Venta libros "Oikonomía" y "Reforma e Ilustración"




Oikonomía. Economía Moderna. Economías
Oferta sólo venta directa: $ 12.000.- (IVA incluido)

2da. edición - Ediciones ONG Werquehue - 2020
ISBN: 978-956-402-214-7
516 pp. / 16x23 cm. / Encuadernación rústica con solapas

Acerca de la economía, en su doble condición de disciplina "científica" y actividad capitalista de mercado, es posible preguntarse: ¿por qué el lucro (ni siquiera la ganancia) cobró mayor relevancia que el trabajo y la producción?, ¿por qué se le considera una 'ciencia' al modo de las ciencias naturales?, ¿por qué la política terminó siendo puesta a su servicio?, ¿ha sido o es el único sistema de sustento viable, correcto, eficiente o benigno?, ¿es un mero sistema técnico o una proyecto que contiene una cultura con sus ideas, moral e instituciones?
Este libro busca contestar las preguntas antedichas desde una perspectiva crítica, que pone en tela de juicio a la "ciencia económica" y al capitalismo de mercado desde la revisión de sus relaciones con lo ético, religioso, cultural, social, filosófico, político e histórico. Para ello se recurre a una mirada transdisciplinaria que busca romper los rígidos límites y el reduccionismo de la economía dominante, en un momento donde urge una revisión de la economía y de lo económico.

Patrocinaron este libro: 
- Federación de Sindicatos del Holding Heineken CCU
- Caritas Chile
- Magíster en Gestión Cultural de la Universidad de Chile
- Magíster en Desarrollo a Escala Humana y Economía Ecológica de la Universidad Austral de Chile
- Escuela de Ingeniería y Ciencias de la Universidad de Chile

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* Para ver video de Coloquio de la Esc. Antropología UDEC sobre el libro: pincha AQUÍ.
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Reforma e Ilustración. Los teólogos que construyeron la Modernidad
Oferta sólo venta directa: $ 12.000.- (IVA incluido)

2da. edición - Editorial Ayun - 2012
ISBN: 978-956-8641-11-5
476 pp. / 
16x23 cm. / Encuadernación rústica con solapas

La Modernidad, la tradición cultural anglosajona post Reforma Protestante, sigue vigente en nuestras ideas, moral, instituciones y, por ende, en nuestras vidas cotidianas. Puntualmente, dicha tradición tiene como principal fundamento intelectual al movimiento de la Ilustración; el que, a su vez, se nutre de la Reforma Protestante en su versión calvinista o reformada.
Este libro expone esas relaciones y su rol en el desarrollo de la ciencia experimental, el derecho y la política, la moral y la economía modernas y en la construcción del mundo contemporáneo. Para ello se trabajan los textos originales de autores como Isaac Newton, John Locke, Adam Smith, Jean-Jacques Rousseau, entre otros, quienes a pesar del tiempo transcurrido son cruciales para explicar y criticar nuestra época.

* Para leer el Índice y Presentación del libro: pincha AQUÍ.
* Para ver video de Coloquio de la Carrera de Sociología UCEN sobre el libro: pincha AQUÍ.



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1 Oikonomía + 1 Reforma por $ 22 mil (IVA incluido)

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Reagan, Thatcher y la creación de un mito




El gobierno de José Kast, desde su ortodoxia económica, ha planteado la necesidad de un duro ajuste fiscal. Ha anunciado que pretende bajarle impuestos a las grandes empresas al tiempo que proponen recortar diversos programas sociales y transferirle todo el costo de la subida del precio de los combustibles (que implica la subida del precio de todos productos que dependen de la cadena de distribución que utiliza dichos combustibles) a la población.

Mientras tales anuncios han despertado entusiasmo entre el gran empresariado, a su vez, han sido criticados por un amplio abanico de economistas libremercadistas. La causa es simple y es técnica; no política ni ética: la literatura especializada no da cuenta de experiencias en que la baja de impuestos a los más ricos se refleje en un aumento de la inversión y de puestos de trabajo.

El equipo económico de Kast no tiene problema para reemplazar el mundo real y sus complejidades por el irreal y ramplón "enfoque económico" ortodoxo. Para ellos y sus codiciosos fans del gran empresariado, la fantasía del ajuste automático se cumple como inexorable consecuencia del predeterminismo mecanicista al que creen que está sometida la especie humana.

Por si no fuera suficiente, a ese craso error se le suma que los ortodoxos asumen su voluntarismo como "ciencia" sin siquiera darse cuenta de lo ideologizados que son... Y ni hablar de pensar en las consecuencias sociales de sus políticas.


§§§


Chile hoy no es la economía que algunos siguen imaginando. Es más concentrada, más financiera y más incierta. Pretender que una rebaja tributaria producirá el mismo efecto que en otro contexto no es análisis económico.


Jessica Cuadros


Hay ideas que sobreviven no porque funcionen, sino porque sirven. La más resistente en la política económica chilena es esta: bajar impuestos a las empresas genera crecimiento.

No es una hipótesis. Es un reflejo.

Y, sin embargo, los dos ejemplos que se invocan para sostenerla —Ronald Reagan y Margaret Thatcher— dicen otra cosa cuando se los mira sin devoción.

En Estados Unidos, las rebajas tributarias de Reagan no se autofinanciaron. Los ingresos cayeron en el corto plazo, el déficit se expandió y la deuda creció. El repunte económico que siguió tuvo tanto que ver con el ciclo monetario posterior a la recesión como con la política tributaria. Dicho sin rodeos: no fue la prueba de que bajar impuestos genera crecimiento, sino de que puede transferir recursos al sector privado mientras el Estado se endeuda.

En el Reino Unido la historia fue distinta, pero la conclusión no. Thatcher no bajó impuestos en bloque: cambió quién los paga. Redujo tasas directas, subió el IVA y otras contribuciones. El resultado no fue un Estado más pequeño, sino un sistema menos progresivo. El crecimiento no despegó de forma excepcional; la desigualdad, sí.

Entonces, ¿qué quedó de ese experimento? El mito.

Un mito útil porque simplifica. Porque convierte una discusión sobre poder económico en una ecuación de incentivos. Porque permite afirmar que basta mover una tasa para que el sistema responda.

El problema es que el sistema no responde así.

Desde Karl Marx hasta Hyman Minsky, la idea es consistente: el capital no invierte porque tenga más dinero, invierte cuando tiene motivos para hacerlo. Y esos motivos no son tributarios; son estructurales: competencia, demanda, expectativas.

