras normales del cerebro y el cuerpo.


Cuatro preocupaciones

Para que las neurotecnologías despeguen en los mercados de consumo general, los dispositivos tendrían que ser no invasivos, presentar un riesgo mínimo y requerir mucho menos gasto para su implementación que los procedimientos neuroquirúrgicos actuales. No obstante, incluso ahora, las empresas que están desarrollando dispositivos deben rendir cuentas de sus productos y guiarse por ciertos estándares, mejores prácticas y normas éticas.

Destacamos cuatro áreas de preocupación que exigen una acción inmediata. Aunque planteamos estas cuestiones en el contexto de la neurotecnología, también se aplican a la IA.

1. Privacidad y consentimiento. Ya se puede obtener un nivel extraordinario de información personal a partir de los rastros de datos de las personas. Investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts en Cambridge, por ejemplo, descubrieron en 2015 que el análisis detallado del comportamiento motor de las personas, revelado a través de sus patrones de escritura en el teclado de sus dispositivos personales, podría permitir un diagnóstico más temprano de la enfermedad de Parkinson [7]. Un estudio de 2017 sugiere que las mediciones de patrones de movilidad, como las obtenidas de personas que llevan teléfonos inteligentes durante sus actividades diarias normales, se pueden utilizar para diagnosticar signos tempranos de deterioro cognitivo resultante de la enfermedad de Alzheimer [8].

Los algoritmos que se utilizan para orientar la publicidad, calcular las primas de seguros o emparejar a posibles parejas serán considerablemente más potentes si se basan en información neuronal (por ejemplo, patrones de actividad de las neuronas asociadas a determinados estados de atención). Y los dispositivos neuronales conectados a Internet abren la posibilidad de que individuos u organizaciones (piratas informáticos, corporaciones o agencias gubernamentales) rastreen o incluso manipulen la experiencia mental de un individuo.

Creemos que los ciudadanos deberían tener la capacidad —y el derecho— de mantener privados sus datos neuronales (véase también “Agencia e identidad”). Proponemos las siguientes medidas para garantizarlo.

En el caso de todos los datos neuronales, la opción de no compartirlos debería ser la opción predeterminada y estar protegida con esmero. Las personas renuncian fácilmente a sus derechos de privacidad a favor de proveedores comerciales de servicios, como la navegación por Internet, las redes sociales o el entretenimiento, sin entender del todo a qué están renunciando. Una opción predeterminada de no compartir significaría que los datos neuronales se tratarían de la misma manera que los órganos o los tejidos en la mayoría de los países. Las personas tendrían que optar explícitamente por compartir datos neuronales desde cualquier dispositivo. Esto implicaría un proceso seguro y protegido, incluido un procedimiento de consentimiento que especifique claramente quién utilizará los datos, con qué fines y durante cuánto tiempo.

Incluso con este enfoque, los datos neuronales de muchos usuarios dispuestos a compartirlos, combinados con cantidades masivas de datos no neuronales (de búsquedas en Internet, monitores de actividad física, etc.) podrían utilizarse para extraer conclusiones "suficientemente buenas" sobre las personas que optan por no compartirlos. Para limitar este problema, proponemos que la venta, la transferencia comercial y el uso de los datos neuronales se regulen estrictamente. Esas regulaciones (que también limitarían la posibilidad de que las personas renuncien a sus datos neuronales o de que se escriba actividad neuronal directamente en sus cerebros a cambio de una recompensa económica) pueden ser análogas a la legislación que prohíbe la venta de órganos humanos, como la Ley Nacional de Trasplante de Órganos de los Estados Unidos de 1984.

Otra salvaguardia es restringir el procesamiento centralizado de datos neuronales. Nosotros recomendamos que se utilicen técnicas computacionales, como la privacidad diferencial o el "aprendizaje federado", para proteger la privacidad de los usuarios (véase "Protección de la privacidad"). El uso de otras tecnologías diseñadas específicamente para proteger los datos de las personas también sería de ayuda. Las técnicas basadas en la cadena de bloques, por ejemplo, permiten rastrear y auditar los datos, y los "contratos inteligentes" pueden dar un control transparente sobre cómo se utilizan los datos, sin necesidad de una autoridad centralizada. Por último, los formatos de datos abiertos y el código fuente abierto permitirían una mayor transparencia sobre lo que se mantiene privado y lo que se transmite.

2. Agencia e identidad. Algunas personas que recibieron estimulación cerebral profunda a través de electrodos implantados en el cerebro informaron haber sentido una sensación alterada de agencia e identidad. En un estudio de 2016, un hombre que había usado un estimulador cerebral para tratar su depresión durante siete años informó en un grupo de discusión [9] que comenzó a preguntarse si la forma en que interactuaba con los demás (por ejemplo, si decía algo que, en retrospectiva, pensaba que era inapropiado) se debía al dispositivo, a su depresión o si reflejaba algo más profundo sobre sí mismo. Dijo: “Se desdibuja hasta el punto en que no estoy seguro... francamente, de quién soy”.

Las neurotecnologías podrían claramente alterar el sentido de identidad y de agencia de las personas y sacudir supuestos fundamentales sobre la naturaleza del yo y la responsabilidad personal (legal o moral).

Las personas podrían acabar comportándose de maneras que les resulte difícil asumir como propias si el aprendizaje automático y los dispositivos que interactúan con el cerebro permiten una traducción más rápida entre una intención y una acción, tal vez mediante el uso de una función de "autocompletar" o "autocorrección". Si las personas pueden controlar dispositivos a través de sus pensamientos a grandes distancias, o si varios cerebros están conectados para trabajar en colaboración, nuestra comprensión de quiénes somos y dónde actuamos se verá alterada.

A medida que se desarrollan las neurotecnologías y las corporaciones, los gobiernos y otros comienzan a esforzarse por dotar a las personas de nuevas capacidades, la identidad individual (nuestra integridad física y mental) y la agencia (nuestra capacidad de elegir nuestras acciones) deben protegerse como derechos humanos básicos.

Recomendamos que se incluyan cláusulas que protejan esos derechos (los "neuroderechos") en los tratados internacionales, como la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948. Sin embargo, esto podría no ser suficiente: las declaraciones y leyes internacionales son simplemente acuerdos entre Estados, e incluso la Declaración Universal no es jurídicamente vinculante. Por ello, abogamos por la creación de una convención internacional que defina las acciones prohibidas relacionadas con la neurotecnología y la inteligencia artificial, similar a las prohibiciones enumeradas en la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas de 2010. Un grupo de trabajo asociado de las Naciones Unidas podría revisar el cumplimiento de los Estados signatarios y recomendar sanciones cuando sea necesario.

