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Preguntas para el presidente de la República




"...formado una vez el pacto con el fuerte,
ya es eterna la obligación del débil"
Simón Bolívar


A estas alturas no debería ser sorpresa para nadie esa singular compulsión que, desde mediados del siglo XX, tiene nuestra derecha por Estados Unidos. Debilidad que deja fuera de juego a su sobrevaloración de la "chilenidad" y a su usurpación del "patriotismo" como su exclusiva y excluyente propiedad privada [1].

Esta vez lo demostró el presidente Kast que, asumiendo la tradición de su sector, adhirió a Chile a esa servil asociación de títeres de derecha y ultraderecha llamada "Escudo de las Américas". Como se sabe que Kast es una especie de analfabeto funcional, de poquísimas luces además, cabe la duda si leyó lo que firmó o si lo entendió (o, al menos, si lo leyeron o entendieron sus asesores). Ese impúdico servilismo ya se conoce de sobra en Latinoamérica, el tema es que hoy Kast ha puesto de rodillas a todo el país ante la peor expresión del Imperialismo estadounidense: la presidencia de Trump y su "Doctrina Donroe" (Donald + Monroe) [2].

Si la derecha se diera la molestia de leer, cosa que dudamos con mayor razón de que esté dentro de las actividades o pasatiempos de Kast, ya sabría de las múltiples advertencias de Simón Bolívar, entre las de otros próceres e intelectuales latinoamericanos y chilenos, sobre la política de Estados Unidos sobre su "patio trasero".

De practicar ese hoy añejo hábito de leer, se sabría que el presidente republicano William Taft señalaba en 1912: "El hemisferio [el continente americano] todo nos pertenecerá, como de hecho, ya nos pertenece moralmente, por la virtud de la superioridad de nuestra raza". Como asimismo, se sabría la obviedad que a estas alturas son las declaraciones de Philip Agee, fallecido exagente de la CIA, sobre la relación de Washington con sus vecinos al sur del río Grande:
Los intereses de Estados Unidos están definidos como el acceso sin obstáculos a los recursos naturales, a la mano de obra y a los mercados de terceros países (...) Países como los de América Latina son los que garantizan la prosperidad de Estados Unidos.
Curiosamente, todavía hay gente que no es capaz de relacionar el que los estadounidenses le digan "América" a su país, con la frase resumen de la Doctrina Monroe y hoy de la Donroe: "América para los americanos". No es otra cosa que la "eterna obligación del débil" de la cual nos prevenía El Libertador [3].


§§§


Daniel Matamala


I.    Al anunciar su adhesión al Escudo de las Américas, usted la presentó como una simple “coordinación contra el crimen organizado”. Sin embargo, el Departamento de Estado de EE.UU. publicó un comunicado, con firma de Chile, en que adoptamos una serie de compromisos en ámbitos económicos, militares y diplomáticos.

¿Por qué los chilenos tuvieron que enterarse por otro país, y no por Chile, de lo que usted había firmado? ¿Quién redactó ese documento? ¿Tuvo Chile alguna injerencia, o se limitó a firmar un texto listo? Es más: ¿leyó al menos usted lo que decía? ¿Ignoraba su contenido, o lo ocultó intencionalmente a la opinión pública?

II.    El comunicado se titula “Declaración conjunta sobre la defensa de la soberanía hemisférica”.

¿Qué es la “soberanía hemisférica”? ¿Por qué Chile adopta ese término cuando Estados Unidos ha declarado oficialmente una “Doctrina Donroe” que cataloga al hemisferio como su “patio trasero”? ¿Por qué Chile acepta otra soberanía distinta a la de nuestra propia patria, la única que usted, como jefe de Estado, ha jurado defender?

III.    El comunicado incluye una serie de compromisos lesivos a los intereses económicos de Chile, que se compromete a 1) “explorar mecanismos de examen de inversiones”, 2) “promover normativas sobre proveedores de confianza para la infraestructura digital”, y 3) “salvaguardar las cadenas de suministro de minerales críticos”.

Sabemos que eso significa 1) excluir inversiones de otros países, en especial China, en áreas sensibles, 2) vetar a proveedores como China, y 3) entregar acceso privilegiado a esos minerales a EE.UU.

Los puntos 1) y 2) ya se pusieron en práctica contra Chile, con el veto estadounidense al proyecto de “cable chino”, y el 3) con la presión para asegurar nuestros minerales críticos.

Presidente, ¿qué gana Chile al someterse a la vigilancia de una potencia extranjera sobre qué inversiones podemos aceptar y cuáles no? ¿Para qué queremos nosotros “salvaguardar las cadenas de suministro” de un país específico, en vez de hacer negocios con quien más nos convenga? ¿Sabe usted que EE.UU. considera “minerales críticos” no solo a las tierras raras, sino también al cobre y el litio, y que por lo tanto usted está comprometiendo nuestra autonomía para definir cómo aprovechar nuestras dos mayores riquezas?

IV.    Usted aseguró enfáticamente que “no estamos hablando de operaciones militares”. ¿Olvidó, presidente, que cuando los convocó a su club, en marzo, Trump les dijo que “debemos desatar el poder de nuestros ejércitos. Tenemos que usar nuestro Ejército. Tienes que usar tu Ejército”?

Se lo dijo en su cara tres veces, presidente. ¿No entendió?

Entonces Trump también advirtió que “Estados Unidos entrenará y movilizará las fuerzas militares de naciones aliadas para lograr las más efectivas fuerzas de combate”.

¿Por qué usted metió a Chile en un grupo creado con esos fines? ¿Cuando Trump le pida que cumpla lo que ya le advirtió tres veces, se atreverá usted a decirle que nuestras fuerzas armadas no están para ser “entrenadas y movilizadas” por una potencia extranjera? ¿O le temblará la mano, como le ha temblado cada vez que ha sido desafiado, ni siquiera por Trump, sino apenas por su embajador en Chile?

V.    Siguiendo las instrucciones de Trump, Chile y los demás gobiernos del “patio trasero”, declararon a 24 organizaciones criminales como “narcoterroristas”. En su discurso ante la ONU, Trump reconoció que “designé a los carteles de drogas como organizaciones terroristas foráneas para usar las fuerzas armadas y eliminarlas” y que “los carteles son el ISIS del Hemisferio Occidental”.

Ya sabemos qué significa eso en la práctica. Estados Unidos ha asesinado a al menos 234 civiles en 70 ataques en alta mar, en el Caribe y el Pacífico, acusándolos de ser narcotraficantes y, por lo tanto, terroristas, sin entregar ninguna evidencia de ello.

Presidente, ¿se da cuenta de que está apoyando asesinatos extrajudiciales que violan el derecho internacional? ¿Qué hará si el Comando Sur asesina a tripulantes chilenos, tal como ya lo ha hecho con mexicanos, colombianos, venezolanos y ecuatorianos? ¿Se encogerá de hombros? ¿Festejará la muerte de compatriotas?

VI.    También sabemos que esa operación “Lanza del Sur” fue el prólogo del ataque militar que permitió a Trump apoderarse del petróleo venezolano, mientras su pueblo sigue padeciendo la misma dictadura corrupta y criminal, solo que ahora sin Nicolás Maduro a la cabeza.

