Venta libros "Oikonomía" y "Reforma e Ilustración"




Oikonomía. Economía Moderna. Economías
Oferta sólo venta directa: $ 12.000.- (IVA incluido)

2da. edición - Ediciones ONG Werquehue - 2020
ISBN: 978-956-402-214-7
516 pp. / 16x23 cm. / Encuadernación rústica con solapas

Acerca de la economía, en su doble condición de disciplina "científica" y actividad capitalista de mercado, es posible preguntarse: ¿por qué el lucro (ni siquiera la ganancia) cobró mayor relevancia que el trabajo y la producción?, ¿por qué se le considera una 'ciencia' al modo de las ciencias naturales?, ¿por qué la política terminó siendo puesta a su servicio?, ¿ha sido o es el único sistema de sustento viable, correcto, eficiente o benigno?, ¿es un mero sistema técnico o una proyecto que contiene una cultura con sus ideas, moral e instituciones?
Este libro busca contestar las preguntas antedichas desde una perspectiva crítica, que pone en tela de juicio a la "ciencia económica" y al capitalismo de mercado desde la revisión de sus relaciones con lo ético, religioso, cultural, social, filosófico, político e histórico. Para ello se recurre a una mirada transdisciplinaria que busca romper los rígidos límites y el reduccionismo de la economía dominante, en un momento donde urge una revisión de la economía y de lo económico.

Patrocinaron este libro: 
- Federación de Sindicatos del Holding Heineken CCU
- Caritas Chile
- Magíster en Gestión Cultural de la Universidad de Chile
- Magíster en Desarrollo a Escala Humana y Economía Ecológica de la Universidad Austral de Chile
- Escuela de Ingeniería y Ciencias de la Universidad de Chile

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Reforma e Ilustración. Los teólogos que construyeron la Modernidad
Oferta sólo venta directa: $ 12.000.- (IVA incluido)

2da. edición - Editorial Ayun - 2012
ISBN: 978-956-8641-11-5
476 pp. / 
16x23 cm. / Encuadernación rústica con solapas

La Modernidad, la tradición cultural anglosajona post Reforma Protestante, sigue vigente en nuestras ideas, moral, instituciones y, por ende, en nuestras vidas cotidianas. Puntualmente, dicha tradición tiene como principal fundamento intelectual al movimiento de la Ilustración; el que, a su vez, se nutre de la Reforma Protestante en su versión calvinista o reformada.
Este libro expone esas relaciones y su rol en el desarrollo de la ciencia experimental, el derecho y la política, la moral y la economía modernas y en la construcción del mundo contemporáneo. Para ello se trabajan los textos originales de autores como Isaac Newton, John Locke, Adam Smith, Jean-Jacques Rousseau, entre otros, quienes a pesar del tiempo transcurrido son cruciales para explicar y criticar nuestra época.

* Para leer el Índice y Presentación del libro: pincha AQUÍ.
* Para ver video de Coloquio de la Carrera de Sociología UCEN sobre el libro: pincha AQUÍ.



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1 Oikonomía + 1 Reforma por $ 22 mil (IVA incluido)

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Arquitectura de la expansión de colonias israelíes en Cisjordania


Soldados israelíes montan guardia mientras los partidarios de los asentamientos israelíes en Cisjordania se reúnen después de una marcha durante la Pascua Judía, en el puesto de avanzada de Eviatar, en Cisjordania ocupada, el 10 de abril de 2023.
© Ariel Schalit / AP


En la última década, los movimientos de colonos israelíes han apostado a una nueva estrategia para incrementar el control de tierras en Cisjordania ocupada: la instalación de campamentos o puestos precarios, que se suman a los asentamientos y que están regidos por pastores de ovejas que logran dominar una mayor porción de territorio. Para garantizar su éxito se apoyan en el uso de la violencia contra las poblaciones palestinas, para lo que cuentan con el apoyo –explícito o tácito– de las autoridades israelíes.


Janira Gómez y Federico Cué


En febrero de 2021, Ze'ev Hever, líder del movimiento de asentamientos "Amana", brindó un inusual discurso público durante una conferencia de su grupo, en la que elogió la nueva estrategia de los colonos israelíes para expandir su dominio en Cisjordania ocupada:
"La construcción ocupa poco terreno, debido a las consideraciones económicas del desarrollo de edificios, que es costoso, y así hemos llegado a 100 kilómetros cuadrados después de poco más de cincuenta años. En cambio, con las granjas de pastores, en los últimos tres años nos hemos aventurado en una gran extensión; cubren un área casi el doble de grande que el área construida de los asentamientos".
Una declaración sin tapujos, verificada en terreno por la ONG israelí Kerem Navot. En su informe "The Wild West", publicado en mayo de 2022, llegó a documentar la existencia de 77 colonias agrícolas en Cisjordania (en adelante, outposts, puestos de avanzada o campamentos como sinónimos), la mayoría establecidas durante la última década –y todas ilegales bajo el derecho internacional e inclusive para la propia legislación israelí–.


Granjas y puestos de avanzada israelíes instalados por año en Cisjordania ocupada. © France 24


Solo estas instalaciones –que se suman a los asentamientos israelíes (es decir, desde micro-urbanizaciones a comunidades valladas con alta seguridad y con edificaciones y recursos básicos como agua, electricidad o redes telefónicas)– controlan unas 60.000 hectáreas de territorio, poco menos de un 7% del total del Área C, la porción de Cisjordania que está bajo control administrativo y de seguridad de Israel.

Y la tendencia de su proliferación va en gran aumento, sobre todo tras la asunción en diciembre del Ejecutivo de Benjamín Netanyahu, formado por partidos de extrema derecha, nacionalistas y ultrarreligiosos.

Arik Ascherman, rabino y activista de derechos humanos, asegura a France 24 que "la política no escrita pero muy real de Israel es que miles de palestinos pueden ser expulsados de Cisjordania, ser forzados a dejar el Área C e instalarse en las zonas urbanas de las Áreas A y B", en referencia a los sectores bajo control administrativo de la Autoridad Palestina.

Y es que el precio lo pagan los palestinos, desprotegidos frente a una expansión ilegal israelí conseguida mediante coerción, violencia y en complicidad con las fuerzas de Israel. Ascherman cuenta por "cientos" los casos que ha documentado de agresiones de colonos contra palestinos, que observan "que la Policía y el Ejército solo miran cuando los colonos entran, golpean a la gente, destruyen sus tractores, pinchan sus contenedores de agua, cortan o queman árboles".

Situaciones a las que el también director de la ONG Torat Tzedek ("la Torá de la Justicia") agrega que "colonos o el Ejército les impiden entrar a sus tierras de pastoreo" o hay veces que "llamamos a la policía y no viene; o hay gente presenta quejas y nunca pasa nada".

Este panorama se entiende con un ejemplo a gran escala, que ocurrió en cuestión de días después de un ataque palestino en una gasolinera del área de Ramallah (esto fue el 20 de junio, y causó la muerte de cuatro israelíes); y luego de una nueva y mortífera redada israelí en Jenin (que dejó siete palestinos muertos).

