Venta libros "Oikonomía" y "Reforma e Ilustración"




Oikonomía. Economía Moderna. Economías
Oferta sólo venta directa: $ 12.000.- (IVA incluido)

2da. edición - Ediciones ONG Werquehue - 2020
ISBN: 978-956-402-214-7
516 pp. / 16x23 cm. / Encuadernación rústica con solapas

Acerca de la economía, en su doble condición de disciplina "científica" y actividad capitalista de mercado, es posible preguntarse: ¿por qué el lucro (ni siquiera la ganancia) cobró mayor relevancia que el trabajo y la producción?, ¿por qué se le considera una 'ciencia' al modo de las ciencias naturales?, ¿por qué la política terminó siendo puesta a su servicio?, ¿ha sido o es el único sistema de sustento viable, correcto, eficiente o benigno?, ¿es un mero sistema técnico o una proyecto que contiene una cultura con sus ideas, moral e instituciones?
Este libro busca contestar las preguntas antedichas desde una perspectiva crítica, que pone en tela de juicio a la "ciencia económica" y al capitalismo de mercado desde la revisión de sus relaciones con lo ético, religioso, cultural, social, filosófico, político e histórico. Para ello se recurre a una mirada transdisciplinaria que busca romper los rígidos límites y el reduccionismo de la economía dominante, en un momento donde urge una revisión de la economía y de lo económico.

Patrocinaron este libro: 
- Federación de Sindicatos del Holding Heineken CCU
- Caritas Chile
- Magíster en Gestión Cultural de la Universidad de Chile
- Magíster en Desarrollo a Escala Humana y Economía Ecológica de la Universidad Austral de Chile
- Escuela de Ingeniería y Ciencias de la Universidad de Chile

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Reforma e Ilustración. Los teólogos que construyeron la Modernidad
Oferta sólo venta directa: $ 12.000.- (IVA incluido)

2da. edición - Editorial Ayun - 2012
ISBN: 978-956-8641-11-5
476 pp. / 
16x23 cm. / Encuadernación rústica con solapas

La Modernidad, la tradición cultural anglosajona post Reforma Protestante, sigue vigente en nuestras ideas, moral, instituciones y, por ende, en nuestras vidas cotidianas. Puntualmente, dicha tradición tiene como principal fundamento intelectual al movimiento de la Ilustración; el que, a su vez, se nutre de la Reforma Protestante en su versión calvinista o reformada.
Este libro expone esas relaciones y su rol en el desarrollo de la ciencia experimental, el derecho y la política, la moral y la economía modernas y en la construcción del mundo contemporáneo. Para ello se trabajan los textos originales de autores como Isaac Newton, John Locke, Adam Smith, Jean-Jacques Rousseau, entre otros, quienes a pesar del tiempo transcurrido son cruciales para explicar y criticar nuestra época.

* Para leer el Índice y Presentación del libro: pincha AQUÍ.
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No, los millonarios no se van del país si les subes los impuestos




¿Qué les ocurre realmente a los ultrarricos cuando los estados y los municipios aumentan los impuestos? ¿Se cumple el simplón y reduccionista "enfoque económico" expresado esta vez en la teoría de la "competencia fiscal"?


Cristóbal Young


Cada vez que un estado propone un impuesto a los millonarios, alguien predice su éxodo.

En 2004, Nueva Jersey adoptó un nuevo tramo impositivo para ingresos millonarios. Los críticos advirtieron de inmediato que los residentes adinerados se marcharían. Desde entonces, predicciones similares han acompañado casi todas las propuestas para aumentar los impuestos a los que más ganan. Cuando California debatió un impuesto a los millonarios, los opositores argumentaron que "no hay nada más fácil de transportar que un millonario y su dinero". Cuando Oregón consideró una medida similar, el fundador de Nike, Phil Knight, advirtió de una "espiral mortal" en la que "miles de nuestros residentes más exitosos abandonarán el estado". Durante la campaña para la alcaldía de la ciudad de Nueva York en 2025, el multimillonario de fondos de cobertura Bill Ackman advirtió que los residentes adinerados huirían si Zohran Mamdani ganaba y lograba aumentar el recargo del impuesto sobre la renta de la ciudad de Nueva York para ingresos superiores a un millón de dólares en dos puntos porcentuales.

Estas advertencias son importantes. En los lugares donde se grava a los ricos, los contribuyentes de altos ingresos generan una gran parte de los ingresos estatales y locales, lo que los convierte en residentes valiosos. Pero los impuestos a los ricos también les dan un motivo para marcharse. Si un número suficiente lo hace, los gobiernos pueden enfrentarse a déficits presupuestarios y a la presión de recortar servicios.

Los tipos impositivos máximos en la ciudad de Nueva York y California son ahora entre 13 y 14 puntos porcentuales más altos que en Florida y Texas. Las familias adineradas tienen mucha libertad para elegir dónde vivir. Pueden permitirse mudarse. Contratan a contables y asesores financieros que saben exactamente dónde los impuestos son más bajos. Si alguien debería beneficiarse de los incentivos fiscales, deberían ser ellos.

Esta intuición constituye la base de la teoría económica clásica de la competencia fiscal. Si las familias adineradas pueden trasladarse a jurisdicciones con impuestos más bajos, los estados que aumenten los impuestos a los contribuyentes de mayores ingresos perderán residentes e ingresos. Los impuestos a los millonarios se vuelven contraproducentes, reduciendo la base impositiva que se pretendía recaudar. Los gobiernos acabarán aprendiendo la lección: no hay que gravar a los ricos. Con el tiempo, la competencia por los residentes adinerados empuja las tasas impositivas a la baja de forma constante, en una carrera hacia la reducción de impuestos.

El problema es que la carrera hacia el abismo nunca llegó.

Llevo casi 20 años estudiando la fuga de capitales de millonarios. Mis colegas y yo hemos analizado las reformas fiscales para millonarios en Nueva Jersey y California, décadas de registros del IRS [Internal Revenue Service; servicio de impuestos internos de la Unión] que rastrean dónde viven realmente los estadounidenses con ingresos millonarios, la migración de los multimillonarios de Forbes y, más recientemente, los efectos de la reforma fiscal de Trump de 2017 y la pandemia de COVID-19. La imagen popular del "millonario móvil", que busca constantemente el lugar con los impuestos más bajos, se desmorona al examinarla detenidamente. Quienes más ganan suelen viajar, pero rara vez cambian de residencia. Con mayor frecuencia, están profundamente arraigados —y son figuras influyentes— en los lugares donde construyeron sus carreras y negocios y criaron a sus familias. No es tan fácil abandonar este tipo de relaciones.

La migración en Estados Unidos se concentra entre los jóvenes y las personas con dificultades económicas, no entre los ricos. Aproximadamente el 4,5% de los trabajadores con bajos salarios —aquellos que ganan menos de 10.000 dólares— se mudan cada año, a menudo en busca de empleo o vivienda asequible. Los millonarios se mudan a un ritmo que ronda la mitad, apenas un 2,4% anual. No buscan su lugar en el mundo económico; ya lo han encontrado.

La migración es, sobre todo, cosa de jóvenes. Los recién graduados universitarios se mudan entre estados a un ritmo superior al 12% anual, aproximadamente cinco veces mayor que el de los millonarios. Pero su migración disminuye rápidamente: cuando alcanzan sus años de mayores ingresos, los graduados universitarios presentan las mismas bajas tasas de migración que la mayoría de los estadounidenses. Esto tiene una gran importancia: la gente suele decidir dónde establecerse décadas antes de alcanzar los tramos impositivos más altos.