Presidente, usted (con toda razón) denunciaba duramente a esa dictadura e incluso exigió que Chile rompiera toda relación con ella. Ahora, sin embargo, se reunió entre sonrisas con la dictadora encargada, Delcy Rodríguez, alabó su trabajo, y prometió restablecer relaciones diplomáticas con ese régimen.

¿Por qué, presidente, la dictadura venezolana ya no es tan mala? ¿Ahora que Trump se robó el petróleo, ya no importan la falta de elecciones libres ni la represión a los opositores?

VII.    En agosto, el autodenominado “secretario de Guerra” Pete Hegseth, notificó a los miembros del Escudo de las Américas que “esperamos una inversión sustancial y que aumenten sus recursos destinados a la defensa”. Y los (nos) amenazó directamente, diciendo que “el presidente Trump no tolera a quienes se aprovechan sin aportar. Esto no es un juego”.

En los días siguientes, tanto Perú como Argentina anunciaron compras de F-16 estadounidenses. Este jueves, dos días después de la adhesión al Escudo, Chile anunció que reemplazará sus aviones F-5. Es una decisión estratégica y económica crucial, con costos que pueden superar los 3.000 millones de dólares.

En este contexto, presidente Kast, ¿tiene autonomía Chile para tomar la decisión que más nos convenga? ¿O también en este punto obedecemos las órdenes de Washington?

VIII.    En su discurso ante la ONU, usted habló en términos muy elocuentes de los graves efectos de la guerra de Irán sobre nuestra economía. Sin embargo, no escuché, presidente, mención alguna a quién y cómo inició la guerra y la mantiene hasta hoy.

Es más: cuando Trump atacó a Irán en febrero, usted lo respaldó. Siete meses y un “bencinazo” después, ¿sigue apoyando esta guerra cuyos graves efectos sobre los chilenos usted mismo describió en la ONU?

En resumen, la pregunta más importante es simple. ¿Dónde, presidente, se decide nuestra política exterior? ¿En su oficina de La Moneda, o en un club de golf de Florida?


NOTA DEL BLOG:

[1] Eso sí, ese supuesto amor a Chile se limita a los símbolos patrios, a las tradiciones huasas de un idealizado latifundio y a ser un incondicional fans club de los uniformados de derecha y de los violadores de derechos humanos... nunca de Prats, Schneider, Michel Nash o Guillermo Schmidt, entre otros que se pueden recordar.

[2] Para ser justos, firmar tratados con los que Chile pierde soberanía y pone en jaque sus intereses, sin informar debidamente a la ciudadanía, sin un debate generalizado e informado y menos dando la oportunidad de que se vote en un plebiscito, no es una cuestión de este desgobierno: recuérdense los TLC firmados por los gobiernos concertacionistas y el TPP-11 firmado por Boric. 

[3] Las citas de esta introducción se extrajeron del libro (de acceso abierto) Imperios liberales. Estados Unidos y Francia, en cuyo primer capítulo se trata en extenso el imperialismo de la Unión.





* Publicado en La Tercera, 26.09.26.

No, los millonarios no se van del país si les subes los impuestos




¿Qué les ocurre realmente a los súper ricos cuando los estados y los municipios les aumentan los impuestos? ¿Se cumple el simplón y reduccionista "enfoque económico" expresado esta vez en la teoría de la "competencia fiscal"?


Cristóbal Young


Cada vez que un estado propone un impuesto a los millonarios, alguien predice su éxodo.

En 2004, Nueva Jersey adoptó un nuevo tramo impositivo para ingresos millonarios. Los críticos advirtieron de inmediato que los residentes adinerados se marcharían. Desde entonces, predicciones similares han acompañado casi todas las propuestas para aumentar los impuestos a los que más ganan. Cuando California debatió un impuesto a los millonarios, los opositores argumentaron que "no hay nada más fácil de transportar que un millonario y su dinero". Cuando Oregón consideró una medida similar, el fundador de Nike, Phil Knight, advirtió de una "espiral mortal" en la que "miles de nuestros residentes más exitosos abandonarán el estado". Durante la campaña para la alcaldía de la ciudad de Nueva York en 2025, el multimillonario de fondos de cobertura Bill Ackman advirtió que los residentes adinerados huirían si Zohran Mamdani ganaba y lograba aumentar el recargo del impuesto sobre la renta de la ciudad de Nueva York para ingresos superiores a un millón de dólares en dos puntos porcentuales.

Estas advertencias son importantes. En los lugares donde se grava a los ricos, los contribuyentes de altos ingresos generan una gran parte de los ingresos estatales y locales, lo que los convierte en residentes valiosos. Pero los impuestos a los ricos también les dan un motivo para marcharse. Si un número suficiente lo hace, los gobiernos pueden enfrentarse a déficits presupuestarios y a la presión de recortar servicios.

Los tipos impositivos máximos en la ciudad de Nueva York y California son ahora entre 13 y 14 puntos porcentuales más altos que en Florida y Texas. Las familias adineradas tienen mucha libertad para elegir dónde vivir. Pueden permitirse mudarse. Contratan a contables y asesores financieros que saben exactamente dónde los impuestos son más bajos. Si alguien debería beneficiarse de los incentivos fiscales, deberían ser ellos.

Esta intuición constituye la base de la teoría económica clásica de la competencia fiscal. Si las familias adineradas pueden trasladarse a jurisdicciones con impuestos más bajos, los estados que aumenten los impuestos a los contribuyentes de mayores ingresos perderán residentes e ingresos. Los impuestos a los millonarios se vuelven contraproducentes, reduciendo la base impositiva que se pretendía recaudar. Los gobiernos acabarán aprendiendo la lección: no hay que gravar a los ricos. Con el tiempo, la competencia por los residentes adinerados empuja las tasas impositivas a la baja de forma constante, en una carrera hacia la reducción de impuestos.

El problema es que la carrera hacia el abismo nunca llegó.

Llevo casi 20 años estudiando la fuga de capitales de millonarios. Mis colegas y yo hemos analizado las reformas fiscales para millonarios en Nueva Jersey y California, décadas de registros del IRS [Internal Revenue Service; servicio de impuestos internos de la Unión] que rastrean dónde viven realmente los estadounidenses con ingresos millonarios, la migración de los multimillonarios de Forbes y, más recientemente, los efectos de la reforma fiscal de Trump de 2017 y la pandemia de COVID-19. La imagen popular del "millonario móvil", que busca constantemente el lugar con los impuestos más bajos, se desmorona al examinarla detenidamente. Quienes más ganan suelen viajar, pero rara vez cambian de residencia. Con mayor frecuencia, están profundamente arraigados —y son figuras influyentes— en los lugares donde construyeron sus carreras y negocios y criaron a sus familias. No es tan fácil abandonar este tipo de relaciones.

La migración en Estados Unidos se concentra entre los jóvenes y las personas con dificultades económicas, no entre los ricos. Aproximadamente el 4,5% de los trabajadores con bajos salarios —aquellos que ganan menos de 10.000 dólares— se mudan cada año, a menudo en busca de empleo o vivienda asequible. Los millonarios se mudan a un ritmo que ronda la mitad, apenas un 2,4% anual. No buscan su lugar en el mundo económico; ya lo han encontrado.