Esas declaraciones también deben proteger el derecho de las personas a recibir información sobre los posibles efectos cognitivos y emocionales de las neurotecnologías. En la actualidad, los formularios de consentimiento suelen centrarse únicamente en los riesgos físicos de la cirugía, en lugar de en los posibles efectos de un dispositivo sobre el estado de ánimo, la personalidad o la autoestima.

3. Aumento. Las personas con frecuencia sufren prejuicios si su cuerpo o cerebro funcionan de manera diferente a la mayoría [10]. La presión para adoptar neurotecnologías que mejoren la capacidad de resistencia o las capacidades sensoriales o mentales de las personas probablemente cambie las normas sociales, plantee cuestiones de acceso equitativo y genere nuevas formas de discriminación.

Además, es fácil imaginar una carrera armamentística de aumento de poder. En los últimos años, hemos escuchado a personal de DARPA y de la Actividad de Proyectos de Investigación Avanzada de Inteligencia de Estados Unidos discutir planes para proporcionar a soldados y analistas capacidades mentales mejoradas ("agentes superinteligentes"). Estas se utilizarían en situaciones de combate y para descifrar mejor los flujos de datos.

Las líneas divisorias que se tracen serán inevitablemente borrosas, dada la dificultad de predecir qué tecnologías tendrán efectos negativos en la vida humana. Pero instamos a que se establezcan directrices tanto a nivel internacional como nacional para fijar límites a las neurotecnologías de mejora que se pueden implementar y para definir los contextos en los que se pueden utilizar, como está sucediendo con la edición genética en humanos.

En algunas culturas se valora más la privacidad y la individualidad que en otras. Por lo tanto, las decisiones regulatorias deben tomarse en un contexto cultural específico, respetando los derechos universales y las pautas globales. Además, la prohibición total de ciertas tecnologías podría simplemente hacer que pasen a la clandestinidad, por lo que los esfuerzos para establecer leyes y regulaciones específicas deben incluir foros organizados que permitan un debate profundo y abierto.

Esas iniciativas deberían basarse en los numerosos precedentes existentes para crear consenso internacional e incorporar la opinión pública a la adopción de decisiones científicas a nivel nacional [11]. Por ejemplo, después de la Primera Guerra Mundial, una conferencia celebrada en 1925 condujo a la elaboración y ratificación del Protocolo de Ginebra, un tratado que prohíbe el uso de armas químicas y biológicas. De manera similar, después de la Segunda Guerra Mundial, se creó la Comisión de Energía Atómica de las Naciones Unidas para ocuparse del uso de la energía atómica con fines pacíficos y para controlar la proliferación de armas nucleares.

En particular, recomendamos que se regule estrictamente el uso de la tecnología neuronal con fines militares. Por razones obvias, cualquier moratoria debería ser mundial y patrocinada por una comisión dirigida por las Naciones Unidas. Aunque esas comisiones y otras iniciativas similares podrían no resolver todos los problemas relacionados con las mejoras, ofrecen el mejor modelo disponible para reconocer públicamente la necesidad de moderación y de una amplia participación en el desarrollo y la aplicación de una tecnología.

4. Sesgo. Cuando las decisiones científicas o tecnológicas se basan en un conjunto estrecho de conceptos y normas sistémicas, estructurales o sociales, la tecnología resultante puede privilegiar a ciertos grupos y perjudicar a otros. Un estudio de 2015 [12] concluyó que las ofertas de empleo que el algoritmo de publicidad de Google muestra a las usuarias femeninas pagan menos que las que se muestran a los hombres. De manera similar, una investigación de ProPublica reveló el año pasado que los algoritmos utilizados por las agencias de aplicación de la ley de Estados Unidos predicen erróneamente que los acusados ​​negros tienen más probabilidades de reincidir que los acusados ​​blancos con antecedentes penales similares (go.nature.com/29aznyw). Estos sesgos podrían incrustarse en dispositivos neuronales. De hecho, los investigadores que han examinado este tipo de casos han demostrado que definir la justicia de una manera matemáticamente rigurosa es muy difícil (go.nature.com/2ztfjt9).

En la industria y en el mundo académico ya se están debatiendo medidas prácticas para contrarrestar los sesgos en las tecnologías. Estos debates y discusiones públicas permanentes son necesarios para dar forma a las definiciones de sesgos problemáticos y, en términos más generales, de normalidad.

Recomendamos que las contramedidas para combatir los sesgos se conviertan en la norma en el aprendizaje automático. También recomendamos que los posibles grupos de usuarios (especialmente aquellos que ya están marginados) participen en el diseño de algoritmos y dispositivos como otra forma de garantizar que los sesgos se aborden desde las primeras etapas del desarrollo de la tecnología.


Neuroingeniería responsable

En muchas de estas recomendaciones se invoca un llamamiento a los investigadores de la industria y del mundo académico para que asuman las responsabilidades que conlleva el diseño de dispositivos y sistemas capaces de generar ese cambio. Para ello, podrían basarse en los marcos que ya se han elaborado para la innovación responsable.

Además de las directrices mencionadas anteriormente, el Consejo de Investigación en Ingeniería y Ciencias Físicas del Reino Unido, por ejemplo, ofrece un marco para alentar a los innovadores a “anticipar, reflexionar, participar y actuar” de maneras que “promuevan... oportunidades para la ciencia y la innovación que sean socialmente deseables y se lleven a cabo en interés público”. Entre los diversos esfuerzos para abordar esto en la IA, la Asociación de Normas IEEE creó una iniciativa ética global en abril de 2016, con el objetivo de incorporar la ética en el diseño de procesos para todos los sistemas autónomos y de IA.

La historia indica que la búsqueda de beneficios suele prevalecer sobre la responsabilidad social en el mundo empresarial. Y aunque, a nivel individual, la mayoría de los tecnólogos se propongan beneficiar a la humanidad, pueden enfrentarse a complejos dilemas éticos para los que no están preparados. Creemos que se podrían modificar las mentalidades y los fabricantes de dispositivos estarían mejor preparados si se incorporara un código de conducta ético en la industria y en el mundo académico.

Un primer paso hacia este objetivo sería exponer a los ingenieros, otros desarrolladores de tecnología y a los investigadores en formación académica a la ética como parte de su formación estándar al incorporarse a una empresa o laboratorio. Se podría enseñar a los empleados a pensar más profundamente sobre cómo lograr avances y aplicar estrategias que probablemente contribuyan de manera constructiva a la sociedad, en lugar de fracturarla.

Este tipo de enfoque seguiría en esencia el que se utiliza en medicina. A los estudiantes de medicina se les enseña sobre la confidencialidad del paciente, la no causar daño y sus deberes de beneficencia y justicia, y se les exige que presten el juramento hipocrático de adherirse a los más altos estándares de la profesión.

Los posibles beneficios clínicos y sociales de las neurotecnologías son enormes. Para aprovecharlos, debemos orientar su desarrollo de una manera que respete, proteja y permita lo mejor de la humanidad.