Esto no significa que los impuestos sean irrelevantes. Cuando los millonarios se mudan —lo cual es raro—, es más probable que se trasladen a estados con impuestos más bajos que a estados con impuestos más altos. En los datos de declaraciones de impuestos que examino, que abarcan aproximadamente desde 1999 hasta 2023, alrededor del 47% de las mudanzas de millonarios fueron a estados con impuestos sobre la renta más bajos que los estados que dejaron. Pero un tercio fueron a estados con impuestos sobre la renta más altos, mientras que otro 21% fueron entre estados con tasas impositivas prácticamente iguales. Estas mudanzas claramente no pueden explicarse por la evasión fiscal. Las personas se mudan por trabajo, familia, jubilación, clima y un sinfín de otras razones. LeBron James [estrella estadounidense de la NBA], por ejemplo, prácticamente duplicó su factura de impuestos estatales cuando se mudó de Ohio donde jugaba en los Cavs a California donde se integró a los Lakers.

Nueva York ilustra el mismo punto. Florida es el destino más común para quienes se mudan desde Nueva York. Pero entre el 1% más rico de los neoyorquinos, los destinos más comunes son Connecticut, Nueva Jersey y California, estados que aplican impuestos a los millonarios. Los neoyorquinos más ricos no se mudan simplemente al estado con los impuestos más bajos. Muchos se trasladan dentro de la misma región profesional de alto costo y altos impuestos. Estas mudanzas no se deben realmente a los impuestos.

La prueba más contundente de que los impuestos influyen en la migración proviene de Florida. Atrae a millonarios de prácticamente todos los estados del país, sobre todo de estados con altos impuestos como Nueva York y Nueva Jersey, pero también de estados con bajos impuestos como Texas y Tennessee. Los únicos estados que no pierden al menos algunos millonarios a favor de Florida son Arizona y Carolina del Sur, otros dos importantes destinos para la jubilación.

Florida también ilustra las limitaciones de la teoría de la fuga fiscal. Nueve estados de EE.UU. no aplican impuesto sobre la renta, pero Florida es el único que atrae de forma constante a inmigrantes adinerados de todo el país. Si los impuestos fueran el principal motor, cabría esperar que Texas, Nuevo Hampshire, Tennessee y los demás estados sin impuestos atrajeran flujos similares de millonarios. Sin embargo, no es así. De hecho, cada uno de esos estados experimenta una pérdida neta de millonarios a favor de Florida. El éxito de Florida refleja un conjunto más amplio de ventajas, como el clima, las comunidades para jubilados y un estilo de vida privilegiado. Incluso el caso más claro de migración motivada por impuestos en el país debe gran parte de su atractivo, aunque no todo, a factores distintos a los impuestos.

En conjunto, la tendencia es clara, pero limitada. Los millonarios que se mudan tienen más probabilidades de trasladarse a estados con impuestos más bajos que a estados con impuestos más altos: 47% frente a 32%. Esta diferencia de 15 puntos ofrece una medida aproximada del exceso neto de movimiento hacia lugares con impuestos más bajos. Un análisis más técnico apunta en la misma dirección, sugiriendo que aproximadamente uno de cada siete traslados de millonarios se debe a motivaciones fiscales.

Pero se trata de uno de cada siete millonarios que se mudan, no de uno de cada siete millonarios. Los millonarios rara vez se mudan. Si combinamos la modesta ventaja fiscal de quienes se mudan con la baja tasa general de migración de millonarios, la migración motivada por impuestos se convierte en una pequeña porción de una porción pequeña: el 0,3% de la población millonaria se muda por motivos fiscales cada año. No es cero, pero dista mucho del éxodo que a menudo se describe en los debates políticos.


¿Por qué los millonarios no tienen mayor movilidad?

El problema con la teoría de la competencia fiscal es que confunde la libertad de movimiento con la voluntad de mudarse. La mayoría de los millonarios son personas trabajadoras adineradas que han alcanzado el éxito en la última etapa de su carrera. Para cuando llegan a los tramos impositivos más altos, ya cuentan con una trayectoria profesional, negocios, reputación, colegas, colaboradores y redes de contactos consolidadas. Gran parte de lo que sustenta su vida no los acompañaría. Su éxito en un lugar hace que otros resulten menos atractivos. En otros sitios, serían menos conocidos, tendrían menos contactos y ocuparían un lugar menos relevante.

La teoría de la competencia fiscal considera a las personas y sus salarios como algo fácilmente transferible, ignorando cómo el lugar influye en el éxito. Ciudades como Nueva York, Boston y Silicon Valley concentran talento, capital, información, clientes, inversores, empleados y oportunidades de una manera excepcionalmente productiva. Un neoyorquino adinerado puede mudarse a Florida y reducir su factura fiscal. Pero para alguien que ya ocupa una posición de poder dentro de la industria, trasladar sus inversiones a otro lugar suele significar renunciar a su lugar en la mesa.


Una carrera hacia el abismo que falta

Quienes critican las políticas fiscales de Nueva York y California suelen centrarse en la competencia de Texas y Florida. Sin embargo, la realidad es que los estados compiten principalmente con sus vecinos más cercanos. La mayoría de las mudanzas interestatales, incluso entre millonarios, son traslados relativamente cortos a estados vecinos.

Una predicción clave del fenómeno de la fuga de capitales no es solo que algunos hogares adinerados se marchen, sino que otros estados se beneficiarán de su partida. Si Nueva Jersey adopta un impuesto a los millonarios que ahuyenta a los residentes ricos, los estados vecinos obtienen esos contribuyentes sin coste alguno. En este sentido, la competencia fiscal es un juego de suma cero: la pérdida de un estado se convierte en la ganancia de otro.

En 2004, Nueva Jersey adoptó el primer impuesto moderno a los millonarios del país, que incrementó la tasa máxima en 2,4 puntos porcentuales, ligeramente más que la propuesta de Mamdani. Cinco años después, los votantes eligieron a Chris Christie tras una campaña marcada por un intenso debate sobre el impuesto. Sin embargo, este impuesto sobre los millonarios se mantuvo vigente y, con el tiempo, se amplió. Lejos de ser un ejemplo aleccionador, Nueva Jersey se convirtió en un modelo que los estados vecinos siguieron cada vez más.

Washington D.C. adoptó un nuevo tramo impositivo para personas de altos ingresos en 2008. Nueva York y Connecticut aumentaron los impuestos a las personas con mayores ingresos en 2009. Los votantes de Massachusetts aprobaron un recargo fiscal para millonarios en 2022. Maryland creó nuevos tramos impositivos superiores en 2025, y Maine pronto hizo lo propio con su impuesto a los millonarios.

La costa oeste siguió un camino similar. California promulgó un impuesto a los millonarios en 2004, lo amplió mediante un referéndum estatal en 2012 y lo hizo permanente en 2016. Los votantes de Oregón aprobaron un impuesto a los millonarios en 2010. El estado de Washington, conocido desde hace mucho tiempo por no tener ningún impuesto sobre la renta, adoptó un impuesto sobre las ganancias de capital de altos ingresos en 2021 y promulgó un impuesto a los millonarios en 2026.

Esto no es una carrera hacia el abismo. Es una historia de difusión de políticas. Estado tras estado tuvo la oportunidad de observar las consecuencias de los impuestos a los millonarios en jurisdicciones vecinas. Si un gran número de ricos hubiera huido, los estados cercanos se habrían beneficiado de las pérdidas de sus vecinos, atrayendo a contribuyentes exiliados. En cambio, esperaron, observaron y la mayoría concluyó que los impuestos a los millonarios eran algo digno de imitar. En lugar de aprovecharse de la competencia fiscal, otros estados se dieron cuenta de que estaban perdiendo ingresos provenientes de los impuestos a los millonarios.

La lección política es impactante. La predicción era: "Impón impuestos a los ricos y se irán". La realidad se acercó más a: "Impón impuestos a los ricos y tus vecinos te imitarán".