La migración es, sobre todo, cosa de jóvenes. Los recién graduados universitarios se mudan entre estados a un ritmo superior al 12% anual, aproximadamente cinco veces mayor que el de los millonarios. Pero su migración disminuye rápidamente: cuando alcanzan sus años de mayores ingresos, los graduados universitarios presentan las mismas bajas tasas de migración que la mayoría de los estadounidenses. Esto tiene una gran importancia: la gente suele decidir dónde establecerse décadas antes de alcanzar los tramos impositivos más altos.

Esto no significa que los impuestos sean irrelevantes. Cuando los millonarios se mudan —lo cual es raro—, es más probable que se trasladen a estados con impuestos más bajos que a estados con impuestos más altos. En los datos de declaraciones de impuestos que examino, que abarcan aproximadamente desde 1999 hasta 2023, alrededor del 47% de las mudanzas de millonarios fueron a estados con impuestos sobre la renta más bajos que los estados que dejaron. Pero un tercio fueron a estados con impuestos sobre la renta más altos, mientras que otro 21% fueron entre estados con tasas impositivas prácticamente iguales. Estas mudanzas claramente no pueden explicarse por la evasión fiscal. Las personas se mudan por trabajo, familia, jubilación, clima y un sinfín de otras razones. LeBron James [estrella estadounidense de la NBA], por ejemplo, prácticamente duplicó su factura de impuestos estatales cuando se mudó de Ohio donde jugaba en los Cavs a California donde se integró a los Lakers.

Nueva York ilustra el mismo punto. Florida es el destino más común para quienes se mudan desde Nueva York. Pero entre el 1% más rico de los neoyorquinos, los destinos más comunes son Connecticut, Nueva Jersey y California, estados que aplican impuestos a los millonarios. Los neoyorquinos más ricos no se mudan simplemente al estado con los impuestos más bajos. Muchos se trasladan dentro de la misma región profesional de alto costo y altos impuestos. Estas mudanzas no se deben realmente a los impuestos.

La prueba más contundente de que los impuestos influyen en la migración proviene de Florida. Atrae a millonarios de prácticamente todos los estados del país, sobre todo de estados con altos impuestos como Nueva York y Nueva Jersey, pero también de estados con bajos impuestos como Texas y Tennessee. Los únicos estados que no pierden al menos algunos millonarios a favor de Florida son Arizona y Carolina del Sur, otros dos importantes destinos para la jubilación.

Florida también ilustra las limitaciones de la teoría de la fuga fiscal. Nueve estados de EE.UU. no aplican impuesto sobre la renta, pero Florida es el único que atrae de forma constante a inmigrantes adinerados de todo el país. Si los impuestos fueran el principal motor, cabría esperar que Texas, Nuevo Hampshire, Tennessee y los demás estados sin impuestos atrajeran flujos similares de millonarios. Sin embargo, no es así. De hecho, cada uno de esos estados experimenta una pérdida neta de millonarios a favor de Florida. El éxito de Florida refleja un conjunto más amplio de ventajas, como el clima, las comunidades para jubilados y un estilo de vida privilegiado. Incluso el caso más claro de migración motivada por impuestos en el país debe gran parte de su atractivo, aunque no todo, a factores distintos a los impuestos.

En conjunto, la tendencia es clara, pero limitada. Los millonarios que se mudan tienen más probabilidades de trasladarse a estados con impuestos más bajos que a estados con impuestos más altos: 47% frente a 32%. Esta diferencia de 15 puntos ofrece una medida aproximada del exceso neto de movimiento hacia lugares con impuestos más bajos. Un análisis más técnico apunta en la misma dirección, sugiriendo que aproximadamente uno de cada siete traslados de millonarios se debe a motivaciones fiscales.

Pero se trata de uno de cada siete millonarios que se mudan, no de uno de cada siete millonarios. Los millonarios rara vez se mudan. Si combinamos la modesta ventaja fiscal de quienes se mudan con la baja tasa general de migración de millonarios, la migración motivada por impuestos se convierte en una pequeña porción de una porción pequeña: el 0,3% de la población millonaria se muda por motivos fiscales cada año. No es cero, pero dista mucho del éxodo que a menudo se describe en los debates políticos.


¿Por qué los millonarios no tienen mayor movilidad?

El problema con la teoría de la competencia fiscal es que confunde la libertad de movimiento con la voluntad de mudarse. La mayoría de los millonarios son personas trabajadoras adineradas que han alcanzado el éxito en la última etapa de su carrera. Para cuando llegan a los tramos impositivos más altos, ya cuentan con una trayectoria profesional, negocios, reputación, colegas, colaboradores y redes de contactos consolidadas. Gran parte de lo que sustenta su vida no los acompañaría. Su éxito en un lugar hace que otros resulten menos atractivos. En otros sitios, serían menos conocidos, tendrían menos contactos y ocuparían un lugar menos relevante.

La teoría de la competencia fiscal considera a las personas y sus salarios como algo fácilmente transferible, ignorando cómo el lugar influye en el éxito. Ciudades como Nueva York, Boston y Silicon Valley concentran talento, capital, información, clientes, inversores, empleados y oportunidades de una manera excepcionalmente productiva. Un neoyorquino adinerado puede mudarse a Florida y reducir su factura fiscal. Pero para alguien que ya ocupa una posición de poder dentro de la industria, trasladar sus inversiones a otro lugar suele significar renunciar a su lugar en la mesa.


Una carrera hacia el abismo que falta

Quienes critican las políticas fiscales de Nueva York y California suelen centrarse en la competencia de Texas y Florida. Sin embargo, la realidad es que los estados compiten principalmente con sus vecinos más cercanos. La mayoría de las mudanzas interestatales, incluso entre millonarios, son traslados relativamente cortos a estados vecinos.

Una predicción clave del fenómeno de la fuga de capitales no es solo que algunos hogares adinerados se marchen, sino que otros estados se beneficiarán de su partida. Si Nueva Jersey adopta un impuesto a los millonarios que ahuyenta a los residentes ricos, los estados vecinos obtienen esos contribuyentes sin coste alguno. En este sentido, la competencia fiscal es un juego de suma cero: la pérdida de un estado se convierte en la ganancia de otro.

En 2004, Nueva Jersey adoptó el primer impuesto moderno a los millonarios del país, que incrementó la tasa máxima en 2,4 puntos porcentuales, ligeramente más que la propuesta de Mamdani. Cinco años después, los votantes eligieron a Chris Christie tras una campaña marcada por un intenso debate sobre el impuesto. Sin embargo, este impuesto sobre los millonarios se mantuvo vigente y, con el tiempo, se amplió. Lejos de ser un ejemplo aleccionador, Nueva Jersey se convirtió en un modelo que los estados vecinos siguieron cada vez más.

Washington D.C. adoptó un nuevo tramo impositivo para personas de altos ingresos en 2008. Nueva York y Connecticut aumentaron los impuestos a las personas con mayores ingresos en 2009. Los votantes de Massachusetts aprobaron un recargo fiscal para millonarios en 2022. Maryland creó nuevos tramos impositivos superiores en 2025, y Maine pronto hizo lo propio con su impuesto a los millonarios.

