Venta libros "Oikonomía" y "Reforma e Ilustración"




Oikonomía. Economía Moderna. Economías
Oferta sólo venta directa: $ 12.000.- (IVA incluido)

2da. edición - Ediciones ONG Werquehue - 2020
ISBN: 978-956-402-214-7
516 pp. / 16x23 cm. / Encuadernación rústica con solapas

Acerca de la economía, en su doble condición de disciplina "científica" y actividad capitalista de mercado, es posible preguntarse: ¿por qué el lucro (ni siquiera la ganancia) cobró mayor relevancia que el trabajo y la producción?, ¿por qué se le considera una 'ciencia' al modo de las ciencias naturales?, ¿por qué la política terminó siendo puesta a su servicio?, ¿ha sido o es el único sistema de sustento viable, correcto, eficiente o benigno?, ¿es un mero sistema técnico o una proyecto que contiene una cultura con sus ideas, moral e instituciones?
Este libro busca contestar las preguntas antedichas desde una perspectiva crítica, que pone en tela de juicio a la "ciencia económica" y al capitalismo de mercado desde la revisión de sus relaciones con lo ético, religioso, cultural, social, filosófico, político e histórico. Para ello se recurre a una mirada transdisciplinaria que busca romper los rígidos límites y el reduccionismo de la economía dominante, en un momento donde urge una revisión de la economía y de lo económico.

Patrocinaron este libro: 
- Federación de Sindicatos del Holding Heineken CCU
- Caritas Chile
- Magíster en Gestión Cultural de la Universidad de Chile
- Magíster en Desarrollo a Escala Humana y Economía Ecológica de la Universidad Austral de Chile
- Escuela de Ingeniería y Ciencias de la Universidad de Chile

* Para leer el Índice, Agradecimientos, prólogos e Introducción: pincha AQUÍ.
* Para ver video de Coloquio de la Esc. Antropología UDEC sobre el libro: pincha AQUÍ.
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Reforma e Ilustración. Los teólogos que construyeron la Modernidad
Oferta sólo venta directa: $ 12.000.- (IVA incluido)

2da. edición - Editorial Ayun - 2012
ISBN: 978-956-8641-11-5
476 pp. / 
16x23 cm. / Encuadernación rústica con solapas

La Modernidad, la tradición cultural anglosajona post Reforma Protestante, sigue vigente en nuestras ideas, moral, instituciones y, por ende, en nuestras vidas cotidianas. Puntualmente, dicha tradición tiene como principal fundamento intelectual al movimiento de la Ilustración; el que, a su vez, se nutre de la Reforma Protestante en su versión calvinista o reformada.
Este libro expone esas relaciones y su rol en el desarrollo de la ciencia experimental, el derecho y la política, la moral y la economía modernas y en la construcción del mundo contemporáneo. Para ello se trabajan los textos originales de autores como Isaac Newton, John Locke, Adam Smith, Jean-Jacques Rousseau, entre otros, quienes a pesar del tiempo transcurrido son cruciales para explicar y criticar nuestra época.

* Para leer el Índice y Presentación del libro: pincha AQUÍ.
* Para ver video de Coloquio de la Carrera de Sociología UCEN sobre el libro: pincha AQUÍ.



¡Súper oferta! 
Sólo venta directa:
1 Oikonomía + 1 Reforma por $ 22 mil (IVA incluido)

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"La izquierda y el woke son absolutamente opuestos"




"Cuando alguien de 20 años piensa que es muy importante cambiar sus pronombres, aunque no se pueda cambiar nada más, pienso que tiene 20 años."


Gerardo Lissardy


La filósofa estadounidense Susan Neiman admite su asombro por la resonancia que tuvo en tantos países su último libro, "Izquierda no es woke", publicado en más de una decena de idiomas.

"No sé por qué se interesan por él en Tailandia, Líbano o Croacia", dice entre risas durante una entrevista con BBC Mundo. "Me sorprendió lo internacional que parece ser el problema".

Se refiere así a la confusión que a su juicio existe entre ser de izquierda y ser woke, un término que literalmente viene de la palabra "woke", el pasado de "wake", que significa despertar, y el slang ha convertido en una referencia a estar alerta ante las injusticias sociales.

Neiman, que se define de izquierda y desde el año 2000 dirige el Einstein Forum en Alemania, no sólo considera que son conceptos opuestos; también dice que, al mezclarse, ayudaron al triunfo electoral de Donald Trump en Estados Unidos en noviembre.

Autora de escritos sobre la Ilustración, la filosofía moral, la metafísica y la política, y académica en las universidades de Yale y Tel Aviv, ha dedicado su carrera a poner en términos simples conceptos filosóficos profundos.

BBC Mundo habló con ella en el marco del Hay Festival que se celebra en Cartagena entre el 30 de enero y el 2 de febrero.

-¿Por qué decidiste escribir un libro afirmando que la izquierda no es woke?

-Porque estuve conversando con amigos en varios países y todos me decían algo así como: "Me temo que ya no soy de izquierda"... Y sacaban a colación alguna declaración o acontecimiento woke con el que no se sentían identificados.

Era algo que se repetía y me pareció importante profundizar en por qué tantos tenemos esa impresión de que a la izquierda le pasa algo.

El objetivo del libro es precisamente analizar eso que la está debilitando, porque la gente está confundida.

Es un problema que empezó en las universidades estadounidenses, pero se extendió muy rápido por el mundo.

-¿Cuál es para ti la diferencia principal entre ser de izquierda y ser woke?

-La confusión viene porque el woke está muy alimentado por elementos que han sido tradicionales de la izquierda: "En caso de duda ponerse del lado de los oprimidos" es uno de ellos.