Esa semana, la coalición de Netanyahu aprobó 5.400 nuevas viviendas en asentamientos –para llegar a casi 13.000 en 2023, un récord anual desde que la ONG Peace Now inició su registro en 2012–, pero además colonos atacaron de forma violenta decenas de aldeas palestinas devolviendo al vocabulario común la palabra "pogromo" e instalaron más campamentos precarios en varios puntos del territorio palestino ocupado.


Viviendas aprobadas en asentamientos israelíes en Cisjordania ocupada entre 2012 y 2023. © France 24


Enmascarada detrás de una represalia por el ataque palestino, esta combinación de medidas gubernamentales más violencia civil de los colonos sin ningún castigo exhibe la complicidad entre ambos actores, que juntos contribuyen a la expansión de la ocupación israelí y al desplazamiento forzado de las comunidades palestinas. A veces en menor escala y sin tanto eco mediático, pero de forma cotidiana en Cisjordania ocupada.


En dos días, más puestos de avanzada, con el apoyo tácito del Gobierno

El 29 de junio pasado, la ONG israelí Peace Now denunció que, de la noche a la mañana del 21 de junio, colonos israelíes instalaron seis nuevos puestos de avanzada en Cisjordania ocupada, con "tiendas de campaña y estructuras temporales", cerca de asentamientos ya establecidos.

Mientras todos los asentamientos israelíes en los Territorios Palestinos Ocupados son ilegales de acuerdo al derecho internacional, estos "campamentos precarios" (conocidos en inglés como outposts) son erigidos sin permisos ni autorizaciones, por lo que Israel también los considera ilegales. Sin embargo, como señala Peace Now, estos últimos sí se instalaron con conocimiento de las autoridades.

Aunque tres de los seis puestos fueron removidos días después por el Ejército israelí (y un cuarto fue posiblemente abandonado, según la organización), los dos restantes –en las afueras de los asentamientos de Immanuel y Tko'a–, se mantuvieron en pie.

Además, el Gobierno israelí intervino en favor de otros dos "campamentos". Por un lado, bajo protección de fuerzas israelíes y el apoyo explícito del ministro de Seguridad, el extremista Itamar Ben-Gvir, varias familias reocuparon el 21 de junio el puesto ilegal de Evyatar, fundado hace una década y evacuado en distintas ocasiones, la última a inicios de este 2023.

Por el otro, el ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich –él mismo un colono y con cada vez más poder en el órgano militar que regula la vida en el Área C de Cisjordania ocupada–, actuó contra el pedido de la fiscal general israelí para desarmar otro puesto ilegal, el de Hamor, también instalado después del ataque palestino contra una gasolinera que dejó cuatro colonos muertos. Finalmente, la Corte Distrital de Jerusalén congeló el desalojo de este campamento, montado en tierras pertenecientes a las aldeas palestinas de Luban al-Sharqiya y Sinjil.

Con su Administración de Asentamientos –que desde junio fue premiada con el control total del planeamiento de las colonias–, Smotrich ha causado, además, una caída abrupta en la demolición de edificios construidos sin permiso por israelíes en Cisjordania ocupada, de un promedio de 25 por mes a 2 por mes desde la asunción del Gobierno en diciembre de 2022. Esto mientras la destrucción de edificaciones palestinas se ha disparado.

Todas estas medidas, y otras tantas que resulta difícil abarcar, son muestras de cómo el Gobierno de Netanyahu, el establecimiento militar y el liderazgo de los colonos comparten una agenda hacia una creciente anexión de facto de los Territorios Palestinos Ocupados.

Una agenda anexionista que aparece, de nuevo sin tapujos, en los acuerdos de coalición firmados por los partidos que devolvieron al poder a Netanyahu.


El cerco de los asentamientos ahoga a las comunidades beduinas

Entre las comunidades palestinas más vulnerables y en la mira están las aldeas beduinas repartidas en el Área C de Cisjordania ocupada, sobre todo aquellas instaladas en el Valle del Jordán. Sus habitantes son mayormente pastores o agricultores y viven rodeados de asentamientos y puestos de avanzada israelíes.

Ascherman explica a este medio que hay "una cadena" de estos establecimientos "a lo largo del Valle del Jordán" y que "ahora los movimientos son para tomar todo lo que está entre medio, sacar a todos los palestinos de la zona y quedarse con todo".

En términos territoriales, el Valle del Jordán constituye el 25% del total de la superficie de Cisjordania y, aunque se estima que 53.000 palestinos viven allí, el 92% se concentra en el 5% del valle, en Áreas A y B (el 95% restante es Área C, en la que Israel no permite las construcciones palestinas).

Las comunidades beduinas y de pastores contabilizan apenas 4.400 habitantes y luchan por sobrevivir entre las restricciones de las fuerzas israelíes, las demoliciones de sus viviendas y medios de vida, las agresiones de colonos y las dificultades económicas. Algo que, en ocasiones, se vuelve insostenible.

"Cuando un pastor no puede subsistir en su actividad –ya sea financieramente, por la violencia o todo lo demás–, algunos deciden llevarse sus rebaños a las Áreas A y B. Así, sin disparar un tiro ni presentar una orden de desalojo, la política no escrita de Israel ha sido cumplida", denuncia Ascherman.


El caso concreto de Ein Samiya: 178 personas forzadas a desplazarse

A finales de mayo, los residentes de la comunidad palestina de Ein Samiya, en el área de Ramallah, se vieron forzados a abandonar las tierras en las que vivieron durante cuarenta años, a raíz de los constantes ataques de colonos israelíes, amparados por el Ejército, así como las demoliciones de sus estructuras y las repetidas restricciones de las autoridades en el ingreso a sus terrenos.

En total, 178 personas, pertenecientes a un clan familiar de beduinos, se han tenido que dispersar entre las colinas de la zona y ven amenazada su subsistencia como ganaderos y agricultores, al no contar con el acceso a las tierras y al agua que nacía del manantial ubicado allí.

Abu Najeh Ka'abneh, el líder de la comunidad, detalla en este reportaje de France 24 que "desde hace cinco años, los colonos israelíes nos han estado acosando".
"Traían sus propias ovejas y no nos dejaban pastorear las nuestras –contaba en junio–. Teníamos un campo en el que plantábamos trigo, pero ellos iban y, o lo quemaban, o dejaban que sus ovejas comieran allí. Nuestros niños se sentían muy asustados porque casi cada noche, los colonos aparecían y tiraban piedras".
El punto de no retorno llegó luego de que un rebaño completo de ovejas de uno de los miembros de la comunidad fuera entregado por la policía a los colonos, que habían denunciado que esos animales les habían sido robados. Una sensación de desprotección, agudizada por agresiones nocturnas más fuertes, que llevaron a Abu Najeh a "la conclusión de que no podíamos esperar más".