La costa oeste siguió un camino similar. California promulgó un impuesto a los millonarios en 2004, lo amplió mediante un referéndum estatal en 2012 y lo hizo permanente en 2016. Los votantes de Oregón aprobaron un impuesto a los millonarios en 2010. El estado de Washington, conocido desde hace mucho tiempo por no tener ningún impuesto sobre la renta, adoptó un impuesto sobre las ganancias de capital de altos ingresos en 2021 y promulgó un impuesto a los millonarios en 2026.

Esto no es una carrera hacia el abismo. Es una historia de difusión de políticas. Estado tras estado tuvo la oportunidad de observar las consecuencias de los impuestos a los millonarios en jurisdicciones vecinas. Si un gran número de ricos hubiera huido, los estados cercanos se habrían beneficiado de las pérdidas de sus vecinos, atrayendo a contribuyentes exiliados. En cambio, esperaron, observaron y la mayoría concluyó que los impuestos a los millonarios eran algo digno de imitar. En lugar de aprovecharse de la competencia fiscal, otros estados se dieron cuenta de que estaban perdiendo ingresos provenientes de los impuestos a los millonarios.

La lección política es impactante. La predicción era: "Impón impuestos a los ricos y se irán". La realidad se acercó más a: "Impón impuestos a los ricos y tus vecinos te imitarán".


Cuando ocurrió la fuga de impuestos

Dos acontecimientos recientes demostraron por qué los ricos generalmente se quedan donde forjaron sus carreras, y qué se necesita para que cambien de opinión y busquen mejores oportunidades.

La primera fue la reforma fiscal de Trump de 2017, que limitó la deducción federal por impuestos estatales y locales. Para los contribuyentes de mayores ingresos en lugares como Nueva York y California, esto representó un aumento considerable de impuestos, y el dinero recaudado se destinó a financiar recortes de impuestos para millonarios en otros estados. Muchos analistas, incluidos los gobernadores de Nueva York y California, predijeron un caos fiscal debido a la fuga de millonarios. Un artículo de opinión del Wall Street Journal, ampliamente difundido y titulado «Adiós, California. Adiós, Nueva York», predijo que 800.000 personas al año abandonarían estos estados.

Mi colega y yo utilizamos declaraciones de impuestos anonimizadas del IRS para rastrear a todos los contribuyentes millonarios del país durante dos años, antes y después de la reforma. El éxodo nunca se materializó. La emigración desde estados con altos impuestos no aumentó en absoluto. Estábamos a punto de presentar los resultados como un hallazgo nulo cuando algo cambió drásticamente. Llegó la pandemia, y con ella, la fuga de millonarios para evadir impuestos.

La pandemia provocó un profundo impacto en la cohesión social. Los lugares de trabajo quedaron vacíos, y el acceso a los edificios de oficinas en las principales ciudades se redujo casi un 90%. Los servicios locales cerraron y aumentó el tiempo que los niños pasaban solos. Las escuelas cerraron, interrumpiendo las relaciones de los niños con sus profesores y compañeros. Para muchas familias, el cierre de las escuelas también eliminó uno de los mayores obstáculos para mudarse: sacar a los niños del colegio. Para muchos hogares, la pandemia creó una extraña forma de libertad: la oportunidad de replantearse dónde vivir y trabajar, especialmente para las personas con mayores ingresos que podían trabajar a distancia desde casi cualquier lugar.

Al perder muchos de los lazos que afianzan a las personas en un lugar, los que más ganan abandonaron los estados con altos impuestos en cifras históricamente elevadas y optaron desproporcionadamente por destinos con impuestos más bajos. Así pues, la fuga de millonarios se produjo a mayor escala durante un período relativamente breve, pero se necesitó una fuerza mayor que la mera imposición de impuestos para desplazar a las personas de sus hogares de toda la vida.

Las diferencias impositivas entre estados generan incentivos financieros reales para mudarse. Sin embargo, en circunstancias normales, estos incentivos compiten con las carreras profesionales, las amistades, las escuelas, las relaciones comerciales y los lazos comunitarios arraigados en lugares específicos. Para la mayoría de los hogares acomodados, el ahorro fiscal por sí solo no basta para superar estos vínculos.

Durante la pandemia, muchos de esos vínculos se debilitaron simultáneamente. Los incentivos financieros para mudarse siempre habían existido, pero de repente cobraron mayor importancia porque había menos lazos que unían a las personas con un lugar. Sin embargo, el efecto resultó ser temporal. A medida que la pandemia remitió y se retomaron los patrones normales de trabajo y vida social, la migración de millonarios volvió a acercarse a su nivel prepandémico. Para 2023, las tasas de migración se habían normalizado en gran medida.


Lo que la ciudad debería hacer en su lugar

Todos los estados y ciudades desean más contribuyentes de alto poder adquisitivo. Muchos suponen que la forma de conseguirlos es manteniendo bajos los impuestos a los ricos. Pero en tiempos normales, los hogares adinerados son mucho menos móviles de lo que imaginan los legisladores. Muchos estados renuncian hoy a ingresos sustanciales con la esperanza de flujos migratorios que nunca se materializan.

Las ciudades deberían centrarse menos en atraer millonarios y más en cultivar y retener a jóvenes con alta formación académica. Los recién graduados universitarios se encuentran entre las personas con mayor movilidad del país. Son la cantera de los millonarios y los principales contribuyentes de 2045. Estos jóvenes trabajadores no eligen dónde vivir en función de los impuestos que pagan quienes están en la cima. Buscan lugares donde puedan pagar el alquiler, encontrar un buen trabajo, tener una vida social, conocer a una pareja y, con el tiempo, formar una familia. Si alcanzan sus mayores aspiraciones económicas, algún día pagarán los impuestos más altos. Por ahora, necesitan tener acceso a oportunidades básicas. Pronto necesitarán guarderías asequibles y buenas escuelas.

Una ciudad que satisface esas necesidades crea su propia cantera de futuros profesionales de alto poder adquisitivo. La clave para retener a los ricos en Nueva York no reside en mimar a los millonarios de hoy, sino en asegurar que quienes se esfuerzan por progresar puedan permitirse quedarse.



* Publicado en Vital City, 10.06.26. Cristóbal Young es profesor asociado del Departamento de Sociología en la Universidad de Cornell.

"Estados Unidos y Francia no son en absoluto un modelo democrático"


Tarjeta postal firmada por Right (c. 1910) que representa como niños a Marianne y al Tío Sam, personificaciones de Francia y Estados Unidos respectivamente.


El antropólogo Andrés Monares habló con El Desconcierto sobre su nuevo libro, Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia, repasando las raíces religiosas de ambos proyectos, el mito de la "democracia ejemplar" estadounidense, la polémica Françafrique, y otras aristas de estas potencias.


Gino Stock


Estados Unidos y Francia son considerados por muchas personas como los mayores parámetros de la democracia, y se suele citar como procesos fundacionales de la misma a la independencia del país norteamericano y a la Revolución gala de 1789. Pero, a la luz de los últimos dos siglos y fracción, lo que hemos visto es el desarrollo de dos imperios, en el más clásico de los sentidos, al alero de los ideales liberales. Una aparente paradoja —o esquizofrenia—, que profundiza el antropólogo Andrés Monares en su nuevo libro Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia, de acceso abierto y gratuito.