Ese es un sentimiento muy izquierdista, pero ahora es común tanto para la izquierda como para el woke.

El problema es que la gente tiende a no darse cuenta de que, junto con esta emoción tradicional de izquierda, en el woke hay algunos supuestos filosóficos muy de derecha.

Por ejemplo, ¿es de izquierda decidir que la diversidad es siempre el primer y más importante mandamiento, porque tanta gente se ha quedado fuera de puestos de poder e influencia por pertenecer a minorías?

Es una cuestión que surge todo el tiempo.

Mi sensación firme es que sí, la diversidad es un bien, pero no el bien supremo. Y es un insulto para las mujeres contratarlas sólo porque son mujeres, de igual forma que es un insulto para la gente de color asumir que simplemente porque son gente de color tienen una especie de autoridad.

Voy a entrar en más detalles sobre esto en mi próximo libro: ser víctima no es por sí mismo una fuente de autoridad. Y tendemos a pensar que lo es.

-Quizás sea necesario definir conceptos. ¿A qué te refieres exactamente cuando hablas del woke?

-No defino el woke porque no creo que sea un concepto coherente, porque depende de una escisión entre emociones de izquierdas y pensamientos muy de derecha.

Lo que hago en el libro es definir lo que significa la izquierda hoy. Y el woke es la antítesis de los tres primeros conceptos que señalo como comunes a la izquierda liberal.

Primero, universalismo en vez de tribalismo.

La izquierda y los liberales son fundamentalmente universales.

No asumimos, como hace la derecha, que sólo puedes conectar profundamente con miembros de tu tribu y que, por lo tanto, sólo tienes obligaciones genuinas con ellos.

Segundo, luchamos por justicia, no sólo por poder.

A veces puede ser muy difícil mantener ambas cosas separadas, pero la lucha por la justicia es de izquierda.

Y aunque muchos han renunciado a la idea de que la justicia existe, creyendo que es una máscara para el poder, para la izquierda es fundamental no renunciar a su búsqueda y su universalidad.

Tercero, el progreso es posible; no es inevitable. Sí, está en manos de los seres humanos, que son tan capaces de hacer retrocesos como progresos, pero es posible, y hay ejemplos de que ha ocurrido en el pasado.

Eso es algo importante que a menudo se ve negado por el woke. Pero no es verdad.

Cuando dicen que los afroamericanos en EE.UU. siguen viviendo en condiciones de las leyes Jim Crow, o incluso de esclavitud, o que las mujeres siguen viviendo en el patriarcado, yo digo que sí, que seguimos viviendo con racismo y sexismo, pero decir que no hemos progresado en la lucha contra eso es una visión muy peligrosa, porque lleva a la gente a desesperarse por el progreso a futuro.

Te diría que hay un cuarto concepto: dado que el fascismo y el neofascismo están creciendo en el mundo, necesitamos frentes populares formados por izquierdistas y liberales.

Pero hay que distinguir entre ambos, porque para la izquierda los derechos sociales son auténticos derechos, tan importantes como los derechos políticos.

Para la izquierda, el derecho a la vivienda, a la asistencia médica, a la educación, el acceso a la cultura, las leyes laborales justas son tan importantes como por ejemplo la libertad de expresión.

-¿Dirías que tu idea de una izquierda universalista se aplica solo a Europa y EE.UU., o también a regiones como América Latina, donde hay gente que se define de izquierda y apoya o evita condenar a gobiernos autoritarios que también se llaman izquierdistas o revolucionarios?

-Sé mucho más de la historia de EE.UU. y Europa que de América Latina, pero me sorprendió enormemente que el libro saliera en Chile y en Brasil y que iniciara un gran debate.

Son dos grandes países latinoamericanos con gobiernos socialistas, con mayorías pequeñas, amenazadas por la derecha.

Y lo que me dijo la gente a la que le gustó el libro, es que esto es lo que necesitaban, porque sentían que Lula y Gabriel Boric, para poder armar coaliciones, tenían que incluir cosas que les parecían demasiado woke.

Por ejemplo, en ambos países me chocó que hubiera discusiones sobre baños de género.

Pensaba que sólo los políticos republicanos de Carolina del Norte se preocupaban por este tipo de cosas.

La mayoría de la gente, si va al baño, cierra la puerta. ¿A quién le importa? Es un tema inventado, pero se ha utilizado mucho. Trump lo usó con mucho éxito.

El libro está saliendo también en Tailandia, Corea del Sur y Líbano. Y me pregunté: ¿Por qué publican este libro? Un amigo me dijo: porque están hartos de la teoría poscolonial y creen que alguien tiene que ponerle fin.

-Y más allá de Boric o Lula, cómo encajan las izquierdas radicales que hasta hace poco defendían la lucha armada, o que siguen abrazando el concepto de lucha de clases, que podría ser una forma de ver la sociedad a través del prisma de las identidades o de las tribus…

-Es cierto.

No creo que la reducción de clase sea mejor que la reducción de raza. Y si lo pensamos por un segundo ni Marx, ni Engels, ni Lenin, ni Trotsky provenían de la clase obrera.

Hay incoherencia en el propio marxismo mismo sobre esas bases.

Tratar de discutir sobre clases 150 años después, cuando en ninguna parte del mundo la clase está estructurada como lo estaba en los tiempos de Marx y Engels, tiene muy poco sentido para mí.

Sobre la lucha armada, no estoy segura de que haya buenos ejemplos de luchas revolucionarias armadas que hayan salido bien a largo plazo.