Ahora, Abu Najeh y parte de su clan se han instalado en unas tierras cedidas por un agricultor, dentro del Área B de Cisjordania ocupada. Para montar sus campamentos, debieron mover piedras y crear un camino improvisado en una colina. Muchos de sus muebles y pertenencias están desperdigados por el suelo y las pocas ovejas que todavía mantienen, están encerradas en un corral.

En las montañas de alrededor, las tierras "son muy áridas, no hay nada para comer", por lo que deben pagar un transporte para traer heno (que cuesta casi 500 dólares por tonelada) y alimentar al rebaño. Todo esto supone un gasto adicional que les ha empujado a ir vendiendo poco a poco su ganado para sobrevivir.

El mismo sentimiento de incertidumbre invade a Arik Ascherman, que considera que "nada bueno puede salir de esto"; como activista expresa sus "serias dudas sobre si existe una voluntad en la comunidad internacional de poner presión sobre Israel" para que "haga lo mínimo para proteger a la gente" que está bajo su control.

"Soy una persona de fe, soy optimista a largo plazo, pero en el corto plazo no veo ninguna causa para ser optimistas. Nos estamos metiendo cada vez más en las sombras", sentencia.



* Publicado en France 24, 21.07.23.

Sin política industrial no habrá desarrollo




Roberto Pizarro Hofer


Sergio Arancibia, en artículo de El Mostrador (01.03.24), destaca dos cuestiones centrales sobre el comercio exterior de nuestro país. Por una parte, la composición exportadora de bienes primarios, consecuencia de la inexistencia de una política económica externa e interna que favorezca el desarrollo industrial. Por otra parte, la inestabilidad de precios que muestran los bienes primarios en el mercado mundial, consecuencia de las manipulaciones especulativas y la geopolítica de las naciones dominantes.

La apertura radical al mundo y la gran cantidad de tratados de libre comercio, que caracterizan la economía chilena, han ayudado a consolidar la exportación de bienes primarios pero, al mismo tiempo, cierran oportunidades a la industria local.

Con aranceles prácticamente en cero, junto a la nula regulación de las inversiones extranjeras se ha producido un doble fenómeno. Por una parte, las importaciones provenientes de países con mejores tecnologías y sofisticación industrial (y también los bajos salarios de las empresas chinas) han impuesto sus mejores condiciones competitivas, obligando al cierre de empresas nacionales manufactureras de larga tradición.

Por otra parte, un Estado inmóvil, sin política industrial, hace que la inversión extranjera se dirija a los sectores extractivos, los que entregan elevadas rentas y tienen menor complejidad empresarial.

La élite empresarial y la clase política, de variados signos, tanto de derecha, centro e izquierda, están convencidos que nuestro país puede desarrollarse --que en Chile es sinónimo de crecer--, vendiendo nuestros recursos naturales, sin procesamiento alguno, para el progreso económico chino y de los países desarrollados.

La élite empresarial y política no se da cuenta (o quizás no le interesa), que el elevado desempleo, el crecimiento de la informalidad, los bajos salarios e incluso el aumento de la delincuencia, son consecuencia de la escasez de actividades industriales y de los limitados procesos de transformación en el sector de servicios.

La elevada apertura de la economía chilena al exterior, sin ningún grado de regulación, se ha hecho efectiva mediante la decisión unilateral de las autoridades de reducir las restricciones a las importaciones, y otorgar el mismo trato al capital extranjero que al nacional y facilitar los flujos del capital financiero. Pero, también, esa apertura se ha profundizado gracias a la gran cantidad de tratados de libre comercio negociados en las últimas décadas.

Así las cosas, frente a una dura competencia externa (incluso desleal) y con un Estado inmóvil, nuestra economía ha sido incapaz de diversificarse; pero, la elite económica y política vive contenta con su tesis del crecimiento --que ahora es cada vez menor--, fundada en la actual matriz productiva- exportadora, a lo que se agrega un sector financiero que la alimenta, especialmente con el sistema de AFP.

La élite no quiere reconocer que el camino del desarrollo se construye diversificando la matriz productiva-exportadora. Y le da lo mismo cualquier tipo de crecimiento, mientras le sirva para acumular ganancias en su favor.

Como bien señala el economista Ha-Joon Chang, de la Universidad Cambridge, el sector manufacturero es clave para aumentar la productividad y avanzar al desarrollo. Porque en la industria es dónde se potencian los avances tecnológicos al conjunto de la economía y se hacen más efectivas las habilidades productivas de las personas. O sea, el progreso técnico y los trabajadores educados son fundamentales para el desarrollo de los países.

Los argumentos de Chang caen en el vacío en nuestro país, porque no hay esfuerzos del Estado orientados a modificar la matriz productiva y exportadora de recursos naturales, ya que en la lógica neoliberal debe ser exclusivamente el mercado el orientador de los operadores económicos.

Por tanto, si se quiere modificar la matriz productiva-exportadora no se puede depositar la fe en el libre mercado y habrá que convertir al Estado en un agente activo de la transformación productiva. Esto lo han entendido muy bien los países asiáticos en las últimas décadas y, por cierto, en el pasado, las economías hoy desarrolladas.

A diferencia de la industria manufacturera, los cambios tecnológicos que se realizan en las actividades extractivas no se difunden al conjunto de la economía. Además, la producción y exportación de bienes primarios concentra el poder económico en un reducido núcleo empresarial, cuyas rentas extraordinarias le ha permitido domesticar a la clase política. 

Este modelo productivo es el fundamento material de las desigualdades y explica, en gran parte, la dificultad para convertir a Chile en país desarrollado.

En consecuencia, para avanzar en la transformación productiva se requiere:

En primer lugar, que el Estado despliegue una política económica activa, porque la industrialización no ocurre espontáneamente. Requiere de una dirección, con políticas cuidadosamente diseñadas, con inversiones y esfuerzos coordinados con el sector privado. Por cierto, hay que reconocer que las políticas industriales de hoy día no pueden limitarse a replicar las del pasado.

En segundo lugar, se necesita un decidido impulso de inversiones en ciencia y tecnología, ya que hoy día ésta es apenas el 0,4% del PIB, bastante menor a la media de los países de la OCDE, que es el 2,4% .

En tercer lugar, es preciso impulsar educación gratuita en favor de todos los jóvenes del país, con elevación sustantiva de su calidad. Ello les permitirá manejar las nuevas tecnologías y mejorar procesos productivos ligados a la industria y a servicios más sofisticados. La vinculación entre industria y educación es esencial para la formación especializada, la investigación y el fomento del emprendimiento científico-tecnológico.

En cuarto lugar, la industrialización hoy día ayuda a luchar contra el cambio climático, acelerar el crecimiento económico y generar empleos dignos, al tiempo que aprovecha mejor las tecnologías de vanguardia; además, en comparación con otras actividades, la industria manufacturera contribuye de forma importante a la innovación ecológica: el 60% de todas las patentes verdes del mundo pertenece a empresas industriales (Informe sobre el Desarrollo Industrial 2024, ONUDI, noviembre 2023).