REFERENCIAS

[1] Kay, K. N., Naselaris, T., Prenger, R. J. & Gallant, J. L. Nature 452, 352–355 (2008).

[2] Goering, S. & Yuste, R. Cell 167, 882–885 (2016).

[3] Sellers, E. W., Vaughan, T. M. & Wolpaw, J. R. Amyotrophic Lateral Sclerosis 11, 449–455 (2010).

[4] Ramakrishnan, A. et al. Sci. Rep. 5, 10767 (2015).

[5] Burget, F. et al. Preprint at http://arxiv.org/abs/1707.06633 (2017).

[6] Hubel, D. H. & Wiesel, T. N. J. Physiol. (Lond.) 160, 106–154 (1962).

[7] Giancardo, L., Sánchez-Ferro, A., Butterworth, I., Mendoza, C. S. & Hooker, J. M. Sci. Rep. 5, 9678 (2015).

[8] Nieto-Reyes, A., Duque, R., Montana, J. L. & Lage, C. Sensors 17, 1679 (2017).

[9] Klein, E. et al. Brain-Computer Interfaces 3, 140–148 (2016).

[10] Parens, E. Shaping Our Selves: On Technology, Flourishing, and a Habit of Thinking (Oxford Univ. Press, 2014).

[11] Kitcher, P. Science in a Democratic Society (Prometheus, 2011).

[12] Datta, A., Tschantz, M. C. & Datta, A. Proc. Priv. Enhancing Technol. 2015, 92–112 (2015).



* Publicado en Nature, 09.11.17.

"Israel tiene derecho a defenderse" es un eslogan genocida




No faltan los "progresistas" cuyos principios son muy curiosos cuando se trata de Israel. Se los identifica fácilmente porque nunca los escucharás pronunciar las palabras "ocupación", "apartheid" y menos "genocidio".

Ese mismo fenómeno se da entre muchos judíos "progresistas" que viven fuera de Israel. Por supuesto que pronuncian discursos pacifistas, pero hablan de un "conflicto", "guerra", "dos lados" y nunca saldrán de sus labios las palabras malditas:  "ocupación", "apartheid" y "genocidio".

Al final, no son más que sionistas (encubiertos algunos, públicos otros) cuya diferencia con los sionistas derechistas o fascistas es de grado y no de naturaleza. Ese es el caso de Bernie Sanders.


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Según los sionistas liberales, cuando Israel merece nuestra compasión, es un colectivo; pero cuando se porta mal, la responsabilidad recae únicamente sobre una persona malvada: hoy es en Netanyahu


Caitlin Johnstone


Bernie Sanders ha estado pronunciando repetidamente la frase “Israel tiene derecho a defenderse” en su gira “Luchando contra la oligarquía” con Alexandria Ocasio Cortez, lo que en el año 2025 solo puede interpretarse como una flagrante apología del genocidio.

Israel no tiene derecho a defenderse de una población ocupada en un gigantesco campo de concentración. Según el derecho internacional, tiene derecho a poner fin a la ocupación, y punto. «Israel tiene derecho a defenderse» es solo un eslogan que se usa para justificar la continuación de un genocidio.

En un momento de la gira, Sanders observó pasivamente cómo la policía se llevaba a rastras a los asistentes al mitin que, durante su discurso, cubrían con una bandera de Palestina Libre la bandera estadounidense. Continuó su monólogo torpemente mientras les confiscaban la bandera y los retiraban a la fuerza, incluso mientras la multitud abucheaba y finalmente comenzaba a corear "¡Palestina Libre!".

Sanders ha estado mezclando su apoyo a Israel con críticas periódicas a Netanyahu y a las acciones del gobierno israelí en Gaza. Pero, siempre teniendo cuidado de hacer sus críticas sobre el comportamiento del liderazgo actual de Israel y no sobre la naturaleza del estado racista del apartheid en sí.

Sanders hace esto por dos razones. En primer lugar, busca galvanizar una gran coalición inclusiva de demócratas contra Trump, y quiere que esa gran coalición incluya tanto a quienes piensan que el genocidio es malo como a quienes piensan que es aceptable. No quiere ofender a los liberales progenocidio.

En segundo lugar, Sanders actúa así porque él mismo es sionista. Al igual que otros sionistas liberales, Bernie Sanders defiende una visión de un Israel que jamás ha existido: uno que sigue siendo un etnoestado dominado por judíos, pero que se comporta de forma amable y justa, sin asesinar ni abusar constantemente de los palestinos.

Esta versión del Estado de Israel es una ficción. Una fantasía imaginaria, como Narnia. Todo en Israel se opone a la posibilidad de que tal statu quo llegue a surgir, e Israel siempre ha hecho todo lo posible para impedir la creación de un Estado palestino. Al pretender que es posible tener la entidad sionista y también paz y justicia, los sionistas liberales contribuyen a generar el consentimiento público para seguir suministrando armas al genocida Estado de apartheid de Israel.

Cuando los sionistas liberales quieren apoyar las acciones de Israel, hablan de Israel como nación, por ejemplo, "Israel tiene derecho a defenderse". Cuando los sionistas liberales quieren criticar las acciones de Israel, lo centran todo en Netanyahu, por ejemplo, "la maquinaria de guerra de Netanyahu".

El planteamiento es que cuando Israel merece nuestra compasión, es un colectivo, pero cuando se porta mal, la responsabilidad recae únicamente sobre una persona malvada. Esto garantiza que las armas sigan fluyendo hacia Israel (porque Israel, en su conjunto, es virtuoso y merece apoyo), mientras que los sionistas liberales siguen luciendo su ropaje humanitario progresista (porque señalaron con el dedo a Netanyahu).

Y es una mentira absoluta. Netanyahu no creó las tendencias genocidas de Israel; las tendencias genocidas de Israel crearon a Netanyahu. Toda su carrera política ha sido posible gracias al racismo y la psicopatía colectivos de Israel, que lo impulsaron a asumir el cargo.

Esto no es otra cosa que la clásica táctica al estilo Obama de utilizar un lenguaje progresista atractivo para promover las agendas más destructivas del imperio estadounidense.

En otras palabras, son demócratas siendo demócratas.



* Publicado en Caitlin’s Newsletter, 16.04.25.

Cómo los gobernantes de la Edad de Bronce simplemente cancelaron las deudas




Las proclamaciones de borrón y cuenta nueva eran parte de la autoconservación de la comunidad.


Michael Hudson


Ha habido una explosión de discusión sobre si cancelar o no las deudas de los estudiantes [universitarios de EE.UU.]. Los críticos de la idea señalan que las personas ricas serían las principales beneficiarias, lo que representa un riesgo moral. El debate se ha convertido rápidamente en una discusión sobre las economías modernas y si es moral cancelar las deudas de las personas que están en mora, cuando algunas personas han tenido problemas para mantenerse al día con sus pagos.