Una crítica del libro en Alemania decía: "Ella no es realmente de izquierda, es socialdemócrata, no cree en la revolución armada".

Yo le diría a cualquiera que todavía crea en la revolución armada en un mundo armado hasta los dientes, que tendríamos suerte de no volarnos los unos a los otros en un futuro próximo.

-Por cierto, la lucha armada, como los gobiernos autoritarios, niega el concepto de derechos humanos que es central en tu definición de izquierda universalista...

Por supuesto.

-¿La confusión que señalas entre izquierda y woke es algo nuevo o es producto de un proceso histórico?

-Lo que ahora llamamos woke es lo que en los '90 se llamaba políticamente correcto.

Lo gracioso es que soy suficientemente mayor como para recordar cuando lo políticamente correcto era usado irónicamente por gente que era socialista pero anti estalinista, para burlarse de los que parecían demasiado rígidos.

Luego fue tomado por la derecha.

Y es interesante que algo así suceda con el woke, un término que comenzó a usarse en los años '30 por los cantantes de blues afroamericanos para denunciar el racismo, y no se utilizó mucho más hasta que Trump llegó al poder.

De hecho, no estuvo presente en las elecciones de 2016 en EE.UU.

Creo que en cierto modo se desarrolló como resultado de la generación que creció pensando que la presencia de Obama era normal, que era normal tener en la Casa Blanca a alguien muy inteligente y competente.

Podías no estar de acuerdo con algunas de sus políticas, pero era obvio que tenía integridad. Y fue un choque pasar de ocho años así al primer gobierno de Trump.

Hay una cita de Martin Luther King que a Obama le gusta usar: "El arco del universo es largo, pero se dobla hacia la justicia".

Pero de repente, el arco se inclinó en la dirección equivocada.

Creo que hubo una sensación de desesperanza, de que casi todo lo que se podía hacer era una acción simbólica, que es en lo que consiste buena parte del wokeísmo.

Cuando alguien de 20 años piensa que es muy importante cambiar sus pronombres, aunque no se pueda cambiar nada más, pienso que tiene 20 años.

Pero hace unos meses escuché un podcast de Judith Butler y habló sobre cuánto ha cambiado el mundo porque la gente cambia sus pronombres.

Es patético que alguien tomada en serio como pensadora política no vea que esto es un sustituto del cambio real.

-¿Y cuál es el peligro tomar izquierda y woke como sinónimos en el mundo actual?

-¡Es que no lo son! ¡Son absolutamente opuestos!

La idea de que no hay nada más que poder, que las pretensiones de justicia no son más que exageraciones, le encanta a los dictadores de derecha y a los dictadores que se llaman a sí mismos de izquierda, pero está también muy presente en las tradiciones woke: no puedes esperar justicia, sólo debes trabajar por el poder para tu tribu.

Esa es una forma completamente diferente de estar en el mundo siendo un auténtico izquierdista.

Esta es la razón principal por la que no puedes ser ambas cosas. Pero también hay una razón práctica.

Creo que aunque Kamala Harris no hizo una campaña woke, Joe Biden sí la hizo. Es curioso: el viejo hombre blanco de la Casa Blanca era extremadamente woke.

Intentó enfatizar mucho la política de identidad. Me enfurecí cuando nombró a Ketanji Brown Jackson para la Corte Suprema.

Estoy segura de que es una buena jueza, pero decir en su campaña cuando intentaba ganar las primarias de Carolina del Sur que nombraría a la primera mujer negra jueza de la Corte Suprema es algo que socava a Ketanji Brown Jackson.

Así que Biden, aunque no parezca woke, estaba dirigiendo el gobierno más woke posible.

-¿Y Trump: cuán woke fue en su campaña?

-Bueno, el último anuncio antitrans que Trump lanzó un par de días antes de las elecciones fue una siniestra obra maestra. Según las encuestas, convenció al 2,7% de sus votantes de Trump, y él solo ganó por 1,5 por ciento. Mira la dimensión.

Así, es comprensible que el wokeísmo moleste y desanime a la gente en tantas partes.

En Alemania tenemos unas elecciones a la vuelta de la esquina y ha jugado un papel importante en el ascenso de la derecha.

-¿Cuánto te preocupa que haya un nuevo gobierno de Trump en EE.UU.?

-Estoy muy preocupada.

La mayor esperanza que creo que podemos tener, por raro que parezca, es que la gente que eligió para su equipo es tan incompetente y horrible que puede haber mucha lucha interna.

A Trump no le gusta estar a la sombra de nadie y ha saboteado a quien pudiera hacérsela. No puede sabotear de forma tan directa a Musk, porque Musk es más rico que él.

Pero es bastante horrible pensar que nuestra mayor esperanza está en la mezquindad y la competencia entre dos personas desagradables.

No conozco a nadie que pueda predecir con seguridad lo que va a pasar.

Mencionste el riesgo del fascismo. Muchos comparan el mundo actual con lo que ocurrió en el período entre guerras en Europa y, en particular, en Alemania. ¿Cómo observas ese paralelismo?

La verdad es que en Alemania me da menos miedo que en otros sitios.

La historia nunca sucede dos veces de igual manera.

Terminé mi libro diciendo que la única razón por la que los nazis pudieron hacerse con el poder sin tener mayoría parlamentaria fue que la izquierda estaba dividida, algo que ha ocurrido muy a menudo.

Es paradójico, porque uno pensaría que para todos estos grupos nacionalistas, cada uno pensando que su nación es la mejor, debería ser mucho más difícil organizarse. Pero no es así. Trabajan juntos con mucha facilidad.