En definitiva, para avanzar al desarrollo, la política económica no puede remitirse exclusivamente a ordenamientos monetarios y fiscales, como ha sido característico de nuestro país, sino que precisa de iniciativas estatales que apunten a modificar la estructura productiva, superando el extractivismo. Sólo así será posible generar mayor empleo, reducir las actividades informales y, también, frenar la delincuencia.



* Publicado en Politika, abril 2024.

Sobre la educación "profesionalizante"




Perseguir la quimera del mercado es, sin embargo, mera ilusión. Así lo confirman los datos cada día más alarmantes del paro juvenil. La rapidez de las mutaciones que hoy afectan al complejo mecanismo de los intercambios económicos es tanta que no es posible adaptar con la misma celeridad los currículos escolares.


Nuccio Ordine


7. La "profesionalización" mata la "curiositas" y la creatividad

En definitiva, hay muchas maneras de permitir que la escuela que «mira al mercado» se convierta en mercado ella misma. Y a este propósito, debo detenerme por un instante en otra cuestión decisiva a la que ya he aludido más arriba. Hay una pregunta esencial —surgida insistentemente en los muchos encuentros que he mantenido, en los últimos dos años, con miles de estudiantes en Italia— que merece un debate muy serio: ¿estamos verdaderamente seguros de que el objetivo principal de la enseñanza en las escuelas secundarias debe ser la «profesionalización»? 

Privilegiar este aspecto «profesionalizador» significa perder por entero de vista la dimensión universal de la enseñanza. Reducir la formación educativa a la mera adquisición de un «oficio» acabaría por matar cualquier posibilidad de animar a los estudiantes a cultivar su espíritu de manera autónoma y a dar libre curso a su curiositas.

No se trata de una preocupación que incumba sólo a quienes militan en el campo de las ciencias humanas. Basta con releer el pasaje de un artículo de un grandísimo científico, Albert Einstein, que he seleccionado para esta antología ["Sobre la educación"], para percatarse del grave peligro que corremos:
La escuela debe siempre plantearse como objetivo que el joven salga de ella con una personalidad armónica y no como un especialista. En mi opinión, esto es aplicable, en cierto sentido, incluso a las escuelas técnicas, cuyos alumnos se dedicarán a una profesión totalmente definida. Lo primero debería ser, siempre, desarrollar la capacidad general para el pensamiento y el juicio independientes y no la adquisición de conocimientos especializados. [Negritas nuestras]
Cada año leo a mis alumnos una magnífica poesía de Costantino Cavafis —también presente en Clásicos para la vida ["Ítaca"]— para hacerle entender que lo importante no es la meta (el retorno a Ítaca), sino el viaje que debemos llevar a cabo para alcanzarla:

Mantén siempre Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.  
Pero no tengas la menor prisa en tu viaje.
Es mejor que dure muchos años
y que viejo al fin arribes a la isla,
rico por todas las ganancias de tu viaje,
sin esperar que Ítaca te vaya a ofrecer riquezas.
Ítaca te ha dado un viaje hermoso.
Sin ella no te habrías puesto en marcha.
Pero no tiene ya más que ofrecerte.
Aunque la encuentres pobre, Ítaca de ti no se ha burlado.
Convertido en tan sabio, y con tanta experiencia,
ya habrás comprendido el significado de las Ítacas.[Negritas nuestras]

Sacrificar a una meta el valor intrínseco de la experiencia misma de la aventura del conocimiento significa empobrecer nuestro trayecto. ¿Quién no entiende que obligar a jovencísimos estudiantes a elegir una profesión ya antes de matricularse en las escuelas superiores, en nombre de programas escolares orientados hacia el mercado, acabará por matar cualquier posibilidad de animarlos al libre cultivo de sus intereses y de su curiositas?

Mientras que en países tecnológicamente tan avanzados como Corea [del Sur] se intensifican las inversiones en las disciplinas humanísticas —consideradas una fuente extraordinaria para el cultivo de la fantasía y la imaginación que están en la base de todo tipo de creatividad—, Europa, olvidando sus raíces culturales, está matando progresivamente el estudio de las lenguas antiguas, la filosofía, la literatura, la música y el arte en general. 

Cometeríamos ciertamente un grave error si subestimáramos la importancia de los aspectos «profesionalizadores» de la formación. Pero especializar en exceso los currículos destinados a jóvenes entre catorce y diecinueve años puede resultar fatal. ¿Cómo se explica que, durante décadas, decenas de miles de científicos, arquitectos, médicos, ingenieros y buena parte de la clase dirigente italiana y europea hayan podido rendir al máximo en sus disciplinas concretas tras cursar la enseñanza media clásica? 

La brillante carrera de Fabiola Gianotti, primera mujer en dirigir el CERN [Organización Europea para la Investigación Nuclear] de Ginebra, lo demuestra: en varias entrevistas, esta científica ha defendido la importancia que en su formación tuvieron las disciplinas humanísticas (estudió en un instituto clásico) y de la pasión por la música (siguió cursos de piano en el Conservatorio de Milán).

La importancia de la relación entre creatividad y pensamiento es reconocida también por algunos economistas ilustrados. No por azar el premio Nobel de economía Edmund S. Phelps ha recordado, en un artículo aparecido en septiembre de 2014—con el título de «Teaching Economic Dynamism» [en castellano «Educar para el dinamismo económico»]—, que
hoy a las economías les falta espíritu de innovación. El mercado laboral no sólo necesita más competencias técnicas, sino que requiere un número cada vez mayor de soft skills [habilidades blandas], como la capacidad de pensar de modo imaginativo, de elaborar soluciones creativas para desafíos complejos y de adaptarse a circunstancias cambiantes y a nuevas relaciones. [Negritas nuestras]
Por ello, 
un primer paso necesario es reintroducir las materias humanísticas en los institutos y en los currículos universitarios. El estudio de la literatura, la filosofía y la historia será una inspiración para que los jóvenes busquen una vida plena, una vida que incluya hacer aportaciones creativas e innovadoras a la sociedad. [Negritas nuestras]
Ninguna profesión puede ejercerse a conciencia si las habilidades técnicas que exige no se insertan dentro de una formación más amplia, capaz de orientar críticamente las decisiones y, sobre todo, de favorecer la construcción de una conciencia civil

Reducir el ser humano a una «profesión» constituye un gravísimo error: en cualquier hombre hay algo esencial que va mucho más allá de su actividad como médico, abogado o ingeniero. (...)


9. La deriva empresarial de la enseñanza

Pero volvamos por un momento al tema de la enseñanza. La deriva empresarial y utilitarista ha producido ya efectos negativos. Un gran número de estudiantes me ha manifestado abiertamente su creciente malestar. Ante la elección de una carrera universitaria, se sienten desgarrados por un terrible dilema: ¿qué hacer?, ¿seguir libremente sus intereses o dejarse condicionar por una opción basada exclusivamente en las oportunidades del mercado? En otros términos: ¿vivir una pasión o pensar ante todo en el empleo? 