Monares —funcionario y profesor del Área de Estudios Transversales en Humanidades para las Ingenierías y Ciencias (ETHICS), de la Escuela de Ingeniería y Ciencias de la Universidad de Chile— conversó con El Desconcierto sobre las raíces religiosas del proyecto imperial de ambos países, sus mutaciones hacia el neocolonialismo actual y una alternativa cultural proveniente desde el pensamiento latinoamericano: el Buen Vivir de los pueblos originarios latinoamericanos.


El hilo conductor de dos imperios

-¿Cuál es el hilo conductor detrás de Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia?

-El hilo conductor son los imperios. Hace tiempo quería contar esta historia y se dio la oportunidad. Los latinoamericanos tenemos mucha cercanía con Estados Unidos y creemos conocerlo bien. Hoy, con Trump, hay un fenómeno curioso: la gente cree que vino a romper una democracia perfecta e imitable, y eso no es así.

Con Francia ocurre algo distinto: al no ser africanos, tenemos poca historia en común con ese país. Recordamos la fraternidad, la libertad, la Revolución, la cocina y el cine francés. Pero Francia hace en África lo mismo que Estados Unidos ha hecho en Latinoamérica: promueve golpes de Estado, envía paracaidistas, entrena torturadores y explota económicamente a sus excolonias del continente. Era importante entender que el fenómeno imperial no es cosa del pasado: sigue vigente, y el proyecto liberal siempre se ha apoyado en el proyecto imperial de ambos países y, de hecho, lo ha impulsado. En ambos casos liberalismo e imperialismo son dos caras de una misma moneda o proyecto: el título del libro no es metafórico, es totalmente descriptivo.


Las raíces religiosas del proyecto imperial

-Ese colonialismo mutó, pero no desapareció. ¿Cuáles son las características más determinantes del imperialismo actual de Estados Unidos y Francia?

-Hay un centro del cual parto —y está latamente expuesto en Reforma e Ilustración y Oikonomía. Economía Moderna. Economías, dos de mis libros anteriores— que es la modernidad: un proyecto anglosajón reformado o calvinista que tuvo mucha repercusión en Francia. Solemos asociar la Ilustración a los filósofos franceses, pero se tiende a pasar por alto e incluso olvidar que en siglo XVIII aquellos eran grandes admiradores de los ingleses del siglo XVII. De tal modo que, desde su perspectiva, a Newton o a Locke no se les corrige ni se les busca el error: se les aplica. De la misma opinión era  Kant en Prusia.

Cuando uno revisa los textos originales de Newton, lo que está haciendo, con la gravedad, es demostrar el gobierno absoluto de Dios sobre el mundo natural. Eso está escrito, no es una interpretación mía: hay que leer el "Escolio General" de los Principios Matemáticos de la Filosofía Natural. Los filósofos morales tomaron esa idea y objetivo. Locke traslada esa visión de un mundo mecánico y predeterminado al estudio de la humanidad: así como Dios establece las leyes para que los planetas no choquen, en el mundo humano establece la razón como una tendencia natural/providencial a buscar lo útil, es decir, todo aquello que procura comodidad.

Ese mecanismo predeterminado pasa a Francia, donde triunfa una mirada de fondo calvinista y, más tarde, la razón como manifestación divina que guía a los seres humanos, algo que se ve muy claro en Rousseau. Esa estructura, que termina justificando el racismo, el clasismo, el imperialismo y el colonialismo, se instala primero en Inglaterra —aunque, gracias a Hitler, el mundo ha olvidado su maldad; y, asimismo, habría que sumar a los holandeses en Indonesia, a los belgas en el Congo y a Francia en el África subsahariana—. Es una estructura imperial que busca "el progreso" y "elevar a las razas inferiores", con justificantes en la religión y en las ideas de la Ilustración y en su continuación: la modernidad.

-¿Cómo se pasa del imperialismo de ocupación al neocolonialismo de presiones?

-Trump retoma el canal de Panamá y amenaza a Holanda [1]; Francia mueve hilos en Níger y en Mali, países que recientemente han tomado distancia de su exmetrópoli. Pareciera que ya no es tan respetable invadir, pero eso puede cambiar en cualquier momento: ahí tenemos a Venezuela agredida por Trump y convertida en su protectorado, y el respaldo de la Unión Europea y Estados Unidos a la invasión de Gaza y al genocidio que lleva adelante Israel desde 2023  a la fecha.

(Aunque en cuanto a que pareciera que ya no es respetable invadir naciones, lo que estamos viendo en Gaza y Líbano nos indica que no hay problema cuando el invasor es el correcto y el invadido da lo mismo o se lo merece. Se ha hecho evidente que, para la "comunidad internacional", una cosa es Israel cometiendo un genocidio en Gaza y otra muy distinta es Rusia atacando a Ucrania).


Estados Unidos, la democracia que no fue

-Mucha gente cree que Estados Unidos siempre ha sido una democracia ejemplar y que Trump estaría rompiendo ese esquema. ¿Cómo describiría lo que ha sido este país en sus más de doscientos años de historia?

-Este año se celebraron los 250 años de Estados Unidos como república. A diferencia de lo que dicen algunos historiadores —que sitúan el inicio de la fase imperialista en 1898, con la guerra contra España—, lo que expongo en el libro es que el proyecto imperial parte y tempranamente, por ejemplo, ya Jefferson, uno de los llamados "padres fundadores" de la Unión y su tercer presidente, proponía que debían ser un "imperio de la Libertad" (¡Y lo decía alguien que tenía esclavos!): se extendería desde el Atlántico al Pacífico y estaba llamado a ser el más grande y glorioso "desde la Creación hasta hoy".

Antes de 1776, Estados Unidos invadía naciones independientes —las distintas tribus nativas—, con expolio de tierras y con lo que desde el siglo XX se conoce como genocidio. Es también un proyecto religioso: los puritanos huyen de la corrupta Europa para instalar una nueva Jerusalén en el desierto, una "casa en la colina" que debía ser un gran ejemplo para el resto del mundo. Recomiendo revisar los discursos de toma de posesión de cualquier presidente —por ejemplo en este siglo el de Trump y también el de Biden [2]— para ver cómo esa retórica religiosa de los colonos puritanos sigue presente.

-¿En qué se sostiene esa idea de "democracia ejemplar"?

En varias cosas que nos afectan directamente. No tengo problema en decir que somos una colonia cultural estadounidense: por ejemplo ahora hasta se transmite el Super Bowl en Chile, y eso también tiene que ver con una cuestión racista de nuestros modelos, que siempre fueron anglosajones. Entonces, el nacionalismo patriotero estadounidense construye y difunde una idea mitológica de su sistema sociopolítico como una "democracia ideal". Luego, ellos y nosotros la asumimos como historia real; y, allá y fuera de sus fronteras, cual modelo a seguir.

Un ejemplo concreto: los estadounidenses dicen que la Guerra de Secesión se hizo para liberar a los negros, y así se ha mostrado en múltiples películas. Pero, si uno revisa las citas de Abraham Lincoln o del Congreso de dicho época, fue una guerra de Secesión —los Estados Confederados se quería separar de la Unión—, no una guerra de liberación de los esclavos. Lincoln era abolicionista, pero también segregacionista: pensaba que los negros no debían vivir en Estados Unidos.