Entonces, ¿creo que las comparaciones son exactas? No, también porque el papel de la ideología es muy diferente ahora.

Pero creo que vale la pena escuchar las comparaciones como una advertencia.





* Publicado en BBC News Mundo, 16.01.25.

La mentira del orden mundial puesta en evidencia por uno de los mentirosos




Mark Carney, 
primer ministro de Canadá, aceptó públicamente en Davos lo que cualquiera con mínima capacitad de observación sabe: el llamado "orden mundial" es un timo, una "ficción" que fue "útil", elaborado por las potencias para autofavorecerse y mantener bajo supervisión legal al resto de países.

Para naciones como Chile, la tragedia de dicho secreto a voces es que nos ufanábamos por ser obedientes a esa legalidad-ficción --un país respetuoso del orden internacional-- y nuestros hermanos mayores nos dedicaban loas por ello... aguatando la risa. 


§§§


El primer ministro canadiense, Mark Carney, señaló en el Foro de Davos que se está ante una ruptura del orden mundial en que las grandes potencias no están sujetas a ninguna restricción.


Es un placer, y un deber, estar entre ustedes en este momento decisivo para Canadá y para el mundo.

Hoy hablaré de la ruptura del orden mundial, del fin de una ficción agradable y del comienzo de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no está sujeta a ninguna restricción.

Pero también les diré que los demás países, en particular las potencias medias como Canadá, no son impotentes. Tienen la capacidad de construir un nuevo orden que integre nuestros valores, como el respeto de los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados.

El poder de los menos poderosos comienza con la honestidad.

Cada día se nos recuerda que vivimos en una época de rivalidad entre grandes potencias. Que el orden basado en normas tiende a desaparecer. Que los fuertes actúan según su voluntad y los débiles sufren las consecuencias. 

Este aforismo de Tucídides se presenta como inevitable, como una lógica natural de las relaciones internacionales que se reafirma. Ante esta constatación, los países tienden en gran medida a seguir la corriente para mantener buenas relaciones. Se adaptan. Evitan los conflictos. Esperan que este conformismo les garantice la seguridad.

No es así.

En 1978, el disidente checo Václav Havel escribió un ensayo titulado El poder de los sin poder. En él planteaba una pregunta sencilla: ¿cómo ha podido mantenerse el sistema comunista?

Su respuesta comienza con la historia de un frutero. Cada mañana, coloca un cartel en su escaparate: «¡Trabajadores de todos los países, únanse!». Él no cree en ello. Nadie cree en ello. Pero lo coloca de todos modos, para evitar problemas, mostrar su cooperación, pasar desapercibido. Y como todos los comerciantes de todas las calles hacen lo mismo, el sistema sigue funcionando.

No solo por la violencia, sino por la participación de los ciudadanos de a pie en rituales que saben perfectamente que son falsos. Havel lo llamaba “vivir en la mentira”. El poder del sistema no proviene de su veracidad, sino de la voluntad de cada uno de actuar como si fuera verdad. Y su fragilidad proviene de la misma fuente: en cuanto una sola persona deja de actuar así, en cuanto el frutero retira su letrero, la ilusión comienza a desmoronarse.

Ha llegado el momento de que las empresas y los países retiren sus carteles.

Durante décadas, países como Canadá han prosperado gracias a lo que llamábamos el orden internacional basado en normas. Nos hemos adherido a sus instituciones, hemos alabado sus principios y nos hemos beneficiado de su previsibilidad. Gracias a su protección, hemos podido aplicar políticas exteriores basadas en valores.

Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era en parte falsa. Que los más poderosos se saltarían las normas cuando les conviniera. Que las normas que regulan el comercio se aplicaban de forma asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con mayor o menor rigor según la identidad del acusado o la víctima.

Esta ficción era útil y la hegemonía estadounidense, en particular, contribuía a garantizar beneficios públicos: vías marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a los mecanismos de resolución de controversias.

Así que colocamos el letrero en el escaparate. Participamos en los rituales. Y, por lo general, evitamos señalar las discrepancias entre la retórica y la realidad.

Este compromiso ya no funciona. Permítanme ser directo: estamos en plena ruptura, no en plena transición. 

Durante las dos últimas décadas, una serie de crisis —financiera, sanitaria, energética y geopolítica— ha puesto de manifiesto los riesgos de una integración mundial extrema. Más recientemente, las grandes potencias han comenzado a utilizar la integración económica como medio de presión. Los aranceles como palanca. La infraestructura financiera como medio de coacción. Las cadenas de suministro como vulnerabilidades que explotar.

Es imposible “vivir en la mentira” de un beneficio mutuo gracias a la integración cuando esta se convierte en la fuente de tu subordinación.

Las instituciones multilaterales en las que se apoyaban las potencias medias, entre otras la OMC, las Naciones Unidas y la COP, que constituyen la arquitectura de la resolución colectiva de los problemas, se han debilitado considerablemente.

Muchos países llegan a las mismas conclusiones. Deben reforzar su autonomía estratégica en los ámbitos de la energía, la alimentación, los minerales críticos, las finanzas y las cadenas de suministro. Esta reacción es comprensible. Un país que no puede garantizar su suministro alimentario, energético o su defensa tiene pocas opciones. Cuando las normas ya no te protegen, uno debe protegerse a sí mismo.

Sin embargo, seamos realistas sobre las consecuencias de esta situación. Un mundo compartimentado será más pobre, más frágil y menos sostenible.

Hay otra verdad: si las grandes potencias renuncian incluso a fingir que respetan las normas y los valores para ejercer su poder sin trabas y defender sus intereses, las ventajas del «transaccionalismo» se vuelven difíciles de reproducir. Las potencias hegemónicas no pueden sacar provecho indefinidamente de sus relaciones.