A los banqueros y a los tenedores de bonos les encanta ese argumento, porque dice: “No canceles las deudas. Haz que todos paguen o alguien obtendrá un viaje gratis”.

Supongamos que Solón hubiera pensado eso en Atenas en el 594 a.C. No se prohíbe la servidumbre por deudas, no hay despegue griego y sigue la oligarquía al estilo Draco.

Supongamos que Hammurabi, los sumerios y otros gobernantes del Cercano Oriente hubieran pensado eso. La mayor parte de la población habría caído en la servidumbre y permanecería allí en lugar de ser liberada y de que les restauraran sus tierras que los hacían autosuficientes. La Edad Oscura habría llegado dos mil años antes.

Mi libro “Y perdónalos por sus deudas”. Préstamos, ejecución hipotecaria y redención desde las finanzas de la Edad de Bronce hasta el año del Jubileo trata sobre los orígenes de la organización económica y empresarial en la Edad del Bronce y cómo dio forma a la Biblia. No se trata de economías modernas. Pero el problema es que la Edad del Bronce y la civilización occidental temprana se formaron de manera tan diferente de lo que hoy pensamos que es lógico y normal, que uno casi tiene que volver a cablear el cerebro para ver cuán diferente era la visión arcaica de la supervivencia económica y la empresa.

Las economías crediticias existieron mucho antes que el dinero y las monedas. Estas economías eran agrícolas. El grano era el principal medio de pago, pero solo se pagaba una vez al año, en el momento de la cosecha. Puedes imaginar lo incómodo que sería llevar grano en el bolsillo y contarlo cada vez que bebes una cerveza.

Sabemos cómo sumerios y babilonios pagaban su cerveza (que bebían con pajitas y que era más limpia que el agua local). La cervecera lo anotaba en la cuenta que llevaba. La cuenta debía pagarse en el momento de la cosecha, en la época en que el grano estaba fresco y agradable. La cervecera luego pagaba al palacio o templo por su anticipo de cerveza al por mayor para que ella la vendiera al por menor durante el año.

Si las cosechas fallaban, o si había una inundación o una sequía o una batalla militar, los cultivadores no podían pagar. Entonces, ¿qué iba a hacer el gobernante? Si él dijera: “Le debes al recaudador de impuestos y no puedes pagar. Ahora tienes que convertirte en su esclavo y dejar que ejecute la hipoteca de tu tierra”.

De repente, habrías tenido una sociedad de esclavos. Los cultivadores no podían servir en el ejército y no podían realizar sus deberes corvée [concepto feudal europeo para designar las obligaciones de trabajo del siervo al señor] para construir infraestructura local.

Para evitar esto, el gobernante simplemente canceló las deudas (la mayoría de las cuales se debían, en última instancia, al palacio y a sus recaudadores). Los cultivadores no tenían que pagar a las cerveceras y las cerveceras no tenían que pagar al palacio.

Todo esto fue detallado en las proclamaciones de la pizarra limpia [anuncios oficiales de perdonazos de las deudas] por los gobernantes de la dinastía de Hammurabi en Babilonia (2000-1600 a.C.) y los reinos vecinos del Cercano Oriente. Reconocieron que había un ciclo de acumulación de deuda, que alcanzaba unos gastos generales impagablemente elevados, seguido de una cancelación para restaurar el statu quo ante en equilibrio.

Este concepto es muy difícil de entender para los occidentales. Sin embargo, estaba en el centro del Antiguo y Nuevo Testamento, en la forma del Año del Jubileo, tomado de las manos de los reyes y colocado en el centro de la religión judaica.

La cancelación de las deudas en Babilonia y otros reinos del Cercano Oriente de la Edad del Bronce habría estado en contra de la forma actual de considerar las deudas: la queja sería de que algunos deudores se estaban beneficiando al ser liberados de las deudas que otras personas habían pagado. En primer lugar, todos los cultivadores se convirtieron en deudores durante la temporada de cultivo, con pagos de diversa índole --desde insumos agrícolas hasta cerveza en la cervecería local-- que se pagaban en el momento de la cosecha. De modo que la anulación de tales deudas benefició a la población en general.

Con respecto a las personas que habían pedido prestado por necesidad, se reconoció que si algunos no podían mantenerse al día, era porque eran pobres o no podían hacerlo. La ayuda mutua se convirtió en el principio de ayuda a las personas enfermas, viudas que perdieron a sus maridos u otros factores que las obligaban a endeudarse. No haber ayudado a tales personas habría privado a la comunidad de su trabajo productivo.

Por curioso que parezca hoy, en los valores morales antiguos está ausente la moderna teoría del “riesgo moral” que enfrenta a los individuos solventes contra los deudores. El punto de referencia era lo que sucedería si a las personas no se les perdonaran sus deudas. ¿Cómo habría afectado esto a la comunidad en su conjunto?

La respuesta es que los deudores incapaces de pagar habrían caído en la servidumbre de su acreedor, trabajando en su tierra y, en última instancia, habrían perdido su propia tierra. Por lo tanto, no estarían disponibles para cultivar sus tierras para pagar impuestos y otras obligaciones al palacio, o para proporcionar mano de obra corvée en obras públicas, o servir en el ejército. Las proclamaciones de borrón y cuenta nueva eran parte de la autoconservación de la comunidad.

Al mismo tiempo el oprobio moral hubiera recaído sobre los acreedores. Hubieran sido culpados por empobrecer a la sociedad en general por su egoísmo. Los griegos llamaban hybris [arrogancia] al amor por el dinero y adicción a la riqueza. Y los gobernantes vieron que la clase de acreedores independientes convertían su riqueza en grandes latifundios creando un poder rival al del palacio. Además de cancelar las deudas contraídas con el palacio, los gobernantes restauraron así la independencia generalizada del pueblo respecto de las grandes familias ricas cuyo interés económico residía en resistirse a los borrones reales. 

Así, las grandes fortunas parecen haber desaparecido en Larsa y Babilonia alrededor de los siglos 18 y 17 a.C. No tenían ningún presidente Obama para defenderlos de la “mafia con horcas”. Hammurabi dijo que estaba sirviendo a Shamash, el dios sol de la justicia. Y Nanshe fue un prototipo de Némesis griega, castigando la arrogancia y la riqueza abusiva, protegiendo a los pobres y necesitados (ya en el tercer milenio en Sumer).

El contexto de los gastos generales de la deuda actual es uno en el que la mayoría de las deudas se deben a bancos del sector privado, tenedores de bonos y otros acreedores. Además, no todos están endeudados, y la sociedad es lo suficientemente rica como para permitirse imponer una pérdida de estatus y autosuficiencia a diversos tipos de deudores. Aún así, hay una lógica en perdonar las deudas de los necesitados (aunque no ocurriría si ello dependiera de los ricos).