Cuando esas condiciones no están —y en Chile muchas veces no están— la rebaja tributaria no activa inversión. Activa otra cosa: el excedente.

Ese es el punto que el debate evita. Toda rebaja de impuestos produce un efecto inmediato —aumenta el excedente— y uno eventual —podría aumentar la inversión—. Entre ambos hay un salto que la política presenta como automático, pero que en la práctica depende de factores que no controla.

Y en el capitalismo actual ese salto rara vez ocurre como se promete.

Porque no estamos en economías ideales. Estamos en economías concentradas, donde no hay urgencia por expandir capacidad, y financiarizadas, donde el excedente puede rentar sin pasar por la producción. Margen, dividendos, activos: el menú es amplio.

Nada de esto es una anomalía. Es la regla.

Por eso, cuando Chile repite el libreto de Reagan y Thatcher, no está replicando un modelo exitoso. Está repitiendo una lectura parcial que omite lo esencial: que Reagan expandió el déficit, que Thatcher redistribuyó la carga y que ninguno demostró que bajar impuestos genera crecimiento sostenido.

Lo que sí demostraron —y esto casi no se dice— es otra cosa: que bajar impuestos redistribuye poder económico de inmediato.

Aquí entra un factor que la discusión técnica suele ignorar: el comportamiento. La economía conductual muestra que las decisiones no responden solo a incentivos, sino a percepciones y confianza. Cuando el sistema se percibe como desigual, la disposición a contribuir cae. Menos legitimidad, más evasión, menos Estado para financiar lo que sí empuja el crecimiento.

Es decir, la política tributaria no solo mueve recursos. Moldea el terreno en que la economía funciona.

Y, en ese terreno, los economistas no son espectadores. Son quienes definen el lenguaje en que se decide. Si el problema se reduce a incentivos, la respuesta será bajar tasas. Si se reconoce la estructura de poder, la discusión cambia.

Chile hoy no es la economía que algunos siguen imaginando. Es más concentrada, más financiera y más incierta. Pretender que una rebaja tributaria producirá el mismo efecto que en otro contexto no es análisis económico.

Es persistencia ideológica.

Por eso, la pregunta relevante no es si bajar impuestos genera crecimiento. La pregunta es más incómoda: ¿qué pasa con el excedente cuando se bajan los impuestos?

Porque hay algo que no admite interpretación. La inversión es incierta. El excedente, no.

Y seguir confundiendo ambos no es un error técnico. Es una elección.



* Publicado en El Mostrador, 03.05.26.

Tres lecciones de Aristóteles sobre la amistad




Emily Katz


Aunque la mayoría de las canciones se inspiran en las alegrías y los sinsabores de las relaciones sentimentales, el amor entre amigos puede ser igual de intenso y complicado. Muchas personas luchan por hacer y mantener amistades, y una ruptura con un amigo íntimo puede ser tan dolorosa como una ruptura con una pareja.

A pesar de estos peligros potenciales, los seres humanos siempre han valorado la amistad. Como escribió el filósofo Aristóteles en el siglo IV a.e.c.: “nadie elegiría vivir sin amigos”, aunque en su lugar pudiera tener todas las demás cosas buenas.

Aristóteles es conocido sobre todo por su influencia en la ciencia, la política y la estética; es menos conocido por sus escritos sobre la amistad. Soy estudiosa de la filosofía griega antigua, y cuando hablo de este tema con mis estudiantes se asombran de que un pensador griego antiguo pueda arrojar tanta luz sobre sus propias relaciones. Pero quizá no debería sorprender: la amistad existe desde que existen los seres humanos.

He aquí, pues, tres lecciones sobre el tema que Aristóteles aún puede enseñarnos.


1. La amistad es recíproca y reconocida

La primera lección procede de la definición que Aristóteles da de la amistad: buena voluntad recíproca y reconocida. A diferencia de la paternidad o la hermandad, la amistad sólo existe si es reconocida por ambas partes. Como dice Aristóteles:
“Conviene, pues, que el uno al otro se tengan buena voluntad y se deseen todo bien, y que esto lo entienda el uno del otro, y esto por alguna de las razones que están dichas”
Aristóteles ilustra este punto con un ejemplo temprano de una relación parasocial –un tipo de relación unilateral en la que alguien desarrolla sentimientos amistosos hacia, e incluso siente que conoce a, una figura pública–. Aristóteles ofrece este ejemplo: un aficionado puede desearle lo mejor a un deportista y sentirse emocionalmente implicado en su éxito. Pero como el atleta no corresponde ni reconoce esta buena voluntad, no son amigos.

Esto es tan cierto hoy como lo era en tiempos de Aristóteles. Piense que ni siquiera puede ser amigo de alguien en Facebook a menos que acepte su solicitud de amistad. En cambio, se puede ser seguidor de alguien en las redes sociales sin que lo reconozca.

Sin embargo, hoy en día quizá sea más difícil distinguir las amistades de las relaciones parasociales. Cuando los creadores de contenidos comparten detalles sobre su vida personal, sus seguidores pueden desarrollar una sensación unilateral de intimidad. Saben cosas sobre el creador que, antes de la llegada de las redes sociales, sólo habría conocido un amigo íntimo.

El creador a su vez puede sentir buena voluntad hacia sus seguidores, pero eso no es amistad. La buena voluntad no es genuinamente recíproca si una parte la siente hacia un individuo mientras que la otra la siente hacia un grupo. De este modo, la definición de amistad de Aristóteles aporta claridad a una situación singularmente moderna.


2. Tres tipos de amistad

A continuación, Aristóteles distingue tres tipos de amistad: la amistad basada en la utilidad, la amistad basada en el placer y la amistad basada en el carácter. Cada una surge de lo que se valora en el amigo: su utilidad, el placer de su compañía o su buen carácter.

Aunque la amistad basada en el carácter es la forma más elevada, sólo se pueden tener unos pocos amigos íntimos. Lleva mucho tiempo conocer el carácter de alguien y hay que pasar mucho tiempo juntos para mantener una amistad así. Como el tiempo es un recurso limitado, la mayoría de las amistades se basarán en el placer o la utilidad.