Los aliados buscarán diversificarse para hacer frente a la incertidumbre. Recurrirán a mecanismos de protección. Multiplicarán sus opciones. Y eso les permitirá reafirmar su soberanía, antes basada en normas, pero que cada vez se basará más en su capacidad para resistir a las influencias externas.

Como he mencionado, esta gestión clásica de los riesgos tiene un coste, pero es posible compartir las inversiones relacionadas con la autonomía estratégica y la protección de la soberanía. Es más ventajoso invertir colectivamente en la resiliencia que construir cada uno su propia fortaleza. La adopción de normas comunes reduce la fragmentación. Las complementariedades benefician a todos.

La cuestión para las potencias medias, como Canadá, no es si debemos adaptarnos a esta nueva realidad. Debemos hacerlo. Se trata más bien de determinar si nos adaptamos simplemente construyendo muros más altos o si podemos mostrar más ambición.

Canadá fue uno de los primeros países en tomar conciencia de la situación, lo que nos llevó a modificar fundamentalmente nuestra orientación estratégica. Las y los canadienses comprenden que nuestra concepción tradicional y tranquilizadora de que nuestra situación geográfica y nuestras alianzas nos garantizaban automáticamente la prosperidad y la seguridad ya no es válida.

Nuestra nueva estrategia se basa en lo que Alexander Stubb ha denominado «realismo basado en valores», es decir, nuestro objetivo es combinar principios y pragmatismo.

Nos mantenemos fieles a nuestros principios en lo que respecta a nuestros valores fundamentales: soberanía e integridad territorial, prohibición del uso de la fuerza salvo en los casos previstos en la Carta de las Naciones Unidas y respeto de los derechos humanos.

Somos pragmáticos porque reconocemos que los avances suelen ser graduales, que los intereses divergen y que no todos nuestros socios comparten necesariamente nuestros valores. Colaboramos de forma abierta, estratégica y lúcida. Aceptamos plenamente el mundo tal y como es, sin esperar a que se convierta en el que nos gustaría ver.

Canadá adapta sus relaciones para que su alcance se corresponda con sus valores. Damos prioridad a un amplio diálogo para maximizar nuestra influencia, en un contexto en el que el orden mundial es particularmente inestable, los riesgos son elevados y los retos para el futuro son considerables.

Ya no dependemos únicamente de la fuerza de nuestros valores, sino también del valor de nuestra fuerza. Consolidamos esta fuerza en nuestro país.

Desde que mi Gobierno asumió el poder, hemos reducido los impuestos sobre la renta, las ganancias de capital y las inversiones de las empresas, hemos eliminado todos los obstáculos federales al comercio interprovincial y estamos acelerando la implementación de inversiones por valor de un billón de dólares en los ámbitos de la energía, la inteligencia artificial y los minerales críticos, en la creación de nuevos corredores comerciales y en muchas otras cosas.

Estamos duplicando nuestro gasto en defensa para 2030 y lo estamos haciendo de manera que se refuercen nuestras industrias nacionales. Nos estamos diversificando rápidamente en el extranjero. Hemos establecido una asociación estratégica global con la Unión Europea que incluye nuestra adhesión a la iniciativa SAFE sobre acuerdos europeos de suministro en materia de defensa.

En los últimos seis meses, hemos firmado otros doce acuerdos comerciales y de seguridad en cuatro continentes. En los últimos días, hemos establecido nuevas asociaciones estratégicas con China y Qatar. Actualmente estamos negociando acuerdos de libre comercio con la India, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, Tailandia, Filipinas y el Mercosur.

Para contribuir a la resolución de los problemas mundiales, damos prioridad a una geometría variable, es decir, nos adherimos a diferentes coaliciones para diferentes cuestiones, en función de los valores e intereses comunes.

En lo que respecta a Ucrania, somos un miembro importante de la Coalición de Voluntarios y uno de los mayores contribuyentes per cápita a su defensa y seguridad.

En materia de soberanía en el Ártico, apoyamos firmemente a Groenlandia y Dinamarca y respaldamos plenamente su derecho exclusivo a determinar el futuro de Groenlandia. Nuestro compromiso con el artículo 5 es inquebrantable.

Colaboramos con nuestros aliados de la OTAN (incluido el grupo de los ocho países nórdicos y bálticos) para hacer más seguros los flancos norte y oeste de la Alianza, en particular mediante inversiones sin precedentes de Canadá en radares transhorizonte, submarinos, aviones y el despliegue de militares sobre el terreno. Canadá se opone firmemente a la imposición de aranceles relacionados con Groenlandia y pide que se mantengan conversaciones específicas con el fin de alcanzar los objetivos comunes de seguridad y prosperidad para el Ártico.

En materia de comercio plurilateral, apoyamos los esfuerzos por tender un puente entre la Asociación Transpacífica y la Unión Europea, con vistas a crear un nuevo bloque comercial de 1500 millones de personas.

En lo que respecta a los minerales críticos, estamos formando clubes de compradores arraigados en el G7 para permitir que el mundo se diversifique y escape a la concentración de la oferta.

En materia de inteligencia artificial, cooperamos con democracias que comparten nuestros puntos de vista para evitar vernos finalmente obligados a elegir entre potencias hegemónicas y proveedores a gran escala.

No se trata de un multilateralismo ingenuo. Nuestro enfoque tampoco se basa en instituciones debilitadas. Consiste en establecer coaliciones eficaces, en función de los retos, entre socios que comparten suficientes puntos en común para actuar juntos. En algunos casos, será la gran mayoría de los países.