Los acreedores argumentan que si perdonan las deudas de una clase de deudores, por ejemplo, préstamos estudiantiles, habrá algunos "oportunistas". Los estudiantes liberados de la deuda se beneficiarán, mientras que los estudiantes que pudieron llevar y pagar sus deudas tuvieron que “cumplir con sus obligaciones”. Se argumenta además que si se perdonan las deudas de los estudiantes (o los préstamos de “hipoteca chatarra” reducidos a valoraciones inmobiliarias justas), la gente esperará que se condonen los préstamos incobrables. Esto se denomina “riesgo moral”, como si las amortizaciones de la deuda fueran un peligro para la economía y, por lo tanto, inmorales.

Este es un ejemplo típico del doble discurso orwelliano diseñado por factótums de relaciones públicas para los tenedores de bonos y bancos. El peligro real para toda economía es la tendencia de las deudas a crecer más allá de la capacidad de pago de los deudores. Si un gran número de estudiantes siguen obligados a pagar los préstamos estudiantiles sin haber obtenido trabajos lo suficientemente buenos para pagarlos, esto les impedirá calificar para una hipoteca para comprar una casa y formar una familia. Muchos estudiantes hoy en día están obligados a seguir viviendo con sus padres y no pueden casarse. El resultado es una austeridad económica cada vez más profunda como consecuencia de los pagos de las deudas.

Mientras tanto, se prevé que los incumplimientos de los préstamos estudiantiles a universidades con fines de lucro aumenten hacia el 40%. ¿Vale la pena decir que para evitar darles un “almuerzo gratis” a estos estudiantes sin recursos, es necesario mantener a una gran parte de la población pobre y soltera?

Los primeros morosos son víctimas de hipotecas basura y deudores estudiantiles, pero, con mucho, las mayores víctimas son países que toman prestado del FMI en programas de “estabilización” monetaria (es decir, desestabilización económica).

Es moral para los acreedores tener que asumir el riesgo (“hazard”) de hacer préstamos incobrables, definidos como aquellos que el deudor no puede pagar sin perder la propiedad, el estatus o caer en la insolvencia. Un mal préstamo internacional a un gobierno es aquel que el gobierno no puede pagar excepto imponiendo austeridad en la economía hasta el punto de que la producción cae, la mano de obra se ve obligada a emigrar para encontrar empleo, la inversión de capital disminuye y los gobiernos se ven obligados a pagar a los acreedores mediante la privatización. y vender el dominio público a los monopolistas.

La analogía en la Babilonia de la Edad del Bronce era una huida de los deudores de la tierra. Hoy, de Grecia a Ucrania, es la inmigración de mano de obra calificada y mano de obra joven para encontrar trabajo en el extranjero.

Ningún deudor, ya sea una clase de deudores como estudiantes o víctimas de hipotecas chatarra depredadoras, o todo un gobierno y la economía nacional, debe verse obligado a emprender el camino del suicidio económico y la autodestrucción para pagar a los acreedores. 

La definición de estado –y por lo tanto, del derecho internacional– debería ser poner la solvencia nacional y la autodeterminación de uno por encima de los ataques financieros extranjeros. Ceder el control financiero debe verse como una forma de guerra, a la que los países tienen el derecho legal de resistir como una "deuda odiosa" según el derecho moral internacional.

El principio financiero moral básico debería ser que los acreedores asuman el riesgo de hacer préstamos incobrables que el deudor no puede pagar, como los préstamos del FMI a Argentina y Grecia. El riesgo moral es que antepongan las demandas de los acreedores a la supervivencia de la economía.



* Publicado en Evonomics, 03.12.18. El texto es una adaptación de ...and forgive them their debts. Lending, Foreclosure and Redemption From Bronze Age Finance to the Jubilee Year. Michael Hudson es presidente del Instituto para el Estudio de las Tendencias Económicas a Largo Plazo (ISLET), analista financiero de Wall Street y profesor Investigador Distinguido de Economía en la Universidad de Missouri.

La ley de linchamiento en Estados Unidos




La tradicional cultura racista estadounidense y su materialización en linchamientos no es una cuestión que sobrevivió hasta el siglo XIX. Tuvo su expresión más brutal en los 4.400 negros linchados entre 1877 y 1950 (no pocos como un espectáculo público que incluía venta de souvenirs y de postales con fotografías de los cuerpos torturados). Práctica tolerada socialmente y, peor aún, por el sistema policial y judicial. Lo más terrible es que la gran mayoría de los linchamientos se produjeron entrado siglo XX, llegando incluso hasta 1968.

Los datos son de la organización estadounidense Iniciativa para una Justicia Igualitaria (EJI, por su nombre en inglés). Así las cosas, no es posible extrañarse de que recientemente surgiera el movimiento “Black Lives Matter” (“La vida de los negros importa”) a raíz de los numerosos asesinatos y agresiones policiales a personas negras en diversos estados de la Unión.


§§§


A partir de 1892, cuando su periódico, Memphis Free Speech, fue destruido, Ida B. Wells fue durante los cuarenta años siguientes la principal opositora a los linchamientos en Estados Unidos. A continuación, se comparte un discurso que pronunció sobre el tema ante un público de Chicago en enero de 1900.


Ida B. Wells


El crimen nacional de nuestro país es el linchamiento. No es algo que ocurre de un momento a otro, ni un estallido repentino de furia descontrolada, ni la brutalidad indescriptible de una turba enloquecida. Representa la deliberación fría y calculadora de personas inteligentes que confiesan abiertamente que existe una “ley no escrita” que les justifica ejecutar a seres humanos sin quejarse bajo juramento, sin juicio por jurado, sin oportunidad de defenderse y sin derecho a apelación

La “ley no escrita” encontró excusa por primera vez en el hombre rudo, rudo y decidido que abandonó los centros civilizados de los estados del este para buscar ganancias rápidas en los yacimientos de oro del lejano Oeste. Siguiendo la incierta búsqueda de una fortuna que siempre les resultaba esquiva, se enfrentaron al salvajismo de los indios [*], a las penurias de los viajes por las montañas y al terror constante de los forajidos de los estados fronterizos.

Naturalmente, toleraban poco a los traidores de sus propias filas. Les bastaba con luchar contra los enemigos de fuera; ¡ay del enemigo de dentro! Lejos de los tribunales de la vida civilizada y sin ninguna protección de ellos, estos buscadores de fortuna hacían leyes para hacer frente a sus diversas emergencias. El ladrón que robaba un caballo, el matón que se aprovechaba de un terreno, eran enemigos comunes. Si lo atrapaban, lo juzgaban de inmediato y, si lo encontraban culpable, lo colgaban del árbol bajo el que se reunía el tribunal.