Cuando ocurrió la fuga de impuestos

Dos acontecimientos recientes demostraron por qué los ricos generalmente se quedan donde forjaron sus carreras, y qué se necesita para que cambien de opinión y busquen mejores oportunidades.

La primera fue la reforma fiscal de Trump de 2017, que limitó la deducción federal por impuestos estatales y locales. Para los contribuyentes de mayores ingresos en lugares como Nueva York y California, esto representó un aumento considerable de impuestos, y el dinero recaudado se destinó a financiar recortes de impuestos para millonarios en otros estados. Muchos analistas, incluidos los gobernadores de Nueva York y California, predijeron un caos fiscal debido a la fuga de millonarios. Un artículo de opinión del Wall Street Journal, ampliamente difundido y titulado «Adiós, California. Adiós, Nueva York», predijo que 800.000 personas al año abandonarían estos estados.

Mi colega y yo utilizamos declaraciones de impuestos anonimizadas del IRS para rastrear a todos los contribuyentes millonarios del país durante dos años, antes y después de la reforma. El éxodo nunca se materializó. La emigración desde estados con altos impuestos no aumentó en absoluto. Estábamos a punto de presentar los resultados como un hallazgo nulo cuando algo cambió drásticamente. Llegó la pandemia, y con ella, la fuga de millonarios para evadir impuestos.

La pandemia provocó un profundo impacto en la cohesión social. Los lugares de trabajo quedaron vacíos, y el acceso a los edificios de oficinas en las principales ciudades se redujo casi un 90%. Los servicios locales cerraron y aumentó el tiempo que los niños pasaban solos. Las escuelas cerraron, interrumpiendo las relaciones de los niños con sus profesores y compañeros. Para muchas familias, el cierre de las escuelas también eliminó uno de los mayores obstáculos para mudarse: sacar a los niños del colegio. Para muchos hogares, la pandemia creó una extraña forma de libertad: la oportunidad de replantearse dónde vivir y trabajar, especialmente para las personas con mayores ingresos que podían trabajar a distancia desde casi cualquier lugar.

Al perder muchos de los lazos que afianzan a las personas en un lugar, los que más ganan abandonaron los estados con altos impuestos en cifras históricamente elevadas y optaron desproporcionadamente por destinos con impuestos más bajos. Así pues, la fuga de millonarios se produjo a mayor escala durante un período relativamente breve, pero se necesitó una fuerza mayor que la mera imposición de impuestos para desplazar a las personas de sus hogares de toda la vida.

Las diferencias impositivas entre estados generan incentivos financieros reales para mudarse. Sin embargo, en circunstancias normales, estos incentivos compiten con las carreras profesionales, las amistades, las escuelas, las relaciones comerciales y los lazos comunitarios arraigados en lugares específicos. Para la mayoría de los hogares acomodados, el ahorro fiscal por sí solo no basta para superar estos vínculos.

Durante la pandemia, muchos de esos vínculos se debilitaron simultáneamente. Los incentivos financieros para mudarse siempre habían existido, pero de repente cobraron mayor importancia porque había menos lazos que unían a las personas con un lugar. Sin embargo, el efecto resultó ser temporal. A medida que la pandemia remitió y se retomaron los patrones normales de trabajo y vida social, la migración de millonarios volvió a acercarse a su nivel prepandémico. Para 2023, las tasas de migración se habían normalizado en gran medida.


Lo que la ciudad debería hacer en su lugar

Todos los estados y ciudades desean más contribuyentes de alto poder adquisitivo. Muchos suponen que la forma de conseguirlos es manteniendo bajos los impuestos a los ricos. Pero en tiempos normales, los hogares adinerados son mucho menos móviles de lo que imaginan los legisladores. Muchos estados renuncian hoy a ingresos sustanciales con la esperanza de flujos migratorios que nunca se materializan.

Las ciudades deberían centrarse menos en atraer millonarios y más en cultivar y retener a jóvenes con alta formación académica. Los recién graduados universitarios se encuentran entre las personas con mayor movilidad del país. Son la cantera de los millonarios y los principales contribuyentes de 2045. Estos jóvenes trabajadores no eligen dónde vivir en función de los impuestos que pagan quienes están en la cima. Buscan lugares donde puedan pagar el alquiler, encontrar un buen trabajo, tener una vida social, conocer a una pareja y, con el tiempo, formar una familia. Si alcanzan sus mayores aspiraciones económicas, algún día pagarán los impuestos más altos. Por ahora, necesitan tener acceso a oportunidades básicas. Pronto necesitarán guarderías asequibles y buenas escuelas.

Una ciudad que satisface esas necesidades crea su propia cantera de futuros profesionales de alto poder adquisitivo. La clave para retener a los ricos en Nueva York no reside en mimar a los millonarios de hoy, sino en asegurar que quienes se esfuerzan por progresar puedan permitirse quedarse.



* Publicado en Vital City, 10.06.26. Cristóbal Young es profesor asociado del Departamento de Sociología en la Universidad de Cornell.

La carta en que O’Higgins reconoce la Independencia de la Nación Mapuche




En marzo de 1819 el Director Supremo envío una carta a los lonkos y caciques al sur del Bío Bío, señalándolos como vecinos con total autonomía e independencia. La misiva del padre de la patria tal vez no es parte de la historia clásica en Chile, pero sí parte de la historia de la búsqueda del derecho a autonomía que reclaman las comunidades mapuche.


Paula Huenchumil


Bernardo O’Higgins Riquelme (1778-1842), quien fue nombrado Director Supremo de Chile en 1817 hasta su abdicación en 1823, realizó diversas obras fundadoras bajo su gestión como el Cementerio General, la Alameda de la Delicias, abolió títulos de nobles, fundó la escuela naval y militar, y decretó la libertad de vientres (nadie nacería esclavo en el país).

Pero hay un hecho ligado al llamado padre de la patria que ha sido silenciado por la historia oficial, y es que O’Higgins reconoció la independencia del pueblo mapuche a través de una carta en marzo de 1819 titulada “El supremo director del Estado a nuestros hermanos los habitantes de la frontera del sur”.

Antes de la llegada de los europeos, los pueblos indígenas en el continente americano sumaban una cantidad de 80 millones. “La mayor parte de esta población sufrió el tormento de la conquista, grandes imperios como el del Tawantinsuyo y el azteca sucumbieron ante la maquinaria bélica del conquistador, quienes no vivieron esta situación fue porque opusieron un resistencia victoriosa, como en el caso Mapuche, Guaraní o Apache; o porque huyeron a otros ecosistemas de difícil acceso como los Tarahumaras o Yaki en México; o porque su medio fue inexpugnable como en el caso de los cazadores recolectores del Amazonas”, informa el historiador Pablo Marimán, miembro de la Comunidad de Historia Mapuche.

Luego de la denominada conquista, en el marco del movimiento emancipatorio de las colonias españolas en América en el siglo XIX, entre sus motivaciones iniciales estuvo la libertad de comercio y fue la élite criolla el grupo que lideró principalmente el afán de independencia.

“El Wallmapu [territorio mapuche] lindaba en su norte con este orden colonial. Se había mantenido independiente por casi tres siglos. En Ngulumapu el río Bio Bio era la frontera que los separaba de la Gobernación de Chile. Esta última tuvo entre sus representantes a Ambrosio O’Higgins, quien por medio el parlamento de Negrete y el de las Canoas continuó con la tradición política de avenimiento que habían acordado con los representantes de la nación mapuche desde inicios del siglo XVI”, explica Pablo Mariman, quien también es académico del Departamento de Antropología de la Universidad Católica de Temuco.

Marimán rescata que O'Higgins, nacido en Chillán en 1778, no solo sabía de la existencia de los mapuche, sino que se educó con ellos en esa ciudad donde pudo conocer parte de la cultura y el idioma mapudungun. “Creemos que lo más importante es que vio y supo de estos encuentros políticos periódicos, los Parlamentos, constatando las relaciones, instituciones y materias políticas que constituían a estos eventos y a sus interlocutores”, plantea Marimán.