A veces mis alumnos protestan porque las relaciones utilitarias no son realmente amistades. ¿Cómo pueden ser amigas dos personas que se utilizan mutuamente? Sin embargo, cuando ambas partes entienden su amistad de la misma manera, no se están explotando sino beneficiando mutuamente. Como explica Aristóteles, “las diferencias entre amigos surgen con más frecuencia cuando la naturaleza de su amistad no es la que ellos creen que es”.

Si su compañera de estudios cree que queda con ella porque disfruta de su compañía, mientras que en realidad queda con ella porque es buena explicando cálculo, puede sentirse herida. Pero si los dos entienden que quedan para que usted pueda mejorar su nota en cálculo y ella su nota en redacción de textos, pueden desarrollar buena voluntad y respeto mutuos gracias a las fortalezas de cada uno.

De hecho, la naturaleza limitada de una amistad utilitaria puede ser precisamente lo que la hace beneficiosa. Pensemos en una forma contemporánea de amistad útil: el grupo de apoyo entre iguales. Dado que sólo se puede tener un pequeño número de amistades basadas en el carácter de la gente, muchas personas que sufren traumas o luchan contra enfermedades crónicas no tienen amigos íntimos que estén pasando por estas experiencias.

Los miembros de un grupo de apoyo están en una posición única para ayudarse mutuamente, aunque tengan valores y creencias personales muy diferentes. Estas diferencias pueden significar que las amistades nunca lleguen a basarse en el carácter; sin embargo, los miembros del grupo pueden sentir buena voluntad los unos por los otros.

En resumen, la segunda lección de Aristóteles es que hay un lugar para cada tipo de amistad, y que una amistad funciona cuando existe una comprensión compartida de su origen.


3. La amistad es como estar en forma

Por último, Aristóteles tiene algo valioso que decir sobre lo que hace que las amistades duren. Afirma que la amistad es un estado o disposición que debe mantenerse mediante la actividad: así como la forma física se mantiene haciendo ejercicio regularmente, la amistad se mantiene haciendo cosas juntos. ¿Qué ocurre, entonces, cuando usted y su amigo no pueden dedicarse a actividades juntos? Aristóteles escribe:
“Los amigos que … se separan no son activamente amigos, pero tienen la disposición de serlo. Pues la separación no destruye absolutamente la amistad, aunque impide su ejercicio activo. Sin embargo, si la ausencia se prolonga, parece provocar el olvido del propio sentimiento amistoso”
La investigación contemporánea lo corrobora: la amistad puede persistir incluso sin actividades en común, pero si esto se prolonga demasiado, la amistad se desvanecerá. Podría parecer que el argumento de Aristóteles ha perdido relevancia, ya que las tecnologías de la comunicación –desde el correo postal hasta FaceTime– han hecho posible mantener amistades a grandes distancias.

Pero aunque la separación física ya no suponga el fin de una amistad, la lección de Aristóteles sigue siendo cierta. Las investigaciones demuestran que, a pesar de la tecnología, las personas que redujeron sus actividades durante el primer año de la pandemia de covid-19 experimentaron una disminución correspondiente en la calidad de sus amistades.

Hoy en día, al igual que en la antigua Atenas, los amigos deben mantenerse realizando actividades juntos.

Aristóteles no podría haber imaginado la tecnología actual, la aparición de grupos de apoyo en línea o los tipos de relaciones parasociales que posibilitan las redes sociales. Sin embargo, a pesar de todo lo que ha cambiado el mundo, sus escritos sobre la amistad siguen siendo vigentes.



* Publicado en The Conversation, 31.05.23. Emily Katz es profesora asociada de Filosofía griega antigua en la Michigan State University.

Imperialismo woke


Tire Nichols en el suelo luego de ser golpeado por cinco policías negros el 07.01.23 en Memphis, Tennessee. 


La cultura del despertar (woke), desprovista de conciencia de clase y de compromiso de apoyar a los oprimidos, es otra herramienta en el arsenal del estado imperial de EE.UU.


Chris Hedges


El brutal asesinato de Tire Nichols por parte de cinco policías negros de Memphis debería ser suficiente para hacer estallar la fantasía de que la política de identidad y la diversidad resolverán la decadencia social, económica y política que acosa a Estados Unidos. No solo los ex oficiales son negros, sino que el departamento de policía de la ciudad está dirigido por Cerelyn Davis, una mujer negra. Nada de esto ayudó a Nichols, otra víctima de un linchamiento policial moderno.

Los militaristas, corporativistas, oligarcas, políticos, académicos y conglomerados de medios defienden la política de identidad y la diversidad porque no hace nada para abordar las injusticias sistémicas o el flagelo de la guerra permanente que azota a los EE.UU. 

Es un truco publicitario, una marca, utilizada para enmascarar el aumento la desigualdad social y la locura imperial. Ocupa a los liberales y educados con un activismo boutique, que no solo es ineficaz sino que exacerba la división entre los privilegiados y una clase trabajadora en profundas dificultades económicas. Los que tienen regañan a los que no tienen por sus malos modales, racismo, insensibilidad lingüística y estridencias, mientras ignoran las causas fundamentales de su angustia económica. Los oligarcas no podrían estar más felices.

¿Mejoraron las vidas de los nativos americanos como resultado de la legislación que ordenaba la asimilación y la revocación de los títulos de propiedad tribales impulsada por Charles Curtis, el primer vicepresidente nativo americano? ¿Estamos mejor con Clarence Thomas, que se opone a la acción afirmativa, en la Corte Suprema, o con Victoria Nuland, un halcón de guerra en el Departamento de Estado? Es nuestra perpetuación de la guerra permanente más aceptable porque Lloyd Austin, un afroamericano, es el Secretario de Defensa? ¿Es el ejército más humano porque acepta soldados transgénero? ¿Se mejora la desigualdad social y el estado de vigilancia que la controla porque Sundar Pichai, que nació en India, es el director ejecutivo de Google y Alphabet? ¿Ha mejorado la industria de las armas porque Kathy J. Warden, una mujer, es la directora ejecutiva de Northop Grumman, y otra mujer, Phebe Novakovic, es la directora ejecutiva de General Dynamics? ¿Están mejor las familias trabajadoras con Janet Yellen, quien promueve el aumento del desempleo y la “inseguridad laboral” para reducir la inflación, como Secretaria del Tesoro? ¿Se mejora la industria del cine cuando una directora, Kathryn Bigelow, hace “Zero Dark Thirty”, que es una campaña de propaganda para la CIA ? Eche un vistazo a este anuncio de reclutamiento publicado por la CIA. Resume lo absurdo de dónde hemos terminado.