Eran días de mucha actividad, de gente muy ocupada. No había tiempo para dar al preso una carta de excepción o una suspensión de la ejecución. La única manera de conseguir una suspensión de la ejecución era comportarse bien. El juez Lynch era original en sus métodos, pero sumamente eficaz en sus procedimientos. Formulaba la acusación, convocaba a los jurados y ordenaba la ejecución. Cuando el tribunal suspendía la sesión, el preso estaba muerto. Así pues, la ley del linchamiento prevaleció en el lejano Oeste hasta que la civilización [anglosajona] se extendió a los Territorios y los procesos ordenados de la ley ocuparon su lugar. Al no existir ya la emergencia, el linchamiento desapareció gradualmente del Oeste.

Pero el espíritu de la mafia parecía haberse apoderado de las clases sin ley, y el lúgubre proceso que al principio se invocó para declarar la justicia se convirtió en la excusa para ejecutar la venganza y encubrir el crimen. Apareció después en el Sur, donde siglos de civilización anglosajona habían hecho efectivas todas las salvaguardas del procedimiento judicial. Ninguna emergencia exigía la ley del linchamiento. Afirmó su influencia desafiando la ley y en favor de la anarquía. Allí ha florecido desde entonces, marcando los treinta años de su existencia con la matanza inhumana de más de diez mil hombres, mujeres y niños a balazos, ahogándolos, ahorcándolos y quemándolos vivos. No sólo eso, sino que la fuerza del ejemplo es tan potente que la manía de los linchamientos se ha extendido por todo el Norte y el Medio Oeste. Hoy no es raro leer sobre linchamientos al norte de la línea de Mason y Dixon, y los principales responsables de esta moda señalan con regocijo estos casos y afirman que el Norte no es mejor que el Sur.

Esta es la obra de la “ley no escrita” de la que tanto se habla, y en cuyo nombre la carnicería se convierte en un pasatiempo y se tolera el salvajismo nacional. El primer estatuto de esta “ley no escrita” se redactó con la sangre de miles de hombres valientes que pensaron que un gobierno lo suficientemente bueno como para crear una ciudadanía era lo suficientemente fuerte como para protegerla. Bajo la autoridad de una ley nacional que otorgaba a todos los ciudadanos el derecho a votar, los nuevos ciudadanos optaron por ejercer su sufragio. Pero el reinado de la ley nacional fue efímero e ilusorio. 

Apenas se habían secado las sentencias en los códigos cuando un estado sureño tras otro alzó el grito contra la “dominación negra” y proclamó que existía una “ley no escrita” que justificaba cualquier medio para resistirla.

El método que se puso en marcha fueron los atropellos de las bandas de “camisas rojas” de Luisiana, Carolina del Sur y otros estados del Sur, a los que sucedieron los Ku-Klux Klans. Estos defensores de la “ley no escrita” declararon audazmente su propósito de intimidar, reprimir y anular el derecho de los negros a votar. En apoyo de sus planes, el Ku-Klux Klans, las “camisas rojas” y organizaciones similares procedieron a golpear, exiliar y matar a los negros hasta que se cumplió el propósito de su organización y se hizo efectiva la supremacía de la “ley no escrita”. 

Así comenzaron los linchamientos en el Sur, que se extendieron rápidamente a los diversos estados hasta que se anuló la ley nacional y el reinado de la “ley no escrita” fue supremo. Las bandas de “camisas rojas” sacaron a los hombres de sus hogares y los desnudaron, golpearon y exiliaron; otros fueron asesinados cuando su prominencia política los hizo odiosos a sus oponentes políticos. Mientras que la barbarie del Ku Klux Klux en los días de elecciones, deleitándose en la masacre de miles de votantes de color, proporcionó registros en las investigaciones del Congreso que son una vergüenza para la civilización.

La supuesta amenaza del sufragio universal se evitó con la supresión absoluta del voto negro, por lo que el espíritu de asesinato por parte de la turba debería haberse satisfecho y la carnicería de negros debería haber cesado. Pero hombres, mujeres y niños fueron víctimas de asesinatos por parte de individuos y de asesinatos por parte de la turba, tal como lo habían sido cuando fueron asesinados por exigencias de la “ley no escrita” para impedir la “dominación negra”. 

Se mató a negros por disputar con sus empleadores sobre los términos de los contratos. Si se quemaban algunos graneros, se mataba a algún hombre de color para impedirlo. Si un hombre de color se resentía por la imposición de un hombre blanco y los dos llegaban a las manos, el hombre de color tenía que morir, ya fuera a manos del hombre blanco en ese momento o más tarde a manos de una turba que se reunió rápidamente. Si mostraba un espíritu de hombría valiente, se lo ahorcaba por sus esfuerzos, y el asesinato se justificaba con la declaración de que era un “negro descarado”. Mujeres de color han sido asesinadas porque se negaron a decirle a las turbas dónde podían encontrar a sus familiares para “lincharlos”. Muchachos de catorce años han sido linchados por representantes blancos de la civilización estadounidense. 

De hecho, por todo tipo de delitos –y por ninguno–, desde asesinatos hasta delitos menores, se ejecuta a hombres y mujeres sin juez ni jurado; de modo que, aunque la excusa política ya no era necesaria, el asesinato en masa de seres humanos siguió igual. Se dio un nuevo nombre a los asesinatos y se inventó una nueva excusa para hacerlo.

Una vez más se invoca la ayuda de la “ley no escrita”, y una vez más viene al rescate. Durante los últimos diez años se ha añadido un nuevo estatuto a la “ley no escrita”. Este estatuto proclama que por ciertos delitos o presuntos delitos no se permitirá que ningún negro sea sometido a juicio; que ninguna mujer blanca será obligada a presentar cargos de agresión bajo juramento ni a someter dichos cargos a la investigación de un tribunal de justicia. El resultado es que se ha ejecutado a muchos hombres cuya inocencia se estableció posteriormente; y hoy, bajo este reinado de la “ley no escrita”, ningún hombre de color, sin importar cuál sea su reputación, está a salvo de ser linchado si una mujer blanca, sin importar su posición o motivo, decide acusarlo de insulto o agresión.

Se considera una excusa suficiente y una justificación razonable para condenar a muerte a un prisionero en virtud de esta “ley no escrita” por la acusación frecuentemente repetida de que estos horrores de linchamientos son necesarios para prevenir crímenes contra las mujeres. Se ha apelado al sentimiento del país al describir la condición aislada de las familias blancas en distritos densamente poblados por negros; y se ha hecho la acusación de que estos hogares corren un peligro tan grande como si estuvieran rodeados de bestias salvajes. Y el mundo ha aceptado esta teoría sin trabas ni obstáculos. 