La misiva en la que Bernardo O’Higgins reconoció la independencia mapuche, no es un hecho que se destaque en los libros de historia. Es más, se ha dado más bien énfasis a la violenta ocupación e invasión del territorio mapuche que se inició en 1861, conocida como la Pacificación de la Araucanía, término criticado ampliamente por los académicos, puesto que se ha utilizado como un eufemismo para lo que en realidad consistió en la ocupación de las tierras indígenas al sur del río Biobío, desconociendo los tratados firmados que reconocían el territorio mapuche como autónomo.

“En el bicentenario de esta carta y de las gestas que consumaron la independencia de Chile, se hace necesario reflexionar, pues desde una comparación con lo actual vemos que la clase política chilena -al contrario de los padres de la patria- se niega a reconocer y otorgar los derechos que les corresponden a los mapuche. El relato histórico que ha llevado a esa actitud ha obnubilado entre otros hechos: los parlamentos de Yumbel (1823) y Tapiwe (1825) que bajo el gobierno de Ramón Freire promovieron la idea de aliados hermanos con fronteras, potestades y soberanías diferenciadas; la declaración unilateral como provincia chilena del Ngulumapu que hizo el gobierno de Manuel Montt en 1852; la elaboración, sanción e implementación de un plan de conquista llevado a cabo por gobiernos conservadores y liberales (1859-1884) que culminó con la independencia del Ngulumapu y su anexión a Chile; la situación y relaciones coloniales que en adelante se han nutrido del despojo, la colonización, la contrarreforma agraria, y el actual extractivismo bajo la versión multicultural del neoliberalismo”, plantea Marimán.


El Supremo Director del Estado a nuestros hermanos los habitantes de la frontera del Sud.

Chile acaba de arrojar de su territorio a sus enemigos después de nueve años de una guerra obstinada y sangrienta. Sus fuerzas marítimas y terrestres, sus recursos y el orden regular que sigue la causa americana en todo el continente, forman un magnífico cuadro, en que mira afianzada su Independencia.

Las valientes tribus de Arauco, y demás indígenas de la parte meridional, prodigaron su sangre por más de tres centurias defendiendo su libertad contra el mismo enemigo que hoy es nuestro. ¿Quién no creería que estos pueblos fuesen nuestros aliados en la lid a que nos obligó el enemigo común? Sin embargo, siendo idénticos nuestros derechos, disgustados por ciertos accidentes inevitables en guerra de revolución, se dejaron seducir de los jefes españoles. Esos guerreros, émulos de los antiguos espartanos en su entusiasmo por la independencia, combatieron encarnizadamente contra nuestras armas, unidos al ejército real, sin más fruto que el de retardar algo nuestras empresas y ver correr arroyos de sangre de los descendientes de Caupolicán, Tucapel, Colocolo, Galvarino, Lautaro y demás héroes, que con proezas brillantes inmortalizaron su fama.

¿Cuál habría sido el fruto de esta alianza en el caso de sojuzgar los españoles a Chile? Seguramente el de la pronta esclavitud de sus aliados. Los españoles jamás olvidaron el interés que tenían en extenderse hasta los confines del territorio austral. Sus preciosas producciones, su incomparable ferocidad, y su situación local, han excitado siempre su ambición y codicia. Con este objeto han mantenido continua guerra contra sus habitantes, suspendiéndola sólo cuando han visto que no hay fuerza capaz de sujetar a unos pueblos que han jurado ser libres a costa de todo sacrificio. Pero no han desistido de sus designios, pues en los tiempos que suspendieron las armas fomentaron la guerra intestina, para que destruyéndose mutuamente los naturales, les quedase franco el paso a sus proyectos. Entre tanto el comercio no era sino un criminal monopolio; la perfidia, el fraude, el robo y en fin todos los vicios daban impulso a sus relaciones políticas y comerciales.

Pueblos del Sud, decidme si en esto hay alguna exageración; y si por el contrario apenas os presento un lisonjero bosquejo de la conducta española, convendreis precisamente en que dominando España a Chile, se hubiera extendido sobres vuestros países como una plaga desoladora, concluyendo con imponeros su yugo de fierro que acaso jamás podríais sacudir.

En el discurso de la guerra pensé muchas veces hablaros sobre esto, y me detuve porque conocí que estabais muy prevenidos a cerrar los oídos a la voz de la verdad. Ahora que no hay un motivo de consideración hacia vosotros, ni menos a los españoles, creo me escucharéis persuadidos de que sólo me mueve el objeto santo de vuestro bien particular y del común del hemisferio chileno.

Nosotros hemos jurado y comprado con nuestra sangre esa Independencia, que habéis sabido conservar al mismo precio. Siendo idéntica nuestra causa, no conocemos en la tierra otro enemigo de ella que el español. No hay ni puede haber una razón que nos haga enemigos, cuando sobre estos principios incontestables de mutua conveniencia política, descendemos todos de unos mismos Padres, habitamos bajo de un clima; y las producciones de nuestro territorio, nuestros hábitos y nuestras necesidades respectivas no invitan a vivir en la más inalterable buena armonía y fraternidad.

El sistema liberal nos obliga a corregir los antiguos abusos del Gobierno español, cuya conducta antipolítica diseminó entre vosotros la desconfianza. Todo motivo de queja desaparecerá si restablecemos los vínculos de la amistad y unión a que nos convida la naturaleza. Yo os ofrezco como Supremo magistrado del pueblo chileno que de acuerdo con vosotros se formarán los pactos de nuestra alianza, de modo que sean indisolubles nuestra amistad y relaciones sociales. Las base sólidas de la buen fe deben cimentarlas, y su exacta observancia producirá la felicidad y seguridad de todos nuestros pueblos. Se impondrá penas severas a los infractores, que se ejecutarán a vista de la parte ofendida, para que el ejemplo reprima a los díscolos.

Nuestras Escuelas estarán abiertas para los jóvenes vuestros que voluntariamente quieran venir a educarse en ellas, siendo de cuenta de nuestro Erario todo costo. De este modo se propagarán la civilización y luces que hacen a los hombres sociales, francos y virtuosos, conociendo el enlace que hay entre los derechos del individuo y los de la sociedad; y que para conservarlos en su territorio es preciso respetar los de los pueblos circunvecinos. De este conocimiento nacerá la confianza para que nuestros comerciantes entren a vuestro territorio sin temor de extorsión alguna, y que vosotros hagáis lo mismo en el nuestro, bajo la salvaguardia del derecho de gentes que observaremos religiosamente.

Me lleno de complacencia al considerar hago estas proposiciones a unos hombres que aman su independencia como el mejor don del Cielo; que poseen un talento capaz de discernir las benéficas intenciones del pueblo chileno; y que aceptándolas, desmentirán el errado concepto de los europeos sobre su trato y costumbres.

Araucanos, cunchos, huilliches y todas las tribus indígenas australes: ya no os habla un Presidente que siendo sólo un siervo del rey de España afectaba sobre vosotros una superioridad ilimitada; os habla el jefe de un pueblo libre y soberano, que reconoce vuestra independencia, y está a punto a ratificar este reconocimiento por un acto público y solemne, firmando al mismo tiempo la gran Carta de nuestra alianza para presentarla al mundo como el muro inexpugnable de la libertad de nuestros Estados. Contestadme por el conducto del Gobernador Intendente de Concepción a quien he encargado trate este interesante negocio, y me avise de nuestra disposición para dar principio a las negociaciones. Entre tanto aceptad la consideración y afecto sincero con que desea ser vuestro verdadero amigo.

Bernardo O’Higgins R.