Basta ir más atrás, a la Declaración de Independencia, donde se dice que los seres humanos fueron creados por Dios para ser libres y felices: la firman 56 varones latifundistas blancos que tenían esclavos o que no cuestionaban dicha institución. Los negros pudieron votar recién a fines de los años sesenta del siglo XX; las mujeres blancas votaron antes que las mujeres negras. Hoy vemos una cacería de latinos: nadie persigue en las calles de Estados Unidos a los suecos, persiguen a los latinos.

Además, es una democracia con un proyecto imperial de 1776 a la fecha. De los cuantiosos ejemplos que se exponen en el libro (que no es una recopilación sistemática de todos ellos), baste recordar que el presidente Woodrow Wilson abogaba, después de la Primera Guerra Mundial, por la autodeterminación de las naciones europeas, al mismo tiempo envía a los marines a Centroamérica una y otra vez a invadir países. Hay excepciones —Franklin D. Roosevelt ayudando a Lázaro Cárdenas en México, la Alianza para el Progreso de John F. Kennedy—, pero no podemos convertir las excepciones en la norma.


Françafrique: la hipocresía del faro europeo

-¿Y en el caso de Francia? ¿Cómo se explica esa doble cara: un país que habla de medioambiente, libertad e igualdad, y que a la vez sostiene una presencia colonial en África?

-Con Estados Unidos hay una propaganda muy eficaz: se consume muchísimo cine estadounidense y no siempre vemos los mensajes que conllevan. En Spider-Man 1, cuando el protagonista dice que "un gran poder conlleva una gran responsabilidad", termina con una gran bandera estadounidense de fondo. O el caso de Día de la Independencia, donde Estados Unidos "une al mundo y lo libera" un 4 de julio.

Con Francia el vínculo es distinto. En el siglo XIX, nuestra aristocracia decía —entre snob y dejando ver su complejo de inferioridad—  "ver París y morir": cuando conocías el techo de la civilización podías dejar este mundo tranquilo. El lenguaje, la diplomacia, la cocina y la moda francesas eran la cúspide de la humanidad. Francia ala fecha parece un país democrático y moderno que integró a árabes y a sus excolonias africanas, y tiene un ambiente crítico más abierto y menos represivo que Estados Unidos. Pero, como no somos africanos, Francia no se nos "cayó encima" a nosotros como sí a los africanos.

El concepto de Françafrique [3] tiene que ver justamente con eso: el general Charles de Gaulle, terminada la Segunda Guerra Mundial, entiende que ya no se puede sostener el imperio francés con presencia militar, y el vínculo gira hacia lo económico. El mismo día en que se libera París hay una masacre de unos 40.000 argelinos en Sétif. Entonces, al recordar este y otros casos es cuando uno se pregunta qué se estaba liberando exactamente en 1944 y si Francia estaba recuperando su libertad y su democracia o asegurando igualmente su imperio.

Francia termina dando la independencia a sus colonias porque el imperio ya no era sostenible —pierde militarmente en Indochina, hoy Vietnam, y en Argelia—, pero a sus excolonias africanas las amarra con tratados: dependencia armamentística, financiamiento condicionado a comprar productos franceses, y una relación activa con mafias y élites colonizadas que le permite mantener dictaduras afines/corruptas. Mientras, empresas como la ELF se coluden con élites nativas afines/corruptas para exprimir a sus excolonias convertidas en satélites capturadas en una lógica clientelar. El fin del imperio de asentamiento tiene su continuidad en el neocolonialismo de la Françafrique.


El Buen Vivir, una alternativa desde los pueblos originarios

-Después de este recorrido crítico, ¿qué le gustaría que se llevaran los lectores de Imperios Liberales?

-Primero, remarcar que es un libro de acceso abierto, se puede descargar gratis en PDF y ePub: es un proyecto de ETHICS, de la Escuela de Ingeniería y Ciencias de la Universidad de Chile, donde hago clases, con una línea editorial que busca acercar la lectura a la gente (un deber como universidad pública y, al mismo tiempo, una apuesta arriesgada en un país donde un alto porcentaje de personas no comprenden lo que leen).

Segundo, entender que hay temas que parecen difíciles o lejanos, pero la información está disponible, y que la lectura no puede abandonarse: ni la televisión, ni TikTok reemplazan a un buen libro sobre el mismo tema. Y, en términos más puntuales, entender qué es una lectura crítica: ser crítico no es encontrar todo mal, sino asumir que los fenómenos sociales admiten múltiples miradas, y desconfiar de quien reduce un fenómeno sociocultural a una sola variable.

Necesitamos reconsiderar nuestros modelos: Estados Unidos y Francia no son en absoluto un ejemplo de convivencia democrática y social, ni tampoco internacional. La pregunta es si, después de todo este tiempo, vamos a seguir mirando hacia proyectos externos —construidos, además, contra el Sur Global— para buscar ahí nuestras soluciones o modelos.

-Usted habla en el libro de una alternativa latinoamericanista: el Buen Vivir de los pueblos originarios. ¿En qué consiste esa perspectiva?

-Quiero aclarar que no se trata de una xenofobia ideológica contra el mundo moderno: hay cosas que me fascinan, como la libertad de conciencia o ciertas estructuras democráticas. Tampoco quiero idealizar el mundo indígena, que hoy está de moda, casi como si ser mapuche o aimara fuera la solución a todo.

Dicho eso, la sociedad americana tiene al menos entre 25.000 y 30.000 años, desde que los primeros grupos humanos cruzan por Beringia, con formas de organización sociopolítica distintas a las occidentales. Si no hubieran llegado los invasores españoles, por así decirlo, quizás hoy en Chile seríamos incas, con un Estado en cierto sentido benefactor, relaciones socioeconómicas ligadas al parentesco y una cultura cotidiana de respeto y resguardo de la naturaleza, entre otras posibilidades que surgen de la milenaria tradición andina.

Ahí está el Buen Vivir andino: la idea de mantener una existencia comunitaria armónica, donde esa comunidad incluye a los antepasados, los espíritus, la naturaleza y los seres humanos. En todo caso, esa idea de convivencia buena se puede encontrar también en otros pueblos indígenas de Sudamérica: entre los mapuches, guaraníes, pueblos amazónicos, etc.

Yo no creo en la Pachamama ni en que mis antepasados siguen presentes social y espiritualmente, pero me parece que esos pueblos lograron construir, en sus culturas, en la vida cotidiana, una forma de convivencia armónica. Más allá de los conflictos internos y con otros grupos, era una idea deseable y que se intentaba recrear en la vida cotidiana institucionalmente (no era un deseo de individuos aislados o marginales).

Eso sí, hay que decirlo con cuidado: a la fecha el Buen Vivir ha sido, sobre todo, una discusión de intelectuales blancos o mestizos, más que de las propias comunidades indígenas. No estoy desmereciendo ese esfuerzo, pero también hay que aclararlo.

-¿Qué lugar le da a esa alternativa frente al proyecto liberal occidental?

-Como mestizo, ideológicamente al menos, creo que el siglo XX nos enseñó que ni el totalitarismo estatal ni el libre mercado bastan como soluciones. Tenemos que buscar otro camino y convencernos de que no existen recetas únicas, sino proyectos que pueden construirse desde distintos lugares y con la efectiva participación de las personas.