En muchos casos se ha expresado abiertamente que el destino que se le impuso a la víctima era sólo el que se merecía. En muchos otros casos ha habido un silencio que dice con más fuerza que las palabras que es correcto y apropiado que un ser humano sea capturado por una turba y quemado vivo por la acusación no jurada y no corroborada de su acusador. No importa que nuestras leyes presupongan que todo hombre es inocente hasta que se demuestre su culpabilidad; no importa que dejen a cierta clase de individuos completamente a merced de otra clase; no importa que aliente a los criminales a pintarse la cara de negro y a cometer cualquier delito del calendario con tal de arrojar sospechas sobre algún negro, como se hace con frecuencia, y luego conducir a una turba a quitarle la vida; no importa que las turbas conviertan la ley en una farsa y la justicia en una burla; no importa que cientos de muchachos se estén endureciendo en el crimen y se estén educando en el vicio mediante la repetición de tales escenas ante sus ojos: si una mujer blanca se declara insultada o agredida, alguna vida debe pagar la pena, con todos los horrores de la Inquisición española y toda la barbarie de la Edad Media. El mundo observa y dice que está bien.

En este país, no sólo se ejecuta anualmente a doscientos hombres y mujeres, en promedio, a manos de las turbas, sino que estas vidas se eliminan con la mayor publicidad. En muchos casos, los ciudadanos importantes ayudan e incitan con su presencia cuando no participan, y los periódicos más importantes inflaman la opinión pública hasta el punto de provocar linchamientos con artículos que asustan a la gente y ofrecen recompensas. 

Siempre que se anuncia una quema, los ferrocarriles organizan excursiones, se toman fotografías y se disfruta del mismo júbilo que caracterizaba los ahorcamientos públicos de hace cien años. Sin embargo, hay una diferencia: en aquellos viejos tiempos, a la multitud que estaba presente sólo se le permitía abuchear o burlarse. La turba que linchaba en el siglo XIX corta orejas, dedos de las manos y de los pies, despoja de carne y distribuye porciones del cuerpo como recuerdos entre la multitud. Si los líderes de la turba así lo desean, se vierte aceite de carbón sobre el cuerpo y luego se asa a la víctima hasta la muerte. 

Esto se ha hecho en Texarkana y Paris, Texas, en Bardswell, Kentucky, y en Newman, Georgia. En Paris, los agentes de la ley entregaron al prisionero a la multitud. El alcalde dio vacaciones a los niños de la escuela y los ferrocarriles hicieron funcionar trenes de excursión para que la gente pudiera ver a un ser humano quemado vivo. En Texarkana, el año anterior, hombres y niños se divertían cortando tiras de carne y clavando cuchillos en sus víctimas indefensas. En Newman, Georgia, el año en curso, la multitud intentó todas las torturas imaginables para obligar a la víctima a gritar y confesar, antes de prender fuego a los haces de leña que lo quemaron. Pero sus esfuerzos fueron en vano: nunca profirió un grito y no pudieron obligarlo a confesar.

Esta situación sería lo bastante brutal y horrible si fuera cierto que los linchamientos se producen únicamente por la comisión de crímenes contra las mujeres, como lo declaran constantemente ministros, editores, abogados, maestros, estadistas e incluso las propias mujeres. A quienes cometieron los linchamientos les ha interesado ensuciar el buen nombre de las indefensas e indefensas víctimas de su odio. Por esta razón, publican en cada oportunidad posible esta excusa para el linchamiento, con la esperanza no sólo de paliar su propio crimen, sino al mismo tiempo de demostrar que el negro es un monstruo moral e indigno del respeto y la simpatía del mundo civilizado. Pero esta supuesta razón se suma a la injusticia deliberada del trabajo de la turba. En lugar de que los linchamientos sean causados ​​por ataques a mujeres, las estadísticas muestran que ni una tercera parte de las víctimas de linchamientos son siquiera acusadas de tales crímenes. El Chicago Tribune, que publica anualmente estadísticas sobre linchamientos, es una autoridad en lo siguiente:

En 1892, cuando los linchamientos alcanzaron su punto álgido, hubo 241 personas linchadas. La cifra total se reparte entre los siguientes estados:

Alabama……… 22                     Montana………. 4
Arkansas…….. 25                      Nueva York……… 1
California…… 3                         Carolina del Norte… 5
Florida……… 11                         Dakota del Norte….. 1
Georgia……… 17                        Ohio…………. 3
Idaho……….. 8                           Carolina del Sur… 5
Illinois…….. 1                             Tennessee…….. 28
Kansas………. 3                          Texas………… 15
Kentucky…….. 9                        Virginia……… 7
Luisiana……. 29                        Virginia Occidental…. 5
Maryland…….. 1                        Wyoming………. 9
Territorio de Arizona…. 3       Misuri………. 6
Misisipi….. 16                            Oklahoma…… 2

De esta cifra, 160 eran de ascendencia negra. Cuatro de ellos fueron linchados en Nueva York, Ohio y Kansas; el resto fueron asesinados en el Sur. Cinco de ellos eran mujeres. Los cargos por los que fueron linchados abarcan una amplia gama. Son los siguientes:

Violación……………… 46        Intento de violación…… 11
Asesinato……………. 58         Sospecha de robo… 4
Disturbios…………… 3           Hurto…………. 1
Prejuicio racial…….. 6          Defensa propia…….. 1
No se indicó causa…….. 4    Insultos a mujeres…. 2
Incendio………. 6                   Desesperados……… 6
Robo…………… 6                    Fraude…………… 1
Agresión y lesiones… 1         Intento de asesinato…. 2
No se indicó delito, niño y niña………….. 2

En el caso del niño y la niña antes mencionados, su padre, llamado Hastings, fue acusado del asesinato de un hombre blanco. Su hija de catorce años y su hijo de dieciséis fueron ahorcados y sus cuerpos llenos de balas; luego, el padre también fue linchado. Esto ocurrió en noviembre de 1892 en Jonesville, Luisiana.

En efecto, los registros de los últimos veinte años muestran exactamente la misma o una proporción menor de personas acusadas de este horrible crimen. Un buen número de los casos de asaltos que el autor ha investigado personalmente han demostrado que no había fundamentos reales para las acusaciones; sin embargo, no se afirma que no haya verdaderos culpables entre ellos. 

El negro ha estado demasiado tiempo asociado con el hombre blanco como para no haber copiado sus vicios, así como sus virtudes. Pero el negro resiente y repudia por completo los esfuerzos por manchar su buen nombre afirmando que los asaltos a las mujeres son peculiares de su raza. El negro ha sufrido mucho más por la comisión de este crimen contra las mujeres de su raza por parte de hombres blancos de lo que la raza blanca ha sufrido jamás por sus crímenes. Se presta muy poca atención al asunto cuando estas son las circunstancias. Lo que se convierte en un crimen que merece la pena capital cuando se invierten las tornas es una cuestión de poca importancia cuando la mujer negra es la parte acusadora.