Un drama que, de manera distinta y menos consciente, se presenta ya al final de la enseñanza secundaria obligatoria, cuando se trata de decidir entre el bachillerato y la formación profesional.

No siempre es fácil dar una respuesta taxativa. Pero las muchas veces que me han planteado preguntas sobre este asunto he animado a los jóvenes a cultivar libremente sus intereses, sin dejarse influir por cálculos utilitaristas. Y si he corrido el riesgo de pasar por «irresponsable», lo he hecho porque en veintiséis años de enseñanza he podido ser a menudo testigo de decisiones valientes que han producido frutos extraordinarios: quien ha cursado con pasión disciplinas consideradas «sin futuro» ha tenido, a veces, muchas más posibilidades de realizarse que quien, por el contrario, ha elegido una carrera a regañadientes, sin otro objetivo que acomodarse a las exigencias del mercado. 

Todo ello sin contar con el hecho de que se puede ser feliz con una modestísima retribución si se ama lo que se hace y, en cambio, ser infeliz con una nutrida cuenta bancaria si se considera la profesión ejercida como un simple medio para ganar dinero.

Por desgracia, sin embargo —y aquí tropezamos con otro gran obstáculo que aparece una y otra vez en las conversaciones que mantengo con estudiantes y docentes—, la fiebre empresarial ha burocratizado el trabajo de los profesores

La insensata multiplicación de reuniones e informes —para ilustrar al detalle programaciones, objetivos, proyectos, itinerarios, talleres…— ha acabado por absorber buena parte de las energías de los profesores, transformando la legítima exigencia organizativa en una nociva hipertrofia de controles administrativos

Cierto que se ha declarado la guerra a la burocracia, pero la tan ansiada simplificación no llega, por desgracia, a las escuelas y universidades. Suministrar documentación, en efecto, parece hoy más importante que preparar una clase

Se olvida que un buen docente es ante todo un estudiante infatigable. Un buen profesor —pensemos en las disciplinas humanísticas—, para implicar a sus jóvenes interlocutores, debe necesariamente partir de una obra: sin un texto literario, un cuadro o un fragmento musical difícilmente conseguirá suscitar la atención del auditorio. Repetir pasivamente a los alumnos informaciones extraídas de los manuales no sirve para nada. 





* Fragmentos de Clásicos para la vida. Un pequeña biblioteca ideal.

Teología de la prosperidad y neoliberalismo: la construcción del «hombre providencial»


Laura Fernández actual presidenta de Costa Rica junto a Rodrigo Chaves expresidente y actual ministro de Fernández. Ambos del partido conservador y neoliberal Pueblo Soberano.


La teología de la prosperidad no es simplemente un fenómeno religioso que coexiste con el neoliberalismo: es su complemento perfecto, su aparato de legitimación más eficaz. El éxito del mercado como señal de la gracia divina, y la gracia divina como garantía del éxito del mercado.


James Dirarte


Hace unos días circuló en redes sociales costarricenses una imagen que merece más atención filosófica de la que usualmente se le concede a este tipo de materiales. En ella aparece Laura Fernández, nuestra presidenta, declarando que lo que Rodrigo Chaves hizo por Costa Rica «fue un milagro» y que fue «un hombre que se dejó usar por Dios». La declaración es notable no porque sea excepcional, sino precisamente porque no lo es. Que un político invoque la providencia divina para legitimar su gestión —o la gestión de su correligionario— es un fenómeno tan antiguo como la política misma. Lo que sí merece atención es la estructura de pensamiento que subyace a esa invocación, y el modo particular en que esa estructura articula, en el mundo contemporáneo, dos dimensiones que aparecen como distintas pero que en realidad operan en perfecta continuidad: la religiosa y la económica.

Vale la pena comenzar con una advertencia metodológica. Hay una tentación fácil frente a declaraciones como la de Fernández: la de atribuirlas al cinismo, a la calculada manipulación de los creyentes por parte de quien sabe perfectamente que Dios no administra economías ni ejecuta presupuestos. Esta lectura, aunque tiene su atractivo, es filosóficamente insatisfactoria, y no sólo por una razón de caridad interpretativa. Es insatisfactoria porque asume que la mentira consciente es más peligrosa que la creencia sincera, cuando ocurre exactamente lo contrario. Un discurso que su emisor sabe falso es un discurso que puede ser desmontado desde adentro, que contiene en sí mismo su propia vulnerabilidad. Un discurso genuinamente creído, en cambio, cierra ese flanco: quien lo pronuncia no miente, y por tanto no hay contradicción interna que explotar. La creencia sincera es mucho más resistente que el cinismo. Conviene, pues, tomar en serio la declaración de Fernández: no como retórica vacía, sino como expresión auténtica de una forma de pensar la política que tiene raíces profundas y consecuencias concretas.

El teólogo y exégeta Rafael Aguirre Monasterio ha documentado con rigor cómo la Biblia ha sido utilizada políticamente en contextos tan distintos como la fundación de los Estados Unidos, el apartheid sudafricano, el conflicto israelí–palestino y las políticas de las iglesias evangélicas en América Latina. La tesis central de su trabajo no es que tales utilizaciones sean necesariamente fraudulentas, sino que son inevitablemente selectivas: cada actor político extrae de la Biblia el fragmento que confirma su posición, y esa extracción está condicionada por el contexto social desde el que se lee. La Biblia, insiste Aguirre, es un libro profundamente político —la cruz era un instrumento de ejecución reservado a subversivos políticos, el Reino de Dios no era un asunto meramente individual sino una propuesta de transformación social radical— y precisamente por eso puede ser leída en sentidos diametralmente opuestos. El mismo texto que inspiró la teología de la liberación en Centroamérica inspira hoy, en los mismos países, la llamada teología de la prosperidad, que bendice la acumulación individual como señal de la gracia divina.

Este último punto es decisivo para entender la declaración de Fernández. La teología de la prosperidad, que ha penetrado con fuerza extraordinaria en el mundo evangélico latinoamericano, propone una equivalencia simple pero poderosa: el éxito material es evidencia de la bendición de Dios; la pobreza, de su ausencia o de algún pecado no resuelto. Quien prospera lo hace porque Dios lo ha elegido para prosperar. Quien gobierna con éxito —al menos según ciertos indicadores— lo hace porque Dios lo ha ungido para gobernar. Dentro de este marco, decir que Rodrigo Chaves fue «un hombre que se dejó usar por Dios» no es una hipérbole retórica: es una declaración teológica completamente coherente. Y es precisamente esa coherencia interna lo que la hace políticamente eficaz. El creyente que acepta este marco no necesita evaluar la gestión de Chaves con criterios económicos, sociales o éticos autónomos. La evaluación ya está hecha desde arriba, y cualquier cuestionamiento humano de ese veredicto corre el riesgo de parecer una impugnación a la voluntad divina.