SANTIAGO, Sábado 13 de Marzo de 1819



* Selección de un artículo publicado en Interferencia, 18.09.24. La carta se extrajo desde El Mostrador, 20.08.14.

Mujeres israelíes y los guerreros de Dios




Nazanín Armanian


Cerca de un tercio de las 1200 víctimas de la Operación Al Aqsa de Hamás en Israel y unas veinte de las 137 personas tomadas como rehenes por el grupo palestino, el 7 de octubre del 2023, son mujeres. Según las autoridades israelíes, varias de las mujeres asesinadas habían sido violadas. Ninguna de las escasas medidas de la ONU para prevenir los crímenes de guerra, ataque a los civiles o la violación de las mujeres, han funcionada en ninguno de los numerosos conflictos armados que azotan el planeta. Que tanto el judaísmo (Deuteronomio 20:14) como el islam (Corán: 24: al Nisa) incluyesen a las mujeres entre el «botín de guerra» de sus hombres guerreros, obliga a los organismos internacionales a realizar una investigación a fondo sobre la agresión sexual en este largo conflicto colonial-religioso.

Por su parte, Israel, que no cumple la ley judía del «Ojo por Ojo» (heredada de Hammurabi, quien hace 3.700 años quiso civilizar al ser humano prohibiendo la masacre de comunidades enteras en venganza por el daño recibido por uno de sus integrantes), ha masacrado hasta hoy a cerca de 25.000 palestinos, el 70% de ellos mujeres y niños: 16 vidas palestinas por una judía.


Las misteriosas mujeres israelíes

La primera información que aparece en internet sobre «la mujer en Israel» son infinitas imágenes de las soldados (o sea, no como mujer-víctima, sino protagonistas de la violencia como sistema), que para más inri no están haciendo de «Oficial y caballero», sino figuran en poses coquetas como si estuvieran disfrazadas de militares. El segundo grupo de fotos que sorprende es de las mujeres judías con burka -y no testimoniales, como en Beijín o en Minsk: lo llevan decenas de miles, corrigiendo a los que sitúan el origen y los motivos de esta aterradora y humillante prenda en las tribus de pastunes afganas-, y por último se aprecia la imagen de la primera ministra Golda Meier, la misma que tachaba de «locas» a las feministas. No sorprende que la jueza de la Corte Suprema de EEUU Ruth Bader Ginsburg comparase la exclusión de las mujeres en Israel con los negros en su país.

En este Estado teocrático militarista, donde la élite capitalista consolida el patriarcado en el nombre de Dios y de la Seguridad, obviamente, hay excepciones, si se busca a conciencia: la destacada líder marxista de origen lituano Esther Vilenska, que contribuyó en 1944 a restablecer el Partido Comunista de Palestina y planeaba una Palestina democrática e independiente de carácter binacional.

Varios meses antes del ataque de Hamás, las tatzpitanit – reclutas designadas para vigilar la frontera con Gaza-, habían informado a sus superiores, todos hombres, de extraños ejercicios miliares de la organización palestina. El desprecio de los mandos a las advertencias no se debió sólo al sesgo sexista instalado en el poder (pues Egipto también les había informado), sino a que, quizás a Benjamin Netanyahu, el Primer Ministro perseguido por la ley y por cientos de miles de ciudadanos que cada sábado pedían su cabeza, le interesaba que sucediera, y así poder exportar la crisis interna, algo que ha conseguido. El hashtag #BibiKnew («Benjamin lo sabía«) inunda las redes sociales.


¿"Pueblo elegido" u "hombres elegidos"?

El sueño de emancipación de las primeras mujeres judías que emigraron a Palestina, a finales del XIX, se destrozó nada más llegar: fueron confinadas en los Kibutz, por los maridos o padres fundamentalistas que les forzaron a seguir con la división de roles «biológicos»: el hombre con pantalones al mando y la mujer, la mayoría iletrada, y con su falda y el velo, como su esclava integral. Un perfil que explica, en parte, el por qué las mujeres judías no se opusieron a la Nakba, cuando sus hombres masacraron y expulsaron a cerca de 700.000 palestinos, familias enteras de sus tierras y hogares ancestrales. Los fundadores de Israel eran asquenazí, europeos convertidos al judaísmo, que no judíos étnicos, como parte de los mizrajíes, nombre de los seguidores de Moisés en Oriente Próximo, que convivían en paz con sus hermanos árabes, turcos o persas.

Hoy tampoco las mujeres israelíes, salvo pequeños grupos, se oponen al genocidio del pueblo palestino: la mayoría de las judías practicantes luchan para poder orar, cantar y leer la Biblia en voz alta en los lugares sagrados, que no por la paz, la igualdad y la justicia social, imposible en un estado «divino».


El Israel de las mujeres

Los cuatro rasgos del sistema político de Israel, -ser colonial, capitalista, teocrático y militarista-, sellan el estatus de la mujer. Las israelíes, como todas las ciudadanas de un estado capitalista, cobran menos que los hombres (un 30%), tienen que destrozar su cráneo para romper los techos de cemento, se enfrentan al acoso sexual o a los recortes (que ha excluido a la gran mayoría de medio millón de niños menores de 3 año de las guarderías públicas, bajo el pretexto de la pandemia, en 2020), o que de los cerca de 2 millones de israelíes (el 23% de la población) que viven por debajo del umbral de pobreza, el 31,7% sean niños, muchos de madres solteras.

Sin embargo, al ser un estado teocrático, en Israel los ciudadanos no son iguales ante la ley, y sus derechos dependen de la fe que profesan. En un marco de poder jerárquico, los hombres judíos gozan de amplios privilegios sobre toda la población, y las mujeres judías (salvo las ultraortodoxas, las más discriminadas entre las mujeres de esta tierra) sobre sus hermanas de otros credos. En este sistema primitivo del poder, los rabinos cuentan con el derecho al veto sobre las leyes que afectan a la familia, eufemismo de la palabra «mujer», manteniendo el estatus de infrahumano que las religiones abrahámico-semíticas (judaísmo, cristianismo e islam) establecieron para la mitad de sus poblaciones hace miles de años.

Israel cerró todas las puertas a una democratización del Estado, cuando en 2018 se declaró una república judía, como Irán o Afganistán que son un estado islámico desde 1979. De hecho, la sharia que estos dos regímenes de extremaderecha aplican son, básicamente, tradiciones judías: desde el velo y los matrimonios infantiles hasta la Ley de Talión y lapidación, pasando por normas que consideran a las mujeres seres con discapacidad intelectual severa e incurable por la venia de Dios. Las mujeres de las tres religiones no podrán gestionar su propia vida, trabajar, estudiar, casarse, viajar, etc. sin la autorización de un hombre; ni cantar, bailar, pasear o ir al cine, concierto o teatro solas, elegir a su pareja, hospedarse en un hotel, etc., mientras, los hombres judíos ortodoxos israelíes tiene derecho a dar ni un golpe al agua, ni pagar impuestos, ni cumplir el servicio militar, y encima recibir una paga de los contribuyentes. ¡Increíble cómo se lo han montado, incluso hoy en día!

La teocracia (versus espiritualidad) empapa con su mirada sexual todos los aspectos de la vida de la sociedad, hasta convertir a las mujeres en subhumanas e intocables. En algunas ciudades, las mujeres han tenido que subir al autobús por la puerta trasera y sentarse atrás, y aun así, los conductores talibanes tienen el «derecho de admisión» a las mujeres por su vestimenta: numerosas Rosa Parks han sido agredidas. Las «patrullas de la modestia» (copiadas por sus hermanos islamistas en ciertos países), cuya razón de ser no es «salvar a la religión», acosan a las mujeres en los barrios haredíes por su vestimenta, mientras los yihadistas judíos atacan a las fieles que en la plaza del Muro Occidental oran al Dios que comparten. Ellas son segregadas en los funerales, las clínicas médicas o los supermercados, donde tienen horarios especiales para acceder.