Los regímenes coloniales encuentran líderes indígenas obedientes —“Papa Doc” François Duvalier en Haití , Anastasio Somoza en Nicaragua, Mobutu Sese Seko en el Congo, Mohammad Reza Pahlavi en Irán— dispuestos a hacer el trabajo sucio mientras explotan y saquean los países que controlan. Para frustrar las aspiraciones populares de justicia, las fuerzas policiales coloniales llevaron a cabo rutinariamente atrocidades en nombre de los opresores. 

Los luchadores indígenas por la libertad que luchan en apoyo de los pobres y los marginados suelen ser expulsados ​​del poder o asesinados, como fue el caso del líder independentista congoleño Patrice Lumumba y el presidente chileno Salvador Allende. Asesinan a tiros al jefe lakota Toro Sentado por miembros de su propia tribu, que sirvieron en la fuerza policial de la reserva en Standing Rock. Si estás con los oprimidos, casi siempre terminarás siendo tratado como oprimido. 

Por eso el FBI, junto con la policía de Chicago, asesinó a Fred Hampton y estuvo casi seguro involucrado en el asesinato de Malcolm X, quien se refería a los barrios urbanos empobrecidos como “colonias internas”. Las fuerzas policiales militarizadas en los EE.UU. funcionan como ejércitos de ocupación. Los policías que mataron a Tire Nichols no son diferentes de los de las fuerzas policiales coloniales y de reserva.

Vivimos bajo una especie de colonialismo corporativo. Los motores de la supremacía blanca, que construyeron las formas de racismo institucional y económico que mantienen pobres a los pobres, se oscurecen detrás de atractivas personalidades políticas como Barack Obama, a quien Cornel West llamó “una mascota negra de Wall Street”. Estos rostros de la diversidad son examinados y seleccionados por la clase dominante. Obama fue preparado y promovido por la maquinaria política de Chicago, una de las más sucias y corruptas del país.

“Es un insulto a los movimientos organizados de personas que estas instituciones dicen querer incluir”, me dijo Glen Ford, el difunto editor de The Black Agenda Report en 2018. “Estas instituciones escriben el guión. Es su drama. Ellos eligen a los actores, cualquier cara negra, marrón, amarilla o roja que quieran”.

Ford llamó a quienes promueven la política de identidad “representacionalistas” que “quieren ver a algunos negros representados en todos los sectores de liderazgo, en todos los sectores de la sociedad. Quieren científicos negros. Quieren estrellas de cine negras. Quieren académicos negros en Harvard. Quieren negros en Wall Street. Pero es solo representación. Eso es todo."

El costo cobrado por el capitalismo corporativo a las personas que estos "representacionalistas" afirman representar expone la estafa. Los afroamericanos han perdido el 40 por ciento de su riqueza desde el colapso financiero de 2008 por el impacto desproporcionado de la caída del valor de la vivienda, los préstamos abusivos, las ejecuciones hipotecarias y la pérdida de empleos. Tienen la segunda tasa más alta de pobreza con un 21,7 por ciento, después de los nativos americanos con un 25,9 por ciento, seguidos por los hispanos con un 17,6 por ciento y los blancos con un 9,5 por ciento, según la Oficina del Censo de EE.UU. y el Departamento de Salud y Servicios Humanos. A partir de 2021, los niños negros y nativos americanos vivían en pobreza con 28 y 25 por ciento respectivamente, seguido por niños hispanos con 25 por ciento y niños blancos con 10 por ciento. Casi el 40 por ciento de las personas sin hogar del país son afroamericanos, aunque los negros representan alrededor del 14 por ciento de nuestra población. Esta cifra no incluye a las personas que viven en viviendas deterioradas, hacinadas o con familiares o amigos debido a dificultades económicas. Los afroamericanos son encarcelados a una tasa casi cinco veces mayor que la de los blancos.

La política de identidad y la diversidad permiten a los liberales revolcarse en una superioridad moral empalagosa mientras castigan, censuran y descalifican a quienes no se ajustan lingüísticamente al discurso políticamente correcto. Son los nuevos jacobinos. 

Este juego disfraza su pasividad ante el abuso empresarial, el neoliberalismo, la guerra permanente y el cercenamiento de las libertades civiles. No se enfrentan a las instituciones que orquestan la injusticia social y económica. Buscan hacer más aceptable a la clase dominante. Con el apoyo del Partido Demócrata, los medios liberales, la academia y las plataformas de redes sociales de Silicon Valley, satanizan a las víctimas del golpe de Estado corporativo y desindustrialización. Hacen sus principales alianzas políticas con aquellos que abrazan la política de identidad, ya sea que estén en Wall Street o en el Pentágono. Son los idiotas útiles de la clase multimillonaria, cruzados morales que amplían las divisiones dentro de la sociedad que los oligarcas gobernantes fomentan para mantener el control.

La diversidad es importante. Pero la diversidad, cuando carece de una agenda política que luche contra el opresor en nombre de los oprimidos, es un escaparate. Se trata de incorporar a un minúsculo segmento de los marginados de la sociedad en estructuras injustas para perpetuarlos.

Una clase que enseñé en una prisión de máxima seguridad en Nueva Jersey escribióCaged”, una obra de teatro sobre sus vidas. La obra se presentó durante casi un mes en The Passage Theatre en Trenton, Nueva Jersey, donde se agotaron casi todas las noches. Posteriormente fue publicado por Haymarket Books. Los 28 estudiantes de la clase insistieron en que el oficial penitenciario de la historia no fuera blanco. Eso fue demasiado fácil, dijeron. Esa fue una finta que permite a la gente simplificar y enmascarar el aparato opresivo de los bancos, las corporaciones, la policía, los tribunales y el sistema penitenciario, todos los cuales hacen contrataciones de diversidad. Estos sistemas de explotación y opresión internas deben ser atacados y desmantelados, sin importar a quién empleen.

Mi libro, Nuestra Clase: trauma y Transformación en una Prisión Estadounidense, utiliza la experiencia de escribir la obra para contar las historias de mis alumnos y transmitir su comprensión profunda de las fuerzas e instituciones represivas dispuestas contra ellos, sus familias y sus comunidades. Puede ver mi entrevista en dos partes con Hugh Hamilton sobre Nuestra clase aquí y aquí.