Insisto en que no quiero satanizar la modernidad, que tiene cosas muy interesantes, ni idealizar el mundo indígena. Pero creo que el Buen Vivir andino, mapuche y amazónico sí tuvo logros sociales tangibles, mucho más concretos que la promesa de "libertad, igualdad y fraternidad" francesa o la idea estadounidense de hombres creados libres por su dios para ser felices.


"No hay nada de heroico en los imperios"

-Para cerrar, ¿cómo resumiría la idea central del libro?

-Que no hay nada de heroico en los imperios. Todas esas películas de héroes blancos que luchan contra "salvajes" o gente malvada que los atacan son, en realidad, películas de invasores enfrentando a combatientes que quieren liberar su nación, su pueblo, su patria. Ahí no hay nada heroico: detrás de la historia contada desde la civilizada perspectiva occidental se esconden crímenes terribles: expolios descarados, desplazamientos forzados, campos de concentración, torturas y asesinatos masivos, eliminación de culturas.

Eso es el imperialismo, y el liberalismo que lo acompaña lo reproduce y lo necesita. No tiene nada de liberador para los pueblos sometidos. Y todo eso sigue vivo, ahora a través del neocolonialismo: en África o en Asia Occidental (cuyo nombre imperial perdura y domina: Medio Oriente) no hay ningún problema en bombardear —ya no llevan tropas, porque sale muy caro—, pero ahí están Afganistán e Irak: Estados Unidos no aprende y lo sigue haciendo. Lo mismo Francia, pero a menor escala.


NOTAS DEL BLOG:

[1] Debiera decir Groenlandia, a pesar de que, como se expone en el libro, una ley estadounidense contiene un artículo que señala la posibilidad de invadir La Haya si se detiene y juzga a algún nacional o aliado [léase israelíes]: se trata de "'Ley de Protección de los Militares Estadounidenses' presentada por George Bush hijo, en 2002, la cual contiene una 'cláusula de invasión de La Haya', por la cual, como señala Human Rights Watch, se 'autoriza el uso de la fuerza militar para liberar a cualquier estadounidense o ciudadano de un país aliado de Estados Unidos que se encuentre detenido por la Corte, que tiene su sede en La Haya'" (p. 83).

[2] Dejamos una selección de los discursos de Barak Obama (segundo periodo), Donald Trump (primer periodo) y Joe Biden; y el del segundo período de Trump.

[3] Como se señala en el libro, el concepto Françafrique hace referencia a una "actitud francesa, si no cuestionable, a lo menos sospechosa o derechamente mafiosa, para mantener su dominio y la dependencia africana (...). Se trata de la conjunción de una estrategia geopolítica y de negociados (...). Se explica, entonces, el término Françafrique por su guiño fonético a 'fric', que en francés significa dinero en efectivo, el cual se extrae de África para dirigirlo a la metrópoli" (p.: 237).





* Publicado en El Desconcierto, 25.07.26. El presente texto fue revisado para agregar algunos pocos tópicos o énfasis que Gino Stock dejó fuera de la redacción final publicada.


⇨ También puedes acceder al podcast "Andrés Monares comenta su libro Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia", una conversación publicada por Radio Nuevo Mundo (17.06.26) entre la periodista Bárbara Figueroa y el autor.

Imperialismo woke


Tire Nichols en el suelo luego de ser golpeado por cinco policías negros el 07.01.23 en Memphis, Tennessee. 


La cultura del despertar (woke), desprovista de conciencia de clase y de compromiso de apoyar a los oprimidos, es otra herramienta en el arsenal del estado imperial de EE.UU.


Chris Hedges


El brutal asesinato de Tire Nichols por parte de cinco policías negros de Memphis debería ser suficiente para hacer estallar la fantasía de que la política de identidad y la diversidad resolverán la decadencia social, económica y política que acosa a Estados Unidos. No solo los ex oficiales son negros, sino que el departamento de policía de la ciudad está dirigido por Cerelyn Davis, una mujer negra. Nada de esto ayudó a Nichols, otra víctima de un linchamiento policial moderno.

Los militaristas, corporativistas, oligarcas, políticos, académicos y conglomerados de medios defienden la política de identidad y la diversidad porque no hace nada para abordar las injusticias sistémicas o el flagelo de la guerra permanente que azota a los EE.UU. 

Es un truco publicitario, una marca, utilizada para enmascarar el aumento la desigualdad social y la locura imperial. Ocupa a los liberales y educados con un activismo boutique, que no solo es ineficaz sino que exacerba la división entre los privilegiados y una clase trabajadora en profundas dificultades económicas. Los que tienen regañan a los que no tienen por sus malos modales, racismo, insensibilidad lingüística y estridencias, mientras ignoran las causas fundamentales de su angustia económica. Los oligarcas no podrían estar más felices.

¿Mejoraron las vidas de los nativos americanos como resultado de la legislación que ordenaba la asimilación y la revocación de los títulos de propiedad tribales impulsada por Charles Curtis, el primer vicepresidente nativo americano? ¿Estamos mejor con Clarence Thomas, que se opone a la acción afirmativa, en la Corte Suprema, o con Victoria Nuland, un halcón de guerra en el Departamento de Estado? Es nuestra perpetuación de la guerra permanente más aceptable porque Lloyd Austin, un afroamericano, es el Secretario de Defensa? ¿Es el ejército más humano porque acepta soldados transgénero? ¿Se mejora la desigualdad social y el estado de vigilancia que la controla porque Sundar Pichai, que nació en India, es el director ejecutivo de Google y Alphabet? ¿Ha mejorado la industria de las armas porque Kathy J. Warden, una mujer, es la directora ejecutiva de Northop Grumman, y otra mujer, Phebe Novakovic, es la directora ejecutiva de General Dynamics? ¿Están mejor las familias trabajadoras con Janet Yellen, quien promueve el aumento del desempleo y la “inseguridad laboral” para reducir la inflación, como Secretaria del Tesoro? ¿Se mejora la industria del cine cuando una directora, Kathryn Bigelow, hace “Zero Dark Thirty”, que es una campaña de propaganda para la CIA ? Eche un vistazo a este anuncio de reclutamiento publicado por la CIA. Resume lo absurdo de dónde hemos terminado.

Los regímenes coloniales encuentran líderes indígenas obedientes —“Papa Doc” François Duvalier en Haití , Anastasio Somoza en Nicaragua, Mobutu Sese Seko en el Congo, Mohammad Reza Pahlavi en Irán— dispuestos a hacer el trabajo sucio mientras explotan y saquean los países que controlan. Para frustrar las aspiraciones populares de justicia, las fuerzas policiales coloniales llevaron a cabo rutinariamente atrocidades en nombre de los opresores. 

Los luchadores indígenas por la libertad que luchan en apoyo de los pobres y los marginados suelen ser expulsados ​​del poder o asesinados, como fue el caso del líder independentista congoleño Patrice Lumumba y el presidente chileno Salvador Allende. Asesinan a tiros al jefe lakota Toro Sentado por miembros de su propia tribu, que sirvieron en la fuerza policial de la reserva en Standing Rock. Si estás con los oprimidos, casi siempre terminarás siendo tratado como oprimido. 

Por eso el FBI, junto con la policía de Chicago, asesinó a Fred Hampton y estuvo casi seguro involucrado en el asesinato de Malcolm X, quien se refería a los barrios urbanos empobrecidos como “colonias internas”. Las fuerzas policiales militarizadas en los EE.UU. funcionan como ejércitos de ocupación. Los policías que mataron a Tire Nichols no son diferentes de los de las fuerzas policiales coloniales y de reserva.