Las judías, al igual que las musulmanas, no pueden divorciarse: deben ser repudiadas por un hombre (el esposo o un juez varón), debido a que el divorcio es uno de tantos derechos exclusivos del varón. Si estos señores se niegan a liberarlas, las que se arrepienten de haber pronunciado el «sí, quiero», permanecerán como agunah (encadenadas) a su maltratador, hasta que Dios se las lleve, tras una muerte natural o violenta.

Según la Organización Internacional Sionista (WIZO), el año pasado unas 200.000 mujeres fueron víctimas de la violencia de género y 600.000 niños fueron testigos de las agresiones. Y eso que tan sólo se denuncia el 20% de los casos. La Asociación de Centros de Crisis por Violación (ARCCI) informó en 2021 que las agresiones sexuales en grupo en Israel eran un 10% más altas que el promedio de los países de la OCDE. Nada menos que el expresidente del país Moshe Katsav pasó seis años en la cárcel por violar a dos subordinadas. En tal contexto, las violaciones en grupo no paran de aumentar: el mediático caso de la agresión de unos 30 hombres a una joven de 16 años, en agosto de 2020, fue sólo la punta de Iceberg.

En las cárceles, la amenaza de la violación pende como la espada de Damocles sobre el cuello de cientos de palestinas presas políticas, como arma de guerra. La guerrillera del Frente Popular para la Liberación de Palestina, Rasmea Odeh, es de las pocas palestinas que se han atrevido a hablar de ello: fue sometida a brutales torturas (como descargas eléctricas), y violada delante de otros prisioneros. Ninguna ley podrá contener esta plaga que sufre la sociedad patriarcal israelí, debido al militarismo teocrático de su régimen de extrema derecha.

Muchos judíos y musulmanes han oído el nombre de Agar, la esclava egipcia de Abraham y Sarai, aunque su caso de «vientre-útero no alquilado» pasa desapercibido: fue inseminada por Abraham con el permiso de su yerma esposa. Poco tiempo después de nacer Ismael, el fruto de aquella agresión, el enviado de Dios, abandonó a ambos en el desierto, para que se murieran de sed y hambre. Los textos, obviamente, culpan a una mujer, a Sarai, por sus celos, de aquel aberrante acto, cometido por Abraham con alevosía con agravante de parentesco. ¿Sabían que las siete vueltas que dan los musulmanes alrededor de Kaaba en su peregrinación a la Meca, es en recuerdo de las vueltas que había dado aquella mujer en busca de agua para su hijo?


Además de teocracia, militarista

El ejército es la institución central del Gobierno de Dios israelí, y su cometido, además de ocupar más territorios ajenos para llevar adelante el proyecto imperialista del «Gran Israel», es la israelización, o sea, imponer los valores tribales de hace miles de años, de las nuevas generaciones y los emigrantes. Por lo que, la entrada de los ciudadanos árabes a esta entidad está prohibida.

Debe preocupar a los filósofos israelíes la normalización social de ver a chicos y chicas armados tomando café en las terrazas. A un chaval judío, hacerse hombre y defender la patria pasa por «hacer la mili», mientras las chicas de este credo serán buenas ciudadanas si tienen muchos hijos. El ejército, mientras consolida esta dicotomía, utiliza la carne de ambos para los cañones de la élite gobernante, que apuntan a los civiles de otros pueblos.

El presupuesto militar de Israel, 24.340 millones de dólares, en 2021 (un 11,57% más que 2020), al que se añade los 3.800 millones de dólares de ayuda militar anual de Estados Unidos, no ha parado de incrementarse. Bajo el pretexto de la «guerra contra Hamas», y sus pocos cohetes y piedras, Israel este año ha sumado a esta cifra otros 15.000 millones de dólares.

Es así que, el principal lema del feminismo israelí es «convertir Israel en un Estado civil»: por ahora, la guerra contra los ciudadanos palestinos le ha costado a los ciudadanos israelíes unos 51.000 millones de dólares.

Las mujeres deben estar en la mesa del alto el fuego, de intercambio de prisioneros, y de negociar los términos de paz; una paz que es imprescindible para el desarrollo de la lucha por los derechos sociales y también la igualdad.

El movimiento feminista de ambos lados debe ser antimilitarista, para ser anticolonial, anticapitalista y antipatriarcal. Es la la lógica de los vasos comunicantes.





* Publicado en Other News, 01.02.24. Nazanin Armanian es una escritora y politóloga iraní exiliada en España desde 1983.

"Estados Unidos y Francia no son en absoluto un modelo democrático"


Tarjeta postal firmada por Right (c. 1910) que representa como niños a Marianne y al Tío Sam, personificaciones de Francia y Estados Unidos respectivamente.


El antropólogo Andrés Monares habló con El Desconcierto sobre su nuevo libro, Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia, repasando las raíces religiosas de ambos proyectos, el mito de la "democracia ejemplar" estadounidense, la polémica Françafrique, y otras aristas de estas potencias.


Gino Stock


Estados Unidos y Francia son considerados por muchas personas como los mayores parámetros de la democracia, y se suele citar como procesos fundacionales de la misma a la independencia del país norteamericano y a la Revolución gala de 1789. Pero, a la luz de los últimos dos siglos y fracción, lo que hemos visto es el desarrollo de dos imperios, en el más clásico de los sentidos, al alero de los ideales liberales. Una aparente paradoja —o esquizofrenia—, que profundiza el antropólogo Andrés Monares en su nuevo libro Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia, de acceso abierto y gratuito.

Monares —funcionario y profesor del Área de Estudios Transversales en Humanidades para las Ingenierías y Ciencias (ETHICS), de la Escuela de Ingeniería y Ciencias de la Universidad de Chile— conversó con El Desconcierto sobre las raíces religiosas del proyecto imperial de ambos países, sus mutaciones hacia el neocolonialismo actual y una alternativa cultural proveniente desde el pensamiento latinoamericano: el Buen Vivir de los pueblos originarios latinoamericanos.


El hilo conductor de dos imperios

-¿Cuál es el hilo conductor detrás de Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia?

-El hilo conductor son los imperios. Hace tiempo quería contar esta historia y se dio la oportunidad. Los latinoamericanos tenemos mucha cercanía con Estados Unidos y creemos conocerlo bien. Hoy, con Trump, hay un fenómeno curioso: la gente cree que vino a romper una democracia perfecta e imitable, y eso no es así.

Con Francia ocurre algo distinto: al no ser africanos, tenemos poca historia en común con ese país. Recordamos la fraternidad, la libertad, la Revolución, la cocina y el cine francés. Pero Francia hace en África lo mismo que Estados Unidos ha hecho en Latinoamérica: promueve golpes de Estado, envía paracaidistas, entrena torturadores y explota económicamente a sus excolonias del continente. Era importante entender que el fenómeno imperial no es cosa del pasado: sigue vigente, y el proyecto liberal siempre se ha apoyado en el proyecto imperial de ambos países y, de hecho, lo ha impulsado. En ambos casos liberalismo e imperialismo son dos caras de una misma moneda o proyecto: el título del libro no es metafórico, es totalmente descriptivo.


Las raíces religiosas del proyecto imperial

-Ese colonialismo mutó, pero no desapareció. ¿Cuáles son las características más determinantes del imperialismo actual de Estados Unidos y Francia?

-Hay un centro del cual parto —y está latamente expuesto en Reforma e Ilustración y Oikonomía. Economía Moderna. Economíasdos de mis libros anteriores que es la modernidad: un proyecto anglosajón reformado o calvinista que tuvo mucha repercusión en Francia. Solemos asociar la Ilustración a los filósofos franceses, pero se tiende a pasar por alto e incluso olvidar que en siglo XVIII aquellos eran grandes admiradores de los ingleses del siglo XVII. De tal modo que, desde su perspectiva, a Newton o a Locke no se les corrige ni se les busca el error: se les aplica. De la misma opinión era  Kant en Prusia.