Pero hay una segunda dimensión en este fenómeno que el análisis puramente bíblico no alcanza a capturar, y para ello es necesario recurrir al trabajo de José Luis Villacañas. En su libro Neoliberalismo como teología política, Villacañas desarrolla una tesis que, leída junto a Aguirre, adquiere una iluminación inesperada. Su argumento central es que el neoliberalismo no es simplemente una doctrina económica: es la última tentativa histórica de realizar lo que él llama una «teología política», es decir, la absorción de todos los ámbitos de la vida —la subjetividad, la motivación, la obediencia, la identidad— bajo un único principio rector que se presenta como verdad natural e incuestionable. Las grandes teologías políticas del pasado —el Estado–nación, el fascismo, el estalinismo— fracasaron en este intento porque exigían sacrificio, porque apelaban abiertamente a la coacción soberana y dejaban al descubierto su dimensión de poder. El neoliberalismo resolvió elegantemente ese problema: en lugar de exigir obediencia, produce libertad. En lugar de imponer sacrificio, ofrece oportunidades. En lugar de un soberano visible que demanda sumisión, despliega un gobierno pastoral difuso que forma al individuo desde adentro, convirtiendo la racionalidad del mercado en el principio organizador de toda la existencia.

Esta forma de gobierno, a la que Villacañas —siguiendo a Michel Foucault— denomina biopolítica neoliberal, opera sobre la subjetividad de un modo que cualquier Estado soberano habría envidiado: no necesita convencer porque ya ha formado. El individuo neoliberal no siente las reglas del mercado como imposiciones externas sino como expresiones de su propia naturaleza, como la lógica misma de la realidad. El homo economicus no obedece al mercado; es mercado. Y lo que resulta filosóficamente fascinante —y perturbador— es que esta forma de gobierno necesita, para completarse, algún mecanismo de legitimación que conecte sus imperativos con algo que el sujeto reconozca como absoluto. El mercado puede producir disciplina, pero no puede, por sí solo, producir devoción. Para eso necesita algo más.

Aquí es donde las dos lecturas convergen con una precisión que no parece accidental. La teología de la prosperidad no es simplemente un fenómeno religioso que coexiste con el neoliberalismo: es su complemento perfecto, su aparato de legitimación más eficaz. Provee exactamente lo que Villacañas identifica como la necesidad estructural de todo sistema de gobierno pastoral: una «aleturgia», una manifestación de verdad que conecta el poder con algo sagrado, con algo que el gobernado acepta no por coacción sino por convicción. Cuando Laura Fernández dice que Chaves se dejó usar por Dios no está simplemente añadiendo un barniz religioso a un discurso político secular. Está articulando la fusión entre dos sistemas de legitimación que, en el mundo evangélico latinoamericano contemporáneo, se han vuelto prácticamente indistinguibles: el éxito del mercado como señal de la gracia divina, y la gracia divina como garantía del éxito del mercado. El hombre providencial es, simultáneamente, el buen administrador neoliberal. Gobernar bien, en este esquema, significa dejar que las fuerzas del mercado operen sin obstáculos, y eso es exactamente lo que Dios quiere.

Lo que hace a esta estructura particularmente inquietante, desde el punto de vista filosófico, es el modo en que desactiva la crítica política antes de que pueda formularse. En una democracia liberal clásica, un gobernante puede ser evaluado por sus resultados, cuestionado por sus decisiones, reemplazado por sus fracasos. La legitimidad es funcional y revocable. Pero cuando la legitimidad se ancla en la providencia divina adquiere una dureza diferente. No es que se vuelva imposible criticar a Chaves —evidentemente se puede, y muchos lo hacen. Es que para quien acepta el marco teológico–político descrito, esa crítica queda contaminada desde el inicio: impugnar al ungido es, en algún sentido, impugnar a quien lo ungió. El sujeto político que opera dentro de esta lógica no ha perdido la capacidad de razonar, pero ha redefinido el campo dentro del cual el razonamiento es legítimo. Y esa redefinición es silenciosa, prerreflexiva, aceptada con la misma naturalidad con que se acepta el aire que se respira.

Aguirre documenta este mecanismo con precisión al analizar cómo el mismo paradigma del Éxodo ha servido históricamente para legitimar proyectos políticos contradictorios: los colonos puritanos que veían en América su tierra prometida y los esclavos negros que veían en la misma Biblia la promesa de su liberación. La versatilidad política de la Biblia no reside en su ambigüedad sino en su riqueza: contiene efectivamente narrativas de liberación y narrativas de dominación, y cada comunidad de lectura extrae aquella que confirma su posición. Lo que ha cambiado en el mundo evangélico latinoamericano contemporáneo es que esa lectura ha sido sistemáticamente orientada, a través de redes de iglesias, plataformas mediáticas y estructuras organizativas transnacionales, hacia una interpretación que naturaliza la desigualdad, sacraliza el éxito individual y convierte al mercado en el escenario donde Dios despliega su providencia. No es una conspiración: es una hegemonía, en el sentido preciso que Villacañas recupera de Antonio Gramsci a través de Foucault. Una hegemonía no se impone por la fuerza; se vive como sentido común.

Cabe entonces plantear la pregunta que este análisis deja abierta, y que constituye su verdadero núcleo filosófico. ¿Qué le ocurre al juicio político cuando delega su criterio último en la providencia? La respuesta no es que el juicio desaparezca, sino que se desplaza: ya no se trata de evaluar políticas sino de discernir voluntades divinas, y el criterio para ese discernimiento es, en el marco de la teología de la prosperidad, el resultado visible. El éxito confirma la misión. El fracaso la niega. Pero este criterio es precisamente el criterio del mercado: la rentabilidad como veredicto. Lo que la teología de la prosperidad logra es hacer que ese criterio aparezca no como una opción política entre otras, sino como la lectura correcta de la realidad trascendente. Dios quiere que prosperemos, y prosperar significa tener éxito en los términos que el mercado define como éxito.

El hombre providencial, entonces, no es solamente un recurso retórico de campaña. Es la figura en la que se cristaliza la alianza entre dos formas de gobierno que Villacañas analiza por separado pero que en la Costa Rica del siglo XXI operan juntas: una interpretación de las iglesias evangélicas y el gobierno biopolítico del mercado. Ambos trabajan sobre la subjetividad, ambos producen individuos que se sienten libres precisamente porque han interiorizado sus imperativos, ambos necesitan de una verdad que se presente como natural e incuestionable. Cuando Laura Fernández declara que Chaves fue un milagro, no miente: expresa, con sinceridad y con la coherencia interna de un sistema de pensamiento bien articulado, la lógica de esa alianza. Y es esa sinceridad, como se señaló al inicio, lo que la hace filosóficamente más interesante —y más preocupante— que cualquier cinismo calculado.





Einstein, Arendt y Freud: del apoyo al sionismo a denunciarlo por fascista




No necesitaron ver el actual genocidio del pueblo palestino para darse cuenta, hace un siglo, que aquel proyecto sionista de “un hogar para los judíos” incluía un plan de limpieza étnica en la Palestina Histórica.