Y consiste en crear una amplia red de conexiones en los ámbitos del comercio, la inversión y la cultura, en la que podamos apoyarnos para afrontar los retos y aprovechar las oportunidades que se nos presenten.

Las potencias medias deben actuar juntas, porque si no estás en la mesa, estás en el menú.

Las grandes potencias pueden permitirse actuar solas. El tamaño de su mercado, su capacidad militar y su poder les permiten imponer sus condiciones.

No es el caso de las potencias medias. Cuando negociamos solo a nivel bilateral con una potencia hegemónica, lo hacemos desde una posición de debilidad. Aceptamos lo que se nos ofrece. Competimos entre nosotros por ser los más complacientes. Eso no es soberanía. Es fingir ser soberano mientras se acepta la subordinación.

En un mundo marcado por la rivalidad entre las grandes potencias, los países intermedios tienen dos opciones: competir entre sí para obtener favores o unirse para crear una tercera vía que tenga peso. No debemos permitir que el auge de las potencias duras nos impida ver que la legitimidad, la integridad y las normas mantendrán su fuerza si decidimos ejercerlas juntos.

Lo que me lleva de vuelta a Havel. Para las potencias medias, ¿qué significa “vivir en la verdad”?

Es nombrar la realidad. Dejar de invocar el “orden internacional basado en normas” como si aún funcionara tal y cómo se nos presenta. Llamar al sistema por su nombre: un período de intensificación de la rivalidad entre las grandes potencias, en el que las más fuertes actúan según sus intereses utilizando la integración económica como arma de coacción.

Es actuar de manera coherente. Aplicar las mismas normas a los aliados y a los rivales. Cuando las potencias medias critican la intimidación económica por parte de unos, pero guardan silencio cuando proviene de otros, dejamos el cartel en el escaparate.

Es poner en práctica aquello en lo que afirmamos creer. En lugar de esperar a que se restablezca el antiguo orden, crear instituciones y celebrar acuerdos que desempeñen la función que se supone que deben desempeñar.

Y es reducir la influencia que permite la coacción. Todo gobierno debería dar prioridad a la creación de una economía nacional fuerte. La diversificación internacional no es solo una cuestión de prudencia económica, sino también la base material de una política exterior honesta. Los países se ganan el derecho a adoptar posiciones de principio al reducir su vulnerabilidad a las represalias.

Canadá tiene lo que el mundo busca. Somos una superpotencia energética. Contamos con importantes reservas de minerales críticos. Tenemos la población más instruida del mundo. Nuestros fondos de pensiones se encuentran entre los inversores más importantes y sofisticados del mundo. Contamos con capital, talento y un gobierno con una enorme capacidad financiera que le permite actuar con determinación. Y nos adherimos a valores a los que muchos otros aspiran.

Canadá es una sociedad pluralista que funciona. Nuestro espacio público es ruidoso, diverso y libre. La población canadiense sigue comprometida con la sostenibilidad. Somos un socio estable y fiable en un mundo que no lo es en absoluto, y que establece y valora las relaciones a largo plazo.

Canadá tiene algo más: la conciencia de lo que está sucediendo y la determinación de actuar en consecuencia. Entendemos que esta ruptura exige algo más que una simple adaptación. Exige honestidad sobre la realidad del mundo tal y como es.

Retiramos el cartel del escaparate.

Sabemos que el antiguo orden no volverá. No deberíamos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia. Pero a partir de esta ruptura, podemos construir algo mejor, más fuerte y más justo.

Esa es la tarea de las potencias medias, que son las que más tienen que perder en un mundo de fortalezas y las que más tienen que ganar en un mundo de verdadera cooperación.

Los poderosos tienen su poder. Pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de llamar a las cosas por su nombre, de reforzar nuestra posición en casa y de actuar juntos.

Este es el camino que ha elegido Canadá. Lo hemos elegido abiertamente y con confianza. Y es un camino abierto a cualquier país que desee seguirlo con nosotros.



* Publicado en La Nación, 22.01.26.

Mark Zuckerberg contra Palestina




Waqas Ahmed, Nicolás Rodelo, Ryan Grim y Murtaza Hussain


Una amplia represión contra publicaciones en Instagram y Facebook que critican a Israel, o incluso apoyan vagamente a los palestinos, fue orquestada directamente por el gobierno de Israel, según datos internos de Meta obtenidos por Drop Site News. Los datos muestran que Meta ha cumplido con el 94% de las solicitudes de eliminación emitidas por Israel desde el 7 de octubre de 2023 [1]. Israel es, con diferencia, el mayor emisor de solicitudes de eliminación a nivel mundial, y Meta ha seguido su ejemplo, ampliando la red de publicaciones que elimina automáticamente y creando lo que podría considerarse la mayor operación de censura masiva de la historia moderna.

Las solicitudes gubernamentales de eliminación de contenido generalmente se centran en publicaciones realizadas por ciudadanos dentro de las fronteras de ese gobierno, según fuentes internas de Meta. Lo que hace única a la campaña israelí es su éxito en la censura de la libertad de expresión en muchos países fuera de Israel. Además, el proyecto israelí de censura tendrá una gran repercusión en el futuro, según fuentes internas, ya que el programa de inteligencia artificial que Meta está entrenando para moderar contenido basará sus decisiones futuras en la eliminación exitosa de contenido crítico con el genocidio israelí.