Vivimos bajo una especie de colonialismo corporativo. Los motores de la supremacía blanca, que construyeron las formas de racismo institucional y económico que mantienen pobres a los pobres, se oscurecen detrás de atractivas personalidades políticas como Barack Obama, a quien Cornel West llamó “una mascota negra de Wall Street”. Estos rostros de la diversidad son examinados y seleccionados por la clase dominante. Obama fue preparado y promovido por la maquinaria política de Chicago, una de las más sucias y corruptas del país.

“Es un insulto a los movimientos organizados de personas que estas instituciones dicen querer incluir”, me dijo Glen Ford, el difunto editor de The Black Agenda Report en 2018. “Estas instituciones escriben el guión. Es su drama. Ellos eligen a los actores, cualquier cara negra, marrón, amarilla o roja que quieran”.

Ford llamó a quienes promueven la política de identidad “representacionalistas” que “quieren ver a algunos negros representados en todos los sectores de liderazgo, en todos los sectores de la sociedad. Quieren científicos negros. Quieren estrellas de cine negras. Quieren académicos negros en Harvard. Quieren negros en Wall Street. Pero es solo representación. Eso es todo."

El costo cobrado por el capitalismo corporativo a las personas que estos "representacionalistas" afirman representar expone la estafa. Los afroamericanos han perdido el 40 por ciento de su riqueza desde el colapso financiero de 2008 por el impacto desproporcionado de la caída del valor de la vivienda, los préstamos abusivos, las ejecuciones hipotecarias y la pérdida de empleos. Tienen la segunda tasa más alta de pobreza con un 21,7 por ciento, después de los nativos americanos con un 25,9 por ciento, seguidos por los hispanos con un 17,6 por ciento y los blancos con un 9,5 por ciento, según la Oficina del Censo de EE.UU. y el Departamento de Salud y Servicios Humanos. A partir de 2021, los niños negros y nativos americanos vivían en pobreza con 28 y 25 por ciento respectivamente, seguido por niños hispanos con 25 por ciento y niños blancos con 10 por ciento. Casi el 40 por ciento de las personas sin hogar del país son afroamericanos, aunque los negros representan alrededor del 14 por ciento de nuestra población. Esta cifra no incluye a las personas que viven en viviendas deterioradas, hacinadas o con familiares o amigos debido a dificultades económicas. Los afroamericanos son encarcelados a una tasa casi cinco veces mayor que la de los blancos.

La política de identidad y la diversidad permiten a los liberales revolcarse en una superioridad moral empalagosa mientras castigan, censuran y descalifican a quienes no se ajustan lingüísticamente al discurso políticamente correcto. Son los nuevos jacobinos. 

Este juego disfraza su pasividad ante el abuso empresarial, el neoliberalismo, la guerra permanente y el cercenamiento de las libertades civiles. No se enfrentan a las instituciones que orquestan la injusticia social y económica. Buscan hacer más aceptable a la clase dominante. Con el apoyo del Partido Demócrata, los medios liberales, la academia y las plataformas de redes sociales de Silicon Valley, satanizan a las víctimas del golpe de Estado corporativo y desindustrialización. Hacen sus principales alianzas políticas con aquellos que abrazan la política de identidad, ya sea que estén en Wall Street o en el Pentágono. Son los idiotas útiles de la clase multimillonaria, cruzados morales que amplían las divisiones dentro de la sociedad que los oligarcas gobernantes fomentan para mantener el control.

La diversidad es importante. Pero la diversidad, cuando carece de una agenda política que luche contra el opresor en nombre de los oprimidos, es un escaparate. Se trata de incorporar a un minúsculo segmento de los marginados de la sociedad en estructuras injustas para perpetuarlos.

Una clase que enseñé en una prisión de máxima seguridad en Nueva Jersey escribió “Caged”, una obra de teatro sobre sus vidas. La obra se presentó durante casi un mes en The Passage Theatre en Trenton, Nueva Jersey, donde se agotaron casi todas las noches. Posteriormente fue publicado por Haymarket Books. Los 28 estudiantes de la clase insistieron en que el oficial penitenciario de la historia no fuera blanco. Eso fue demasiado fácil, dijeron. Esa fue una finta que permite a la gente simplificar y enmascarar el aparato opresivo de los bancos, las corporaciones, la policía, los tribunales y el sistema penitenciario, todos los cuales hacen contrataciones de diversidad. Estos sistemas de explotación y opresión internas deben ser atacados y desmantelados, sin importar a quién empleen.

Mi libro, Nuestra Clase: trauma y Transformación en una Prisión Estadounidense, utiliza la experiencia de escribir la obra para contar las historias de mis alumnos y transmitir su comprensión profunda de las fuerzas e instituciones represivas dispuestas contra ellos, sus familias y sus comunidades. Puede ver mi entrevista en dos partes con Hugh Hamilton sobre Nuestra clase aquí y aquí.

La última obra de August Wilson , “Radio Golf”, predijo hacia dónde se dirigían las políticas de diversidad e identidad desprovistas de conciencia de clase. En la obra, Harmond Wilks, un desarrollador de bienes raíces educado en la Ivy League, está a punto de lanzar su campaña para convertirse en el primer alcalde negro de Pittsburgh. Su esposa, Mame, aspira a convertirse en la secretaria de prensa del gobernador. Wilks, navegando por el universo de privilegios, tratos comerciales, búsqueda de estatus y el juego de golf del club de campo del hombre blanco, debe desinfectar y negar su identidad. Roosevelt Hicks, quien había sido compañero de habitación de Wilk en la universidad de Cornell y es vicepresidente de Mellon Bank, es su socio comercial. Sterling Johnson, cuyo vecindario Wilks y Hicks están presionando para que la ciudad se declare arruinada para poder demolerla para su proyecto de desarrollo multimillonario, le dice a Hicks:
"¿Sabes lo que eres? Me llevo un rato resolverlo. Eres un negro. Los blancos se confundirán y te llamarán negro, pero no saben como yo sé. Sé la verdad. soy un negro Los negros son lo peor en la creación de Dios. Los negros tienen estilo. Los negros tienen ceguera. Un perro sabe que es un perro. Un gato sabe que es un gato. Pero un negro no sabe que es negro. Cree que es un hombre blanco."
Terribles fuerzas depredadoras están carcomiendo el país. Los corporativistas, militaristas y políticos mandarines que les sirven son el enemigo. No es nuestro trabajo hacerlos más atractivos, sino destruirlos. Hay entre nosotros auténticos luchadores por la libertad de todas las etnias y orígenes cuya integridad no les permite servir al sistema de totalitarismo invertido que ha destruido nuestra democracia, empobrecido a la nación y perpetuado guerras interminables.

La diversidad cuando sirve a los oprimidos es una ventaja, pero una estafa cuando sirve a los opresores.


Meme ironizando sobre el gobierno de Joe Biden.



* Publicado en Scheerpost, 05.02.23. Chris Hedges es un periodista y ganador del Premio Pulitzer que se desempeñó como corresponsal del The New York Times y fue Jefe de la Oficina de Oriente Medio y de los Balcanes del periódico.

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