Roberto Montoya


El sionismo ha reivindicado muchas veces haber contado desde su origen con el apoyo de renombrados personajes públicos internacionales de origen judío, y entre ellos no podían faltar ni Albert Einstein, Hannah Arendt o Sigmund Freud, ocultando una parte de la historia, el desengaño que ellos experimentaron pronto, al comprobar el carácter xenófobo y extremadamente violento de esa corriente del judaísmo.

Albert Einstein (1879–1955), alemán de origen judío, Premio Nobel de Física 1921, se entusiasmó en los años 20 y 30 del siglo pasado con el proyecto judío de crear un hogar en Palestina tras ver el avance imparable del antisemitismo en su país y en Europa, pero creía ver en el sionismo algo muy distinto a lo que realmente fue. Decía en 1931, en Mi visión del mundo, una recopilación de artículos:
“Nuestro objetivo no es la creación de una comunidad política, sino que conforme a la tradición del judaísmo, es una meta cultural en el sentido más amplio de la palabra. Para lograrlo debemos resolver con nobleza, abierta y dignamente, el problema de la convivencia con el pueblo hermano de los árabes (…) Especial atención merecen nuestras relaciones con el pueblo árabe. Fomentándolas podremos evitar en el futuro la formación de tensiones peligrosas, que podrán ser utilizadas para provocar ataques de nuestros enemigos”
En 1932 el científico se fue a vivir a Estados Unidos, un año antes de que Adolf Hitler llegara al poder en Alemania. En otra de sus intervenciones sobre el sionismo, en 1938, Einstein dejaba clara su posición en contra de la formación de un estado judío con fronteras y ejército:
“Dejando a un lado las consideraciones prácticas, mi concepción de la naturaleza esencial del judaísmo se opone a la idea de un estado judío con fronteras, ejército y un grado de poder temporal, por modesto que fuera. Estoy espantado al pensar en el daño interno que sufrirá el judaísmo, sobre todo por el desarrollo de un nacionalismo estrecho en el interior de nuestras propias filas, contra el cual hemos estado siempre obligados a luchar enérgicamente, aun sin un estado judío”
La postura de Einstein fue aun mucho más crítica con el sionismo al comprobar el auge que iban teniendo las organizaciones terroristas judías, que tanto atacaban a la población autóctona árabe como a las fuerzas del Mandato Británico que controlaban todavía en la década de los 40 el territorio de la Palestina histórica, e incluso a sectores de la comunidad judía que no compartía sus ideas.

El 22 de Julio de 1946 comandos paramilitares sionistas del Irgún Tzvaí Leumí, del Lehi y de la Haganá, atacaron el Hotel King David, en Jerusalén, sede entonces de la Comandancia Militar del Mandato Británico de Palestina y de la División de Investigación Criminal, matando a 91 británicos.

¿La razón? Que el Gobierno británico del conservador Venille Chamberlain había aprobado un Libro Blanco preparando el proceso de independencia de Palestina, en el cual se proponía que como paso previo a ella se incorporaran al propio gobierno del Mandato Británico representantes judíos y palestinos. Se planteaba esa fórmula como una experiencia para que en el nuevo estado que se creara pudieran convivir ambos pueblos.

Para facilitar ese plan el Libro Blanco planteaba también que se fijara un límite a la inmigración judía en Palestina para que esta no supusiera más que un tercio de la población local total, a menos que los propios habitantes árabes lo consintieran expresamente. Pero el sionismo no podía consentir un cambio tan brusco de la postura británica y del espíritu colonialista de la Declaración Balfour de 1917.

En Abril de 1948, unidades del Irgún Tzvaí Leumí y de Lehi cometían otra matanza, esta vez en la aldea palestina de Deir Yassim asesinando a 120 personas. Einstein quedó conmocionado al conocer la matanza, y el 9 de Abril escribió una carta a Shepard Rifkin, director de la organización estadounidense Amigos americanos de los combatientes por la libertad de Israel, quien le había pedido que se manifestara públicamente a favor del sionismo y de la creación del Estado de Israel:
“Estimado señor: Cuando nos sobrevenga una catástrofe real y definitiva en Palestina, los primeros responsables de ella serán los británicos y los segundos responsables serán las organizaciones terroristas creadas dentro de nuestras propias filas. No quisiera ver a nadie asociado con esa gente descarriada y criminal”
Un mes más tarde, el 14 de mayo de 1948, las fuerzas judías, con consentimiento de Naciones Unidas, declaraban en Tel Aviv la creación de un nuevo estado al que llamaron Israel, apoderándose no del 56% del territorio de Palestina, tal como estaba previsto inicialmente, sino del 77%. David Ben-Gurion, de origen polaco y presidente de la Agencia Judía, fue nombrado primer ministro y se convirtió en el artífice de la expulsión de Palestina por la fuerza de 750.000 palestinos, éxodo conocido como la Nakba (desastre en árabe).

Una de las primeras medidas de Ben-Gurion fue la creación de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI, o Tzáhal, su acrónimo en hebreo). El núcleo central con el que se puso en marcha la FDI —una de las instituciones más respetadas por la población israelí y ejecutora del actual genocidio en Gaza— fue la propia estructura y militancia de la Haganá y otras organizaciones terroristas sionistas.


Arendt, la activista sionista que cambió de opinión

Hannah Arendt también fue inicialmente una entusiasta activista del movimiento sionista, primero en su país natal, en Alemania, en los años 20 e inicios de los 30, y a partir de 1937 en Estados Unidos, país en el que se refugió huyendo del nazismo.

Al igual que Einstein ella era una fervorosa partidaria de que se creara un lugar en Palestina para los judíos, pero no a costa del desalojo de los palestinos, y criticaba también que el movimiento sionista se olvidara del resto de judíos de la diáspora, de judíos como ella o Einstein que vivían en otros países y no querían vivir en Palestina.

Los registros de la emigración judía hacia Palestina antes de la creación del Estado de Israel muestran que de los cerca de 40.000 que migraron entre 1904 y 1914 más del 80% decidió no quedarse finalmente. El destino preferido era mayoritariamente Estados Unidos.

Arent creó en EE UU el Grupo Joven Judío en 1942 en un intento por ampliar el debate interno dentro del movimiento sionista. Ella criticaba que el movimiento dependiera tanto de banqueros como los Rothschild y otros magnates. Sostenía que esa dependencia era su “segunda opresión”.

Hannah Arent se distanciaba de los que mantenían una creencia bíblica, la que el pueblo judío era el “pueblo elegido”, con la que se justificaba todo. Sus diferencias con el proyecto sionista se acentuaron tras comprobar que las tesis del sionismo más extremista y chauvinista se imponían en la Conferencia Baltimore de ese año.

En escritos como La crisis del sionismo que publicó ese año y en trabajos posteriores Arendt se distanciaba cada vez más de aquellos que ya no hablaban de un ‘hogar judío’ sino de un ‘Estado judío’ y mostró su preocupación por el desprecio con el que se hablaba de la población originaria palestina con la que no se contaba en ningún plan.