Los datos, recopilados y proporcionados a Drop Site News por denunciantes, revelan el funcionamiento interno de la "Organización de Integridad" de Meta, una organización dentro de Meta dedicada a garantizar la seguridad y la autenticidad de sus plataformas. Las solicitudes de retirada (TDR) permiten a particulares, organizaciones y funcionarios gubernamentales solicitar la eliminación de contenido que presuntamente infringe las políticas de Meta. Los documentos indican que la gran mayoría de las solicitudes de Israel (el 95%) se clasifican en las categorías de "terrorismo" o "violencia e incitación" de Meta. Además, las solicitudes de Israel se han dirigido mayoritariamente a usuarios de países árabes y de mayoría musulmana en un esfuerzo masivo por silenciar las críticas a Israel.

Varias fuentes independientes dentro de Meta confirmaron la autenticidad de la información proporcionada por los denunciantes. Los datos también muestran que Meta eliminó más de 90.000 publicaciones para cumplir con los Informes de Desempeño de la Red (TDR) presentados por el gobierno israelí en un promedio de 30 segundos. Meta también amplió significativamente las eliminaciones automáticas desde el 7 de octubre, lo que resultó en que se tomaran medidas sobre un estimado de 38,8 millones de publicaciones adicionales en Facebook e Instagram desde finales de 2023. En términos de Facebook, "Tomar medidas" significa que una publicación fue eliminada, baneada o suprimida.


Solicitudes de eliminación

Todos los informes de denuncia del gobierno israelí posteriores al 7 de octubre contienen exactamente el mismo texto de queja, según la información filtrada, independientemente del contenido subyacente cuestionado. Fuentes afirmaron que ningún informe de denuncia israelí describe la naturaleza exacta del contenido denunciado, a pesar de que las solicitudes enlazan con un promedio de 15 contenidos diferentes. En cambio, los informes simplemente afirman, además de una descripción de los atentados del 7 de octubre, que:
"Esta es una solicitud urgente sobre los videos publicados en Facebook con contenido incitador. El archivo adjunto a esta solicitud contiene un enlace a contenido que infringe los artículos 24(a) y 24(b) de la Ley Antiterrorista de Israel (2016), que prohíbe la incitación al terrorismo, el elogio de actos terroristas y la identificación o el apoyo a organizaciones terroristas. Además, varios de los enlaces infringen el artículo 2(4) de la Ley de Protección de la Privacidad (1982), que prohíbe publicar imágenes en circunstancias que puedan humillar a la persona representada, ya que contienen imágenes de personas asesinadas, heridas y secuestradas. Asimismo, a nuestro entender, el contenido del informe adjunto infringe las normas de la comunidad de Facebook."
El sistema de control de contenido de Meta procesa los reportes enviados por los usuarios a través de diferentes vías, según quién los reporte. Los usuarios habituales pueden reportar publicaciones mediante la función de reportes integrada de la plataforma, lo que activa una revisión. Las publicaciones reportadas suelen ser etiquetadas primero como infractoras o no infractoras por modelos de aprendizaje automático, aunque a veces también son revisadas por moderadores humanos. Si la IA asigna una puntuación de confianza alta que indica una infracción, la publicación se elimina automáticamente. Si la puntuación de confianza es baja, los moderadores humanos revisan la publicación antes de tomar medidas.

Los gobiernos y las organizaciones, por otro lado, cuentan con canales privilegiados para activar la revisión de contenido. Los informes enviados a través de estos canales reciben mayor prioridad y casi siempre son revisados ​​por moderadores humanos en lugar de por IA. Una vez revisados ​​por personas, las revisiones se incorporan al sistema de IA de Meta para ayudarle a evaluar mejor contenido similar en el futuro. Si bien los usuarios comunes también pueden presentar informes de desempeño (TDR), rara vez se les da curso. Los informes de desempeño (TDR) enviados por el gobierno tienen muchas más probabilidades de resultar en la eliminación de contenido.

Meta ha cumplido de forma abrumadora con las solicitudes de Israel, haciendo una excepción con la cuenta gubernamental al eliminar publicaciones sin revisión humana, según los denunciantes, a la vez que alimentaba la inteligencia artificial de Meta con esos datos. Un informe de Human Rights Watch (HRW) que investiga la moderación de contenido pro-Palestina por parte de Meta después del 7 de octubre reveló que, de 1050 publicaciones que HRW documentó como eliminadas o suprimidas en Facebook o Instagram, 1049 contenían contenido pacífico en apoyo a Palestina, mientras que solo una publicación apoyaba a Israel.

Una fuente de la Organización de Integridad de Meta confirmó que las revisiones internas de su moderación automatizada revelaron que el contenido pro-palestino que no infringía las políticas de Meta se eliminaba con frecuencia. En otros casos, el contenido pro-palestino que debería haberse eliminado simplemente recibió una "falta", lo que indica una infracción más grave. Si una cuenta recibe demasiadas faltas por el contenido que publica, toda la cuenta puede ser eliminada de las plataformas de Meta.

Cuando surgieron preocupaciones sobre una aplicación excesiva de la ley contra el contenido pro palestino dentro de la Organización de Integridad, dijo la fuente, los líderes respondieron diciendo que preferían aplicar una medida excesiva contra el contenido potencialmente infractor, en lugar de aplicar una medida insuficiente y correr el riesgo de dejar el contenido infractor activo en las plataformas Meta.


Eliminar, tachar, suspender

Dentro de Meta, varios puestos de liderazgo clave están ocupados por figuras con vínculos personales con el gobierno israelí. La Organización de Integridad está dirigida por Guy Rosen, exoficial militar israelí que sirvió en la unidad de inteligencia de señales del ejército israelí, Unidad 8200. Rosen fue el fundador de Onavo, una empresa de análisis web y VPN que Facebook adquirió en octubre de 2013. (Informes anteriores revelaron que, antes de adquirir la empresa, Facebook utilizó datos que Onavo recopilaba de sus usuarios de VPN para monitorear el rendimiento de la competencia, parte del comportamiento anticompetitivo denunciado por la Comisión Federal de Comercio (FTC) durante la administración Biden en su demanda contra Meta).