Pero como el mundo ha aceptado esta afirmación falsa e injusta, y la carga de la prueba ha recaído sobre el negro para que reivindique su raza, éste está tomando medidas para hacerlo. La Oficina Anti-Linchamiento del Consejo Nacional Afroamericano está organizando la investigación de todos los linchamientos y la publicación de los hechos ante el mundo, como se ha hecho en el caso de Sam Hose, que fue quemado vivo el pasado mes de abril [de 1900] en Newman, Georgia. El informe del detective demostró que Hose mató a Cranford, su empleador, en defensa propia, y que, mientras una turba se organizaba para cazar a Hose para castigarlo por matar a un hombre blanco, no fue hasta veinticuatro horas después del asesinato que circuló la acusación de violación, adornada con imposibilidades psicológicas y físicas. Eso dio un impulso a la caza, y la recompensa de 500 dólares del Atlanta Constitution animó a la turba a quemarlo y asarlo. De quinientos recortes de periódicos sobre ese horrible asunto, el noventa por ciento de ellos asumían la culpabilidad de Hose, simplemente porque así lo dijeron sus asesinos y porque está de moda creer que el negro es particularmente adicto a este tipo de crimen. Todo lo que pide el negro es justicia, un juicio justo e imparcial en los tribunales del país. Si eso se da, aceptará el resultado.

Pero esta cuestión afecta a toda la nación norteamericana, y desde varios puntos de vista: primero, por razones de coherencia. Nuestro lema ha sido “la tierra de los libres y el hogar de los valientes”. Los hombres valientes no se reúnen por miles para torturar y asesinar a un solo individuo, tan amordazado y atado que no puede ofrecer ni siquiera una débil resistencia o defensa. Tampoco los hombres o mujeres valientes se quedan de brazos cruzados viendo que se hacen tales cosas sin remordimientos de conciencia, ni leen sobre ellas sin protestar. Nuestra nación ha sido activa y franca en sus esfuerzos por corregir los errores del cristiano armenio, el judío ruso, el gobernante local irlandés, las mujeres nativas de la India, el exiliado siberiano y el patriota cubano. ¡Seguramente debería ser el deber de la nación corregir sus propios males!

En segundo lugar, por razones económicas. A quienes no se convencen desde ningún otro punto de vista sobre esta cuestión trascendental, no les vendría mal considerar la fase económica. Es de conocimiento general que las turbas de Luisiana, Colorado, Wyoming y otros estados han linchado a súbditos de otros países. Cuando sus diferentes gobiernos exigieron satisfacción, nuestro país se vio obligado a confesar su incapacidad para proteger a dichos súbditos en los distintos estados debido a nuestras doctrinas de derechos estatales, o a exigir a su vez el castigo de los linchadores

Esta confesión, aunque humillante en extremo, no fue satisfactoria; y, aunque Estados Unidos no puede proteger, puede pagar. Así lo ha hecho, y es seguro que tendrá que volver a hacerlo en el caso del reciente linchamiento de italianos en Luisiana. Estados Unidos ya ha pagado en indemnizaciones por linchamiento casi medio millón de dólares, como sigue:

Pagó a China por la masacre de Rock Springs (Wyoming) 147.748,74 dólares.
Pagó a China por los ultrajes cometidos en la Costa del Pacífico 276.619,75.
Pagó a Italia por la masacre de prisioneros italianos en
Nueva Orleans 24.330,90-
Pagó a Italia por los linchamientos de Walsenburg, Col 10.000,00-
Pagó a Gran Bretaña por los ultrajes cometidos contra James Bain y Frederick Dawson 2.800,00.

En tercer lugar, por el honor de la civilización anglosajona. Ningún detractor de nuestra tan alardeada civilización estadounidense podría decir algo más duro de ella que el propio hombre blanco norteamericano, que dice que es incapaz de proteger el honor de sus mujeres sin recurrir a exhibiciones tan brutales, inhumanas y degradantes como las que caracterizan a las “abejas de linchamiento”. Los caníbales de las islas de los mares del Sur asan vivos a seres humanos para saciar su hambre. El indio piel roja de las llanuras occidentales ataba a su prisionero a la hoguera, lo torturaba y bailaba con diabólico júbilo [sic] mientras su víctima se retorcía en las llamas. Su mente salvaje e inculta [sic] no sugería mejor manera que la de vengarse de quienes le habían hecho daño. Esas personas no sabían nada sobre el cristianismo y no profesaban seguir sus enseñanzas; pero las leyes primarias que tenían las respetaban [*]. 

Ninguna nación, salvaje o civilizada, salvo los Estados Unidos de América, ha confesado su incapacidad para proteger a sus mujeres, salvo ahorcando, fusilando y quemando a los presuntos infractores.

Por último, por amor a la patria. Ningún estadounidense viaja al extranjero sin avergonzarse de su país en este sentido. Y cualquiera que sea la excusa que se use en Estados Unidos, de nada sirve en el extranjero. Con todos los poderes del gobierno bajo control; con todas las leyes hechas por hombres blancos, administradas por jueces, jurados, fiscales y alguaciles blancos; con todos los cargos del departamento ejecutivo ocupados por hombres blancos, no se puede ofrecer ninguna excusa para cambiar la administración ordenada de justicia por linchamientos bárbaros y “leyes no escritas”. 

Nuestro país debe ser colocado rápidamente por encima del plano de confesar que ha fracasado en su autogobierno. Esto no puede suceder hasta que los estadounidenses de todos los sectores, del más amplio patriotismo y de la mejor y más sabia ciudadanía, no sólo vean el defecto en la armadura de nuestro país, sino que tomen las medidas necesarias para remediarlo. Aunque los linchamientos han aumentado en número y en barbarie durante los últimos veinte años [1880-1900], no ha habido ningún esfuerzo de las numerosas fuerzas morales y filantrópicas del país para poner fin a esta matanza generalizada. De hecho, el silencio y la aparente condonación se hacen más marcados a medida que pasan los años.

Hace unos meses, la conciencia de este país se estremeció cuando, tras un proceso de dos semanas, un tribunal judicial francés declaró culpable al capitán Dreyfus. Y, sin embargo, en nuestro propio país y bajo nuestra propia bandera, el autor puede dar datos y detalles de mil hombres, mujeres y niños que durante los últimos seis años fueron ejecutados sin juicio ante ningún tribunal del mundo. Humillante, en verdad, pero del todo incontestable, fue la respuesta de la prensa francesa a nuestra protesta: “Detengan sus linchamientos en casa antes de enviar sus protestas al extranjero”.


NOTA DEL BLOG:

[*] Como se ve y se verá más adelante, la denuncia de Wells sobre los linchamientos de negros, horripilante expresión del racismo, no era obstáculo para que la autora muestre su racismo en contra de los nativos norteamericanos... En eso era tan estadounidense como sus conciudadanos blancos.



* Publicado en Black Past, 13.04.10.

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