La última obra de August Wilson , “Radio Golf”, predijo hacia dónde se dirigían las políticas de diversidad e identidad desprovistas de conciencia de clase. En la obra, Harmond Wilks, un desarrollador de bienes raíces educado en la Ivy League, está a punto de lanzar su campaña para convertirse en el primer alcalde negro de Pittsburgh. Su esposa, Mame, aspira a convertirse en la secretaria de prensa del gobernador. Wilks, navegando por el universo de privilegios, tratos comerciales, búsqueda de estatus y el juego de golf del club de campo del hombre blanco, debe desinfectar y negar su identidad. Roosevelt Hicks, quien había sido compañero de habitación de Wilk en la universidad de Cornell y es vicepresidente de Mellon Bank, es su socio comercial. Sterling Johnson, cuyo vecindario Wilks y Hicks están presionando para que la ciudad se declare arruinada para poder demolerla para su proyecto de desarrollo multimillonario, le dice a Hicks:
"¿Sabes lo que eres? Me llevo un rato resolverlo. Eres un negro. Los blancos se confundirán y te llamarán negro, pero no saben como yo sé. Sé la verdad. soy un negro Los negros son lo peor en la creación de Dios. Los negros tienen estilo. Los negros tienen ceguera. Un perro sabe que es un perro. Un gato sabe que es un gato. Pero un negro no sabe que es negro. Cree que es un hombre blanco."
Terribles fuerzas depredadoras están carcomiendo el país. Los corporativistas, militaristas y políticos mandarines que les sirven son el enemigo. No es nuestro trabajo hacerlos más atractivos, sino destruirlos. Hay entre nosotros auténticos luchadores por la libertad de todas las etnias y orígenes cuya integridad no les permite servir al sistema de totalitarismo invertido que ha destruido nuestra democracia, empobrecido a la nación y perpetuado guerras interminables.

La diversidad cuando sirve a los oprimidos es una ventaja, pero una estafa cuando sirve a los opresores.


Meme ironizando sobre el gobierno de Joe Biden.



* Publicado en Scheerpost, 05.02.23. Chris Hedges es un periodista y ganador del Premio Pulitzer que se desempeñó como corresponsal del The New York Times y fue Jefe de la Oficina de Oriente Medio y de los Balcanes del periódico.

Sí, el sionismo ha llegado a ser parte del judaísmo "oficial"




Dado que la comunidad judía estadounidense [lo mismo que cualquier comunidad judía sionista de cualquier país] no ha demostrado la mínima capacidad moral para denunciar el genocidio, no puedo tomar en serio la preocupación por el supuesto antisemitismo pro palestino, ya que parece ser simplemente una estrategia para ayudar e instigar los crímenes de Israel.


Joseph Levine


Existe un cliché estándar que se ha repetido durante años, incluso décadas, pero que se ha acentuado mucho desde el ataque del 7 de octubre de 2023 por parte de Hamás y el consiguiente ataque genocida contra el pueblo de Gaza, junto con la intensificación de la limpieza étnica y la expansión territorial en Cisjordania, Líbano y ahora Siria. Este cliché comienza con una protesta o comentario que acusa a Israel de diversos crímenes contra los palestinos, quizás incluso un ataque directo a la ideología sionista. La respuesta consiste en tachar la protesta, el comentario o el recurso de "antisemita"

La respuesta pro-palestina a esto consiste en cuestionar la asimilación del judaísmo y el sionismo, insistiendo en la importante diferencia entre los ataques verbales racistas contra los judíos y las críticas políticas legítimas a Israel. Es más, según la respuesta pro-palestina, el antisemitismo es un problema real en el mundo, y explotar su amenaza para exonerar a Israel solo sirve para socavar la importante lucha contra él.

Por supuesto, todo lo afirmado en esa respuesta pro-Palestina a la acusación de antisemitismo es correcto. En particular, el antisemitismo es obviamente moralmente incorrecto, una forma de racismo, y su auge general durante este período de populismo de derecha es preocupante, similar a la forma en que lo es la animadversión hacia los inmigrantes, los musulmanes, las personas de color, las personas queer y otros blancos predilectos del odio [1]. 

Sin embargo, independientemente de cuán moral y factualmente correcto sea (aunque matizaré esto un poco más adelante), defenderse constantemente de la acusación de antisemitismo es estar constantemente a la defensiva. Sitúa a la comunidad judía estadounidense [y a cualquier comunidad judía sionista de cualquier país][2] únicamente en el papel de víctima y centra sus preocupaciones y temores, marginando así las preocupaciones y temores exponencialmente mayores de los palestinos y los árabes en general.

Es hora de que el movimiento pro-Palestina deje de “jugar a la defensiva” en la cuestión del antisemitismo.

¿Cómo sería "jugar a la ofensiva"? Básicamente, en lugar de ver a la comunidad judía estadounidense [y a cualquier comunidad judía sionista de cualquier país] principalmente como víctimas del odio como consecuencia de las acciones de Israel, se la puede ver como cómplices del Estado de Israel, como agentes activos del genocidio y la limpieza étnica.

Por supuesto, al hablar de "la comunidad judía" en este contexto, no me refiero a todos los judíos individuales ni siquiera a todas las organizaciones judías. Me refiero más bien a las organizaciones e instituciones que representan la corriente principal de la vida judía organizada en Estados Unidos, junto con sus miembros y seguidores, aquellos individuos que ven su identidad judía expresada a través de estas organizaciones. Me refiero a organizaciones como las Federaciones Judías, las principales afiliaciones religiosas, el Comité Judío Americano, la Liga Antidifamación, los Hillels universitarios, los Centros Comunitarios Judíos, los diversos Consejos de Relaciones con la Comunidad Judía, etc. Para abreviar, permítanme llamar a la comunidad objetivo la "Comunidad Judía Establecida [Establishment en el original" o EJC [3].

Cuando oigo voces en el EJC expresando sus temores de antisemitismo, sobre todo en el contexto de las protestas contra el genocidio israelí, mi impulso no es defender de inmediato cada cántico o lema de la acusación, sino más bien contraatacar:
"¿Cómo es posible que centren sus temores y preocupaciones en la 'seguridad judía', cuando su gente en Israel, con la que se identifican tan fuertemente que un ataque contra ellos se percibe como un ataque contra ustedes mismos, está cometiendo crímenes tan moralmente depravados, incluso 'nazis'? ¿No les da vergüenza?"
Incluso si se admitiera que algunas reacciones al comportamiento de Israel están teñidas de antisemitismo, o incluso son abiertamente antisemitas, yo, por mi parte, estoy dispuesto a abordar ese tema solo después de escuchar una expresión de indignación por los crímenes israelíes y cómo se llevan a cabo en nombre del pueblo judío

Después de que nos unamos para detener el horror, tendremos tiempo para abordar cualquier manifestación de antisemitismo dentro del movimiento, si es que la ha habido.