Su escrito Sionismo reconsiderado provocaría una gran polémica en el seno del movimiento sionista. En él denunciaba al “nacionalismo radical”:
“El movimiento nacional judío social–revolucionario acabó como la mayoría de los movimientos de este tipo: dando su más firme apoyo no ya a reivindicaciones nacionales, sino a reivindicaciones chauvinistas que en realidad no estaban en contra de los enemigos del pueblo judío, sino de sus amigos potenciales y de sus vecinos reales”
Ella hablaba así de los árabes, ‘amigos potenciales’, ‘vecinos reales’, e igual que Einstein abogaba por un estado binacional judío–palestino, y en 1951, tres años después de la fundación del Estado de Israel denunciaba frontalmente la expulsión por parte del nuevo estado de cientos de miles de los habitantes originarios de Palestina:
“Después de la guerra resultó que la cuestión judía, que había sido considerada la única insoluble, estaba desde luego resuelta, principalmente gracias a un territorio primero colonizado y luego conquistado, pero esto no resolvió el problema de las minorías y de los apátridas. Al contrario, como virtualmente todos los demás acontecimientos de nuestro siglo, la solución de la cuestión judía produjo una nueva categoría de refugiados, los árabes, aumentando por el número de apátridas y fuera de la ley con otras 700.000 u 800.000 personas”
Hannah Arendt, que tanto había luchado por el sionismo tuvo que soportar agresivas críticas del sionismo radical, que la terminaron acusando de antisemita y hasta de colaboracionista por su libro Eichman en Jerusalén. En ese libro ella hablaba sobre la banalidad del mal, pretendía ir más allá de una condena frontal al Holocausto, intentaba desentrañar la mente de un personaje como el jerarca nazi, cómo se transformaba un ciudadano alemán normal en un monstruo que en su juicio llegó a reivindicar ser un buen funcionario, haber cumplido a rajatabla con las órdenes recibidas. Obediencia debida.

Menájem Begin, un prócer para los sionistas, como Ben-Gurion, también nacido en Polonia y líder del Irgún, el grupo terrorista más radical, viajó a Estados Unidos en 1948 tras crearse el artificial estado de Israel siendo recibido con todos los honores por el gobierno del demócrata Harry Truman,

Fue entonces cuando un grupo de 27 destacados intelectuales judíos residentes en Estados Unidos, filósofos, rabinos y científicos, entre los que se encontraban Albert Einstein y Hannah Arendt, enviaron una carta a los editores de The New York Times el 2 de diciembre de ese año, repudiando su visita y el proyecto que representaba. Fue publicada por el diario neoyorkino dos días después:
“Uno de los fenómenos políticos más inquietantes de nuestro tiempo es la aparición en el recién creado Estado de Israel, del Tnuat Haherut (Partido de la Libertad), un partido político muy parecido en su organización, métodos, filosofía política y atractivo social a los partidos nazi y fascista. Se formó a partir de los miembros y seguidores del antiguo Irgun Zvaí Leumí, una organización terrorista, derechista y chauvinista de Palestina (…) Es inconcebible que quienes se oponen al fascismo en todo el mundo, si se les informa correctamente sobre el historial político y las perspectivas del Sr. Begin, puedan sumar sus nombres y apoyo al movimiento que representa”
En la carta, firmada también por otros intelectuales judíos, como Isidore Abramovitz, el rabino Jessurun Cardozo, Sidney Hook, Samuel Shuman, o Irma y Stefan Wolfe, denunciaban la intolerancia de Begin y los grupos terroristas que él representaba, que llegaban a aterrorizar a la propia población judía que no se unía a ellos:
“Los profesores fueron golpeados por hablar en su contra y los adultos fueron fusilados por no permitir que sus hijos se unieran a ellos. Mediante métodos de gánsteres, palizas, ruptura de ventanas y robos generalizados, los terroristas intimidaron a la población y le exigieron un fuerte tributo”
Tras otras consideraciones los intelectuales judíos terminaban así su carta:
“Por lo tanto, los abajo firmantes utilizamos este medio para presentar públicamente algunos hechos destacados sobre Begin y su partido, y para instar a todos los interesados a no apoyar esta última manifestación del fascismo”
Begin crearía en 1973 el partido Tnuat Haherut, liderando el proceso de fusión de este con otras formaciones de la derecha israelí que daría lugar al nacimiento del Likud, el partido que hoy lidera Benjamin Netanyahu y el Gobierno ultraderechista israelí. En 1979 Begin recibía el Premio Nobel de la Paz.


Freud, crítico con el fanatismo sionista

El caso de Sigmund Fred fue distinto al de Einstein o Arendt. El padre del psicoanálisis, austriaco de origen judío pero declaradamente ateo, abordó en Moisés y el monoteísmo en los años 30 el proyecto de crear un ‘hogar judío’ en Palestina preguntándose:
“Qué lleva a los judíos a considerarse como ‘el pueblo elegido’? ¿Cuáles son las consecuencias de mantener tal narcisismo?
El 26 de febrero de 1930 Freud escribía una carta al doctor Chaim Koffer, quien, en nombre de la Fundación para la Reinstalación de los Judíos en Palestina le pedía un pronunciamiento a favor del sionismo y de la migración hacia Palestina:
“No puedo hacer lo que usted desea. Mi reticencia a interesar al público en mi persona es insalvable y creo que las circunstancias críticas actuales no me incitan para nada a hacerlo (…) Pero, por otro lado, no creo que Palestina pueda algún día ser un Estado judío ni que tanto el mundo cristiano como el mundo islámico puedan un día estar dispuestos a confiar sus lugares santos al cuidado de los judíos”
Freud mencionaba también en esa carta su rechazo a considerar al Muro de las Lamentaciones como el lugar sagrado más importante para el judaísmo:
“No puedo experimentar la menor simpatía por una piedad sionista mal interpretada, que hace de un trozo del muro de Herodes una reliquia nacional y a causa de ella, ofende los sentimientos de los nativos”
El padre del psicoanálisis, que en muchas ocasiones criticó el nacionalismo y la xenofobia mencionaba también en esa carta su recelo sobre el apoyo interesado de magnates judíos a la idea de crear el ‘hogar judío’ en Palestina:
“Me hubiera parecido más prudente una patria judía en un suelo históricamente no cargado; en efecto, sé que, para un propósito tan racional, nunca se hubiera podido suscitar la exaltación de las masas ni la cooperación de los ricos. Concedo también, con pesar que el fanatismo poco realista de nuestros compatriotas tiene su parte de responsabilidad en el despertar del recelo de los árabes”
En 1939, cuando las organizaciones terroristas sionistas atacaban diariamente las aldeas palestinas advirtió: “La mayor calamidad sería un enfrentamiento permanente con el pueblo árabe”, recordando que:
“...en tiempos pasados ningún pueblo mostró mayor amistad con los judíos que los antepasados de estos árabes”



* Publicado en El Salto,  20.08.25.

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