Cuando uno revisa los textos originales de Newton, lo que está haciendo, con la gravedad, es demostrar el gobierno absoluto de Dios sobre el mundo natural. Eso está escrito, no es una interpretación mía: hay que leer el "Escolio General" de los Principios Matemáticos de la Filosofía Natural. Los filósofos morales tomaron esa idea y objetivo. Locke traslada esa visión de un mundo mecánico y predeterminado al estudio de la humanidad: así como Dios establece las leyes para que los planetas no choquen, en el mundo humano establece la razón como una tendencia natural/providencial a buscar lo útil, es decir, todo aquello que procura comodidad.

Ese mecanismo predeterminado pasa a Francia, donde triunfa una mirada de fondo calvinista y, más tarde, la razón como manifestación divina que guía a los seres humanos, algo que se ve muy claro en Rousseau. Esa estructura, que termina justificando el racismo, el clasismo, el imperialismo y el colonialismo, se instala primero en Inglaterra —aunque, gracias a Hitler, el mundo ha olvidado su maldad; y, asimismo, habría que sumar a los holandeses en Indonesia, a los belgas en el Congo y a Francia en el África subsahariana—. Es una estructura imperial que busca "el progreso" y "elevar a las razas inferiores", con justificantes en la religión y en las ideas de la Ilustración y en su continuación: la modernidad.

-¿Cómo se pasa del imperialismo de ocupación al neocolonialismo de presiones?

-Trump retoma el canal de Panamá y amenaza a Holanda [1]; Francia mueve hilos en Níger y en Mali, países que recientemente han tomado distancia de su exmetrópoli. Pareciera que ya no es tan respetable invadir, pero eso puede cambiar en cualquier momento: ahí tenemos a Venezuela agredida por Trump y convertida en su protectorado, y el respaldo de la Unión Europea y Estados Unidos a la invasión de Gaza y al genocidio que lleva adelante Israel desde 2023  a la fecha.

(Aunque en cuanto a que pareciera que ya no es respetable invadir naciones, lo que estamos viendo en Gaza y Líbano nos indica que no hay problema cuando el invasor es el correcto y el invadido da lo mismo o se lo merece. Se ha hecho evidente que, para la "comunidad internacional", una cosa es Israel cometiendo un genocidio en Gaza y otra muy distinta es Rusia atacando a Ucrania).


Estados Unidos, la democracia que no fue

-Mucha gente cree que Estados Unidos siempre ha sido una democracia ejemplar y que Trump estaría rompiendo ese esquema. ¿Cómo describiría lo que ha sido este país en sus más de doscientos años de historia?

-Este año se celebraron los 250 años de Estados Unidos como república. A diferencia de lo que dicen algunos historiadores —que sitúan el inicio de la fase imperialista en 1898, con la guerra contra España—, lo que expongo en el libro es que el proyecto imperial parte y tempranamente, por ejemplo, ya Jefferson, uno de los llamados "padres fundadores" de la Unión y su tercer presidente, proponía que debían ser un "imperio de la Libertad" (¡Y lo decía alguien que tenía esclavos!): se extendería desde el Atlántico al Pacífico y estaba llamado a ser el más grande y glorioso "desde la Creación hasta hoy".

Antes de 1776, Estados Unidos invadía naciones independientes —las distintas tribus nativas—, con expolio de tierras y con lo que desde el siglo XX se conoce como genocidio. Es también un proyecto religioso: los puritanos huyen de la corrupta Europa para instalar una nueva Jerusalén en el desierto, una "casa en la colina" que debía ser un gran ejemplo para el resto del mundo. Recomiendo revisar los discursos de toma de posesión de cualquier presidente —por ejemplo en este siglo el de Trump y también el de Biden [2]— para ver cómo esa retórica religiosa de los colonos puritanos sigue presente.

-¿En qué se sostiene esa idea de "democracia ejemplar"?

En varias cosas que nos afectan directamente. No tengo problema en decir que somos una colonia cultural estadounidense: por ejemplo ahora hasta se transmite el Super Bowl en Chile, y eso también tiene que ver con una cuestión racista de nuestros modelos, que siempre fueron anglosajones. Entonces, el nacionalismo patriotero estadounidense construye y difunde una idea mitológica de su sistema sociopolítico como una "democracia ideal". Luego, ellos y nosotros la asumimos como historia real; y, allá y fuera de sus fronteras, cual modelo a seguir.

Un ejemplo concreto: los estadounidenses dicen que la Guerra de Secesión se hizo para liberar a los negros, y así se ha mostrado en múltiples películas. Pero, si uno revisa las citas de Abraham Lincoln o del Congreso de dicho época, fue una guerra de Secesión —los Estados Confederados se quería separar de la Unión—, no una guerra de liberación de los esclavos. Lincoln era abolicionista, pero también segregacionista: pensaba que los negros no debían vivir en Estados Unidos.

Basta ir más atrás, a la Declaración de Independencia, donde se dice que los seres humanos fueron creados por Dios para ser libres y felices: la firman 56 varones latifundistas blancos que tenían esclavos o que no cuestionaban dicha institución. Los negros pudieron votar recién a fines de los años sesenta del siglo XX; las mujeres blancas votaron antes que las mujeres negras. Hoy vemos una cacería de latinos: nadie persigue en las calles de Estados Unidos a los suecos, persiguen a los latinos.

Además, es una democracia con un proyecto imperial de 1776 a la fecha. De los cuantiosos ejemplos que se exponen en el libro (que no es una recopilación sistemática de todos ellos), baste recordar que el presidente Woodrow Wilson abogaba, después de la Primera Guerra Mundial, por la autodeterminación de las naciones europeas, al mismo tiempo envía a los marines a Centroamérica una y otra vez a invadir países. Hay excepciones —Franklin D. Roosevelt ayudando a Lázaro Cárdenas en México, la Alianza para el Progreso de John F. Kennedy—, pero no podemos convertir las excepciones en la norma.


Françafrique: la hipocresía del faro europeo

-¿Y en el caso de Francia? ¿Cómo se explica esa doble cara: un país que habla de medioambiente, libertad e igualdad, y que a la vez sostiene una presencia colonial en África?

-Con Estados Unidos hay una propaganda muy eficaz: se consume muchísimo cine estadounidense y no siempre vemos los mensajes que conllevan. En Spider-Man 1, cuando el protagonista dice que "un gran poder conlleva una gran responsabilidad", termina con una gran bandera estadounidense de fondo. O el caso de Día de la Independencia, donde Estados Unidos "une al mundo y lo libera" un 4 de julio.

Con Francia el vínculo es distinto. En el siglo XIX, nuestra aristocracia decía entre snob y dejando ver su complejo de inferioridad  "ver París y morir": cuando conocías el techo de la civilización podías dejar este mundo tranquilo. El lenguaje, la diplomacia, la cocina y la moda francesas eran la cúspide de la humanidad. Francia ala fecha parece un país democrático y moderno que integró a árabes y a sus excolonias africanas, y tiene un ambiente crítico más abierto y menos represivo que Estados Unidos. Pero, como no somos africanos, Francia no se nos "cayó encima" a nosotros como sí a los africanos.

El concepto de Françafrique [3] tiene que ver justamente con eso: el general Charles de Gaulle, terminada la Segunda Guerra Mundial, entiende que ya no se puede sostener el imperio francés con presencia militar, y el vínculo gira hacia lo económico. El mismo día en que se libera París hay una masacre de unos 40.000 argelinos en Sétif. Entonces, al recordar este y otros casos es cuando uno se pregunta qué se estaba liberando exactamente en 1944 y si Francia estaba recuperando su libertad y su democracia o asegurando igualmente su imperio.