Es típico que quienes protestan contra el genocidio israelí se enfrenten a un "Pero antes de continuar, ¿condenan a Hamás?". Es hora de que cambiemos esa situación y exijamos a quienes expresan preocupación por el antisemitismo en el movimiento pro-Palestina: "Antes de decir una palabra más, ¿condenan a Israel?".

A menos que muestres la mínima capacidad moral para denunciar el genocidio cometido por tu propio pueblo, ¿cómo puedes ser tomado en serio respecto a los supuestos pecados morales cometidos contra ti y tu pueblo? Es más, a menos que enfatices tu oposición e indignación por los horrores cometidos en tu nombre, tus quejas sobre el antisemitismo de quienes sí se oponen al genocidio solo sirven para incitarlo, convirtiéndote no solo en moralmente obtuso por ignorar este crimen monstruoso, sino también en cómplice activo de él.


El sionismo y la identidad judía

Esta idea de tomar la ofensiva conecta con otra fuente de incomodidad que he tenido durante algún tiempo con las respuestas estándar del movimiento pro-Palestina a las acusaciones de antisemitismo. Ahora es un argumento estándar en el otro lado equiparar el antisionismo con el antisemitismo, con el argumento de que el sionismo es una parte integral del judaísmo o la identidad judía. Entonces, si acusas al sionismo de ser racista, entonces estás siendo acusado de decir que el judaísmo, o los judíos colectivamente, son inherentemente racistas. 

La respuesta pro-Palestina, con la que me siento cada vez más incómodo, se resiste a la incorporación del sionismo al judaísmo, insistiendo en que el judaísmo en sí mismo, como religión e identidad, es independiente de la doctrina política del sionismo. Por lo tanto, criticar al sionismo como racista, o colonialista, o algo similar, no implica ninguna crítica al judaísmo ni al pueblo judío.

Por supuesto, hay mucho que decir a favor de esta reivindicación independentista. Yo mismo, criado en un hogar estrictamente ortodoxo y asistido a una yeshivá [escuela religiosas judía] durante muchos años, puedo dar fe de que el sionismo nunca se consideró parte integral de nuestra fe ni de nuestra identidad. De hecho, si bien nuestra lealtad siempre estuvo con «los judíos» cuando se producía un conflicto militar entre Israel y «los árabes», el sionismo en sí mismo se consideraba una ideología herética

De igual manera, dentro de las tendencias más modernas del judaísmo, existe una sólida historia de oposición al sionismo durante su desarrollo, desde finales del siglo XIX hasta buena parte del XX. (Véase El umbral de la disidencia: una historia de los críticos judíos estadounidenses del sionismo de Marjorie Feld y Nuestra cuestión palestina: Israel y la disidencia judía estadounidense, 1948-1978 de Geoffrey Levin).

Pero no quiero insistir en la reivindicación de la independencia como principal respuesta a la acusación de que el antisionismo es antisemitismo, por dos razones: primero, no creo que nadie esté realmente en posición de decir qué es y qué no es esencial para el judaísmo y la identidad judía, como tampoco lo es para otras religiones e identidades. Segundo, y más importante aún, aunque fuera cierto que el sionismo es esencial para el judaísmo, eso no convierte los ataques contra el sionismo en antisemitas.

Respecto al primer punto, a menos que uno insista en que su propia visión de la religión/identidad está sancionada por Dios y es eterna, debe reconocer que las religiones cambian y se desarrollan con el tiempo, respondiendo a las nuevas circunstancias que se desarrollan a lo largo de la historia. Así pues, si bien los activistas del JVP [Voces Judías por la Paz] tienen razón al insistir en que su judaísmo no solo es independiente del sionismo, sino que se opone rotundamente a él, no entiendo cómo pueden afirmar que el judaísmo de otros no está íntimamente ligado al sionismo

Las religiones y los pueblos no tienen esencias ocultas independientes de las creencias y prácticas de quienes los componen. Si un grupo de judíos tiene creencias y adopta prácticas que incorporan el sionismo a su judaísmo, ¿quién puede decir que se equivocan?

De hecho, si bien los libros citados anteriormente dejan claro cuánta oposición judía al sionismo existió hasta mediados del siglo XX, también demuestran hasta qué punto el sionismo "colonizó" con éxito todas las organizaciones judías tradicionales en Estados Unidos (y también en Europa, como se mencionó anteriormente) desde entonces. 

Por ejemplo, a principios de la década de 1950, el Comité Judío Americano (AJC), una de las instituciones judías estadounidenses más importantes, financió un proyecto del politólogo Don Peretz para investigar el destino de los refugiados palestinos a partir de 1948, expresando preocupación por su bienestar. Operativos políticos israelíes, como se documenta en el libro de Geoffrey Levin, frustraron ese esfuerzo, asegurándose de que su informe nunca viera la luz. Pero no fue hasta después de la guerra de 1967 que el AJC abandonó su designación oficial de "no sionista" y abrazó plenamente el sionismo.

La historia de la transformación del AJC, desde su distanciamiento crítico del sionismo hasta su plena adhesión, es la historia de la comunidad judía estadounidense en general. Desde las principales instituciones nacionales hasta casi todas las sinagogas [4], el sionismo está íntima e intrincadamente entrelazado con los demás principios y prácticas de su fe. Una de las manifestaciones más evidentes de este fenómeno es el hecho de que la bandera israelí ostenta un lugar destacado junto a la bandera estadounidense en la fachada de la mayoría de las sinagogas y templos.

He aquí una forma en que suelo pensar en la relación entre la comunidad judía (de nuevo, con las salvedades mencionadas anteriormente sobre a quiénes incluyo en esta categoría) e Israel, el Estado judío. Es común pensar en la noción de pueblo como una extensión, o una ampliación, de la noción de familia. Así como existen principios morales universales que rigen los derechos y obligaciones de cada ser humano, existen derechos y obligaciones especiales reservados para las amistades cercanas y las relaciones familiares. Uno puede, entonces, extender estas relaciones morales especiales, o similares, a los miembros del mismo pueblo, a sus compatriotas. Así, aunque la mayoría de los miembros de la comunidad judía estadounidense se indignaron con razón por el asesinato de personas negras en la iglesia de Charleston hace unos años, sintieron un horror y una empatía especiales por el ataque terrorista contra la sinagoga del Árbol de la Vida en Pittsburgh. La sensación es que, en este último caso, no fue solo un crimen contra las personas, sino un crimen contra nuestro pueblo.

Entiendo este sentimiento (aunque no lo comparto, soy más bien cosmopolita en este tema) y no me opongo. Pero para ser moralmente coherente, si uno extiende la preocupación que siente por sus familiares a los miembros de su pueblo, también debe extender su sentido de responsabilidad por las acciones de sus familiares a las de su pueblo.

Desde esta perspectiva, se podría considerar a Israel, en cierto sentido, como el proyecto familiar judío, compartido entre la comunidad judía en Israel y la comunidad judía en la diáspora. Así pues, cuando los judíos estadounidenses se sienten atacados por la estridente retórica política contra Israel mientras este continúa su genocidio contra los palestinos, ¿por qué no se sienten también responsables de hacer todo lo posible para detenerlo? Si un ataque contra Israel es automáticamente un ataque contra ti, entonces ¿por qué un ataque de Israel no es automáticamente un ataque tuyo?

Aun así, podría existir una preocupación persistente de que si de hecho el sionismo es parte integral del judaísmo practicado por el EJC, los ataques al sionismo contarían como antisemitas, y esto me lleva al segundo punto mencionado anteriormente. Permítanme dejar esa preocupación a un lado. 

Como he argumentado en otra parte, la apelación a la identidad como base para la inmunidad a la crítica es una perversión del estatus moral de la identidad. Los ataques a alguien simplemente por su identidad son ciertamente incorrectos y racistas (en el sentido más amplio del término). Pero los ataques a ciertas creencias y prácticas basadas en principios morales universales no solo están permitidos, sino que son obligatorios, y no es una defensa decir que estas creencias y prácticas son esenciales para la propia identidad. 

Son incorrectos, pura y simplemente, y no se pueden evadir las demandas de la justicia, que, como dice Rawls, es la "primera virtud de las instituciones sociales", apelando a las reivindicaciones de la identidad. En pocas palabras, en el ámbito moral la justicia triunfa sobre la identidad.

Concluyo reiterando y ampliando un punto planteado al principio. No se trata solo de que los miembros del EJC exhiban una brújula moral perversa al desafiar las protestas contra Israel, calificándolas de antisemitas. Más bien, como mencioné anteriormente, esto los convierte en agentes activos, colaboradores del gobierno israelí, en la implementación del genocidio, la limpieza étnica y la represión general de los derechos humanos y nacionales palestinos por parte de Israel

Israel no puede cometer atrocidades a la escala que hemos visto sin un apoyo estadounidense verdaderamente masivo. Ese apoyo se mantiene y protege celosamente gracias a la también verdaderamente masiva intervención del EJC en el panorama político estadounidense. (Vea aquí cómo incluso los miembros de alto rango del mundo Trump no están exentos de su disciplina).

Imaginen si fuera al revés. Imaginen si las sinagogas y templos tradicionales, el AJC y la ADL, mientras mantenían su vigilancia contra el antisemitismo, gritaran a viva voz que este horror desatado por Israel contra un pueblo indefenso debe cesar, que no debe llevarse a cabo en su nombre y que se niegan a brindarle su apoyo político y financiero. Si eso hubiera sucedido una vez que el alcance de las atrocidades israelíes fue evidente después del 7 de octubre (desde muy temprano), se habrían detenido hace mucho tiempo. 

Solo después de ver ese tipo de respuesta estaré dispuesto, por mi parte, a preocuparme por el antisemitismo en la izquierda. Hasta entonces, ¡cállense!


NOTAS

[1] Sin embargo, hay una diferencia importante: los demás grupos mencionados son marginados y relativamente débiles dentro de la sociedad estadounidense, pero es absurdo decir lo mismo de la comunidad judía estadounidense. Me estremezco cada vez que algún progresista menciona la frase «judíos y otros grupos marginados», una frase que escucho mucho últimamente. ↩︎

[2] Seguiré hablando aquí de la comunidad judía estadounidense, aunque mucho de lo que tengo que decir se aplica también a las comunidades judías de Europa occidental. ↩︎

[3] Excluyo específicamente a las personas de origen judío que no participan activamente en ninguna de estas organizaciones, no pertenecen a una sinagoga y, en general, no consideran su identidad judía un parámetro crucial de su identidad y estilo de vida. También excluyo, por razones obvias, a quienes se identifican activamente como judíos, pero que protestan activamente contra la negación de los derechos palestinos por parte de Israel y el apoyo occidental a la misma, como los miembros de Jewish Voice for Peace, If Not Now y otros grupos similares. ↩︎

[4] Excluyendo a los de la comunidad haredí, a quienes no eximo de responsabilidad como colaboradores del genocidio, pero su caso tiene un carácter muy diferente al del resto de la comunidad judía estadounidense. ↩︎



* Publicado en Mondoweiss, 05-04-25. Joseph Levine es un filósofo judío estadounidense.

Irán ha diseñado una guerra que Estados Unidos no puede ganar




La defensa mosaico distribuye la autoridad operativa en múltiples nodos, permitiendo al sistema mantener su continuidad.


Xavier Villar


La mayoría de los análisis sobre la estrategia defensiva iraní, particularmente en torno al concepto de defensa mosaico, tienden a centrarse casi exclusivamente en la dimensión óntica del conflicto: inventario de misiles, capacidades de drones o profundidad geográfica Este enfoque produce lecturas incompletas que dejan fuera los elementos que permiten comprender la coherencia del sistema iraní. La estrategia aparece entonces como una suma de capacidades, desvinculada del marco político que le otorga sentido.

Este sesgo analítico parte de una premisa implícita: que toda racionalidad estratégica puede traducirse en términos de eficiencia operativa. Sin embargo, en este caso, la defensa no puede separarse del principio que organiza su existencia. La seguridad no se define únicamente por la protección del territorio, sino por la continuidad de un orden político-teológico que articula legitimidad e identidad.

Para comprender la estrategia de Irán es indispensable partir de esta premisa: la seguridad se configura como una práctica destinada a garantizar la continuidad del sistema. Desde esta óptica, la acción estratégica no se orienta únicamente a neutralizar amenazas externas; se define por su capacidad de sostener y reproducir ese orden a lo largo del tiempo.