Francia termina dando la independencia a sus colonias porque el imperio ya no era sostenible —pierde militarmente en Indochina, hoy Vietnam, y en Argelia—, pero a sus excolonias africanas las amarra con tratados: dependencia armamentística, financiamiento condicionado a comprar productos franceses, y una relación activa con mafias y élites colonizadas que le permite mantener dictaduras afines/corruptas. Mientras, empresas como la ELF se coluden con élites nativas afines/corruptas para exprimir a sus excolonias convertidas en satélites capturadas en una lógica clientelar. El fin del imperio de asentamiento tiene su continuidad en el neocolonialismo de la Françafrique.


El Buen Vivir, una alternativa desde los pueblos originarios

-Después de este recorrido crítico, ¿qué le gustaría que se llevaran los lectores de Imperios Liberales?

-Primero, remarcar que es un libro de acceso abierto, se puede descargar gratis en PDF y ePub: es un proyecto de ETHICS, de la Escuela de Ingeniería y Ciencias de la Universidad de Chile, donde hago clases, con una línea editorial que busca acercar la lectura a la gente (un deber como universidad pública y, al mismo tiempo, una apuesta arriesgada en un país donde un alto porcentaje de personas no comprenden lo que leen).

Segundo, entender que hay temas que parecen difíciles o lejanos, pero la información está disponible, y que la lectura no puede abandonarse: ni la televisión, ni TikTok reemplazan a un buen libro sobre el mismo tema. Y, en términos más puntuales, entender qué es una lectura crítica: ser crítico no es encontrar todo mal, sino asumir que los fenómenos sociales admiten múltiples miradas, y desconfiar de quien reduce un fenómeno sociocultural a una sola variable.

Necesitamos reconsiderar nuestros modelos: Estados Unidos y Francia no son en absoluto un ejemplo de convivencia democrática y social, ni tampoco internacional. La pregunta es si, después de todo este tiempo, vamos a seguir mirando hacia proyectos externos —construidos, además, contra el Sur Global— para buscar ahí nuestras soluciones o modelos.

-Usted habla en el libro de una alternativa latinoamericanista: el Buen Vivir de los pueblos originarios. ¿En qué consiste esa perspectiva?

-Quiero aclarar que no se trata de una xenofobia ideológica contra el mundo moderno: hay cosas que me fascinan, como la libertad de conciencia o ciertas estructuras democráticas. Tampoco quiero idealizar el mundo indígena, que hoy está de moda, casi como si ser mapuche o aimara fuera la solución a todo.

Dicho eso, la sociedad americana tiene al menos entre 25.000 y 30.000 años, desde que los primeros grupos humanos cruzan por Beringia, con formas de organización sociopolítica distintas a las occidentales. Si no hubieran llegado los invasores españoles, por así decirlo, quizás hoy en Chile seríamos incas, con un Estado en cierto sentido benefactor, relaciones socioeconómicas ligadas al parentesco y una cultura cotidiana de respeto y resguardo de la naturaleza, entre otras posibilidades que surgen de la milenaria tradición andina.

Ahí está el Buen Vivir andino: la idea de mantener una existencia comunitaria armónica, donde esa comunidad incluye a los antepasados, los espíritus, la naturaleza y los seres humanos. En todo caso, esa idea de convivencia buena se puede encontrar también en otros pueblos indígenas de Sudamérica: entre los mapuches, guaraníes, pueblos amazónicos, etc.

Yo no creo en la Pachamama ni en que mis antepasados siguen presentes social y espiritualmente, pero me parece que esos pueblos lograron construir, en sus culturas, en la vida cotidiana, una forma de convivencia armónica. Más allá de los conflictos internos y con otros grupos, era una idea deseable y que se intentaba recrear en la vida cotidiana institucionalmente (no era un deseo de individuos aislados o marginales).

Eso sí, hay que decirlo con cuidado: a la fecha el Buen Vivir ha sido, sobre todo, una discusión de intelectuales blancos o mestizos, más que de las propias comunidades indígenas. No estoy desmereciendo ese esfuerzo, pero también hay que aclararlo.

-¿Qué lugar le da a esa alternativa frente al proyecto liberal occidental?

-Como mestizo, ideológicamente al menos, creo que el siglo XX nos enseñó que ni el totalitarismo estatal ni el libre mercado bastan como soluciones. Tenemos que buscar otro camino y convencernos de que no existen recetas únicas, sino proyectos que pueden construirse desde distintos lugares y con la efectiva participación de las personas.

Insisto en que no quiero satanizar la modernidad, que tiene cosas muy interesantes, ni idealizar el mundo indígena. Pero creo que el Buen Vivir andino, mapuche y amazónico sí tuvo logros sociales tangibles, mucho más concretos que la promesa de "libertad, igualdad y fraternidad" francesa o la idea estadounidense de hombres creados libres por su dios para ser felices.


"No hay nada de heroico en los imperios"

-Para cerrar, ¿cómo resumiría la idea central del libro?

-Que no hay nada de heroico en los imperios. Todas esas películas de héroes blancos que luchan contra "salvajes" o gente malvada que los atacan son, en realidad, películas de invasores enfrentando a combatientes que quieren liberar su nación, su pueblo, su patria. Ahí no hay nada heroico: detrás de la historia contada desde la civilizada perspectiva occidental se esconden crímenes terribles: expolios descarados, desplazamientos forzados, campos de concentración, torturas y asesinatos masivos, eliminación de culturas.

Eso es el imperialismo, y el liberalismo que lo acompaña lo reproduce y lo necesita. No tiene nada de liberador para los pueblos sometidos. Y todo eso sigue vivo, ahora a través del neocolonialismo: en África o en Asia Occidental (cuyo nombre imperial perdura y domina: Medio Oriente) no hay ningún problema en bombardear —ya no llevan tropas, porque sale muy caro—, pero ahí están Afganistán e Irak: Estados Unidos no aprende y lo sigue haciendo. Lo mismo Francia, pero a menor escala.


NOTAS DEL BLOG:

[1] Debiera decir Groenlandia, a pesar de que, como se expone en el libro, una ley estadounidense contiene un artículo que señala la posibilidad de invadir La Haya si se detiene y juzga a algún nacional o aliado [léase israelíes]: se trata de "'Ley de Protección de los Militares Estadounidenses' presentada por George Bush hijo, en 2002, la cual contiene una 'cláusula de invasión de La Haya', por la cual, como señala Human Rights Watch, se 'autoriza el uso de la fuerza militar para liberar a cualquier estadounidense o ciudadano de un país aliado de Estados Unidos que se encuentre detenido por la Corte, que tiene su sede en La Haya'" (p. 83).

[2] Dejamos una selección de los discursos de Barak Obama (segundo periodo), Donald Trump (primer periodo) y Joe Biden; y el del segundo período de Trump.

[3] Como se señala en el libro, el concepto Françafrique hace referencia a una "actitud francesa, si no cuestionable, a lo menos sospechosa o derechamente mafiosa, para mantener su dominio y la dependencia africana (...). Se trata de la conjunción de una estrategia geopolítica y de negociados (...). Se explica, entonces, el término Françafrique por su guiño fonético a 'fric', que en francés significa dinero en efectivo, el cual se extrae de África para dirigirlo a la metrópoli" (p.: 237).





* Publicado en El Desconcierto, 25.07.26. El presente texto fue revisado para agregar algunos pocos tópicos o énfasis que Gino Stock dejó fuera de la redacción final publicada.


⇨ También puedes acceder al podcast "Andrés Monares comenta su libro Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia", una conversación publicada por Radio Nuevo Mundo (17.06.26) entre la periodista Bárbara Figueroa y el autor.

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