La Guardia Revolucionaria Islámica actúa como una estructura que articula múltiples niveles de poder en un mismo sistema operativo. No se trata de un “centro” que emite órdenes hacia una periferia pasiva, sino de una red en la que el poder circula entre nodos interdependientes. La autoridad no se concentra en un único punto vulnerable, sino que se distribuye a lo largo de múltiples capas que interactúan entre sí.

Este punto es crucial. La guerra moderna, tal como la concibe Occidente, sigue obsesionada con los centros de gravedad: líderes, infraestructuras, nodos de comunicación. La idea es simple: si el centro cae, el sistema colapsa. Irán ha diseñado su arquitectura precisamente para desactivar esa lógica. No hay un único centro que, al ser destruido, produzca el derrumbe del conjunto. Hay múltiples centros funcionales que pueden absorber daño y redistribuir capacidades.

La fuerza Basij extiende esta lógica al plano social. Su presencia permite que la defensa no se limite al ámbito militar, sino que se integre en la sociedad. Esto transforma cualquier agresión en un fenómeno que no es únicamente militar, sino también social y político. La separación entre frente y retaguardia pierde nitidez.

La guerra iniciada el 28 de febrero ilustra esta estructura. Los primeros ataques buscaron precisamente lo que Occidente entiende como decisivo: eliminar mandos, destruir radares, neutralizar infraestructuras críticas. La expectativa era clara: sin centros, el sistema colapsa. Sin embargo, la respuesta fue distinta. En lugar de una parálisis, se produjo una redistribución. Las funciones se reasignaron, los mandos fueron reemplazados y la operatividad se mantuvo. El sistema no se desmoronó; se reorganizó.


Difusión, desgaste y guerra sin centro

Aquí aparece el concepto clave: nodos en lugar de centros. En una arquitectura de este tipo, el poder no reside en un punto único, sino en la relación entre múltiples puntos. Cada nodo puede funcionar de manera autónoma dentro de un marco compartido, pero también puede reconectarse con otros nodos cuando es necesario. La destrucción de un nodo no compromete el sistema; simplemente reconfigura su equilibrio interno.

Este diseño no es accidental. Es el resultado de una comprensión precisa de cómo operan los adversarios. Las fuerzas occidentales privilegian ataques de precisión dirigidos a nodos estratégicos: líderes, centros de mando, infraestructuras críticas. Pero si el sistema está diseñado para resistir la eliminación de esos nodos, la eficacia de ese tipo de guerra disminuye de forma radical. La destrucción deja de ser sinónimo de victoria.

Esta lógica altera también la teoría de la disuasión. El principio clásico sostiene que el miedo a la escalada impide el conflicto. Sin embargo, en este caso, la escalada puede ser racional desde el punto de vista iraní. Si el sistema está diseñado para resistir, no escalar puede ser más costoso que hacerlo. La supervivencia no depende de evitar el conflicto, sino de sostenerlo bajo condiciones controladas.

En ese sentido, la estrategia iraní se acerca más a una forma de guerra prolongada que a un enfrentamiento convencional. No busca una victoria inmediata, sino erosionar la capacidad del adversario para sostener el esfuerzo. La pregunta no es quién gana, sino quién resiste más tiempo. Y en ese terreno, las democracias occidentales parten con desventaja estructural.

El Golfo introduce una dimensión adicional. Las potencias regionales tienen capacidad militar, pero no determinan el equilibrio estratégico. Su implicación puede ampliar el conflicto, pero no resolverlo. De hecho, puede intensificarlo. La escalada regional incrementa el coste global y desplaza el conflicto hacia una lógica de presión económica.

Aquí entra en juego el componente energético. El transporte de petróleo a través del Estrecho de Ormuz es un punto de vulnerabilidad sistémica para la economía global. Interrumpir o condicionar ese flujo no implica ganar la guerra, pero sí modificar el entorno en el que se desarrolla. Es una forma de presión indirecta, coherente con la lógica de guerra distribuida. El uso de medios relativamente baratos —drones, minas marinas, misiles de corto alcance— obliga al adversario a sostener dispositivos defensivos costosos. La guerra se desplaza así hacia una dinámica en la que el tiempo y los recursos adquieren un peso central.


Decapitación estratégica y la transformación del conflicto

En Washington, sin embargo, persiste la idea de que una victoria decisiva es posible. La eliminación de capacidades militares, el debilitamiento de infraestructuras o la presión externa se interpretan como pasos hacia un colapso interno. Pero esta expectativa descansa en una premisa discutible: que el sistema es frágil. La evidencia sugiere lo contrario.

La cuestión central no es si el sistema iraní puede ser debilitado, sino si puede ser desactivado. Y todo indica que está diseñado precisamente para evitar ese escenario. No depende de un único punto de fallo. No se basa en una jerarquía rígida. No necesita un centro para funcionar.

La guerra, en este contexto, deja de ser un enfrentamiento entre centros y se convierte en una interacción entre redes. Los centros siguen existiendo, pero su función se reduce. Lo decisivo es la capacidad de los nodos para sostener la coherencia del sistema bajo presión.

Esto redefine la noción misma de victoria. Si un sistema puede seguir funcionando después de perder partes clave, entonces la destrucción deja de ser un criterio suficiente. La victoria no puede medirse únicamente en términos de daño infligido. Debe evaluarse en términos de transformación política. Y en ese terreno, el resultado es mucho más incierto.

EE.UU. e Israel conservan una capacidad significativa de destrucción. Pero destruir no es lo mismo que ganar. Irán, por su parte, ha sido configurado para resistir sin necesidad de imponerse en términos convencionales. En ese equilibrio asimétrico, la ausencia de victoria del adversario se convierte en una forma de ventaja.

En última instancia, este conflicto confirma un cambio más amplio en la naturaleza de la guerra. Las grandes campañas decisivas del siglo XX han dado paso a conflictos más prolongados, menos concluyentes y más difusos. La doctrina mosaico no es una anomalía. Es una adaptación a ese nuevo entorno.

La guerra ya no gira en torno a centros que colapsan. Gira en torno a redes que persisten. Y en ese escenario, la capacidad de resistir puede ser más decisiva que la capacidad de destruir. Porque en este tipo de conflicto, la victoria no se define por ganar. Se define por no desaparecer.



* Publicado en Diario Red, 25.03.26.

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