La Organización de Integridad de Rosen trabaja en sinergia con la Organización de Políticas de Meta, según los empleados. La Organización de Políticas establece las normas y la Organización de Integridad las hace cumplir; sin embargo, ambas se retroalimentan, afirmaron. «Los cambios de políticas suelen basarse en datos de la organización de integridad», explicó un empleado de Meta. Este año, Joel Kaplan sustituyó a Nick Clegg al frente de la Organización de Políticas. Kaplan es un exfuncionario de la administración Bush que trabajó con funcionarios israelíes en la lucha contra la incitación en línea.

La directora de Políticas Públicas de Meta para Israel y la Diáspora Judía, Jordana Cutler, también ha intervenido para investigar contenido pro-Palestina. Cutler es una exalta funcionaria del gobierno israelí y asesora del primer ministro Benjamin Netanyahu. Según informes, Cutler ha utilizado su cargo para denunciar contenido pro-Palestina. Según comunicaciones internas revisadas por Drop Site, en marzo, Cutler instruyó activamente a los empleados de la empresa para que buscaran y revisaran contenido que mencionara a Ghassan Kanafani, novelista árabe considerado pionero de la literatura palestina. Justo antes de unirse a Meta como responsable de políticas, pasó casi tres años como jefa de gabinete en la Embajada de Israel en Washington, D. C., y casi cinco años como adjunta a uno de los asesores principales de Netanyahu, antes de convertirse en su asesora para Asuntos de la Diáspora.

Según información interna revisada por Drop Site, Cutler ha seguido exigiendo la revisión del contenido relacionado con Kanafani, en virtud de la política de Meta "Glorificación, Apoyo o Representación" de personas u organizaciones "que proclaman una misión violenta o participan en actos violentos para tener presencia en nuestras plataformas". Kanafani, asesinado en un atentado con coche bomba en 1972 orquestado por el Mossad, era portavoz del grupo nacionalista palestino de izquierda Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP). El FPLP fue designado grupo terrorista más de un cuarto de siglo después de su muerte, lo que, según las directrices de Meta y la labor de Cutler, sirve de base para marcar su contenido con vistas a su eliminación, sanciones y posible suspensión.


Alcance global

Los documentos filtrados revelan que las solicitudes de eliminación de contenido de Israel se han dirigido abrumadoramente a usuarios de países árabes y de mayoría musulmana. Los 12 países más afectados son: Egipto (21,1%), Jordania (16,6%), Palestina (15,6%), Argelia (8,2%), Yemen (7,5%), Túnez (3,3%), Marruecos (2,9%), Arabia Saudita (2,7%), Líbano (2,6%), Irak (2,6%), Siria (2%), Turquía (1,5%). En total, usuarios de más de 60 países han denunciado censura de contenido relacionado con Palestina, según Human Rights Watch, con la eliminación de publicaciones, la suspensión de cuentas y la reducción de la visibilidad mediante prohibiciones en la sombra.

Cabe destacar que solo el 1,3% de las solicitudes de censura de Israel se dirigen a usuarios israelíes, lo que lo convierte en un caso excepcional entre los gobiernos que suelen centrar sus esfuerzos de censura en sus propios ciudadanos. Por ejemplo, el 63% de las solicitudes de censura de Malasia se dirigen a contenido malasio, y el 95% de las solicitudes de Brasil se dirigen a contenido brasileño. Sin embargo, Israel ha orientado sus esfuerzos de censura hacia el exterior, centrándose en silenciar a las críticas y los discursos que cuestionan sus políticas, especialmente en el contexto del conflicto en curso en Gaza y Cisjordania [2].

A pesar de que Meta conocía las agresivas tácticas de censura de Israel desde hacía al menos siete años, según denunciantes, la empresa no ha logrado frenar el abuso. En cambio, uno de ellos afirmó que la empresa «proporcionó activamente al gobierno israelí una vía legal para llevar a cabo su campaña de censura masiva».


NOTA DEL BLOG:

[1] Investigaciones posteriores establecieron que un número no menor de israelíes fueron asesinados por el propio ejército de ocupación israelí. Igualmente, en general, no se hace la distinción entre soldados isarelíes caídos en los combates contra Hamás y los civiles israelíes asesinados por tropas israelíes o por Hamás.

[2] Ya para 2024 diferentes organizaciones internacionales y la ONU sostuvieron que la agresión israelí a Gaza era un genocidio.



* Publicado por Drop Site News, 11.04.25.

El dinero cambia lo que consideramos una necesidad


Guía cultural ju/'hoansi demuestra la forma tradicional de hacer fuego.
(Foto: Emma Gregg)


Una antropóloga documentó durante más de 40 años el intercambio y las relaciones sociales entre los bosquimanos y hace poco dio cuenta de cómo la incorporación del dinero transformó una sociedad históricamente cazadora-recolectora.


Alberto Canseco


En 1974, Polly Wiessner documentó meticulosamente los regalos, el reparto y las relaciones entre los bosquimanos ju/ꞌhoansi del noreste de Namibia y el noroeste de Botsuana. Durante los siguientes 44 años, Wiessner siguió la pista de cómo la introducción del dinero cambió una sociedad históricamente cazadora-recolectora.

Los resultados, «A 44-year perspective on the influence of cash on Ju/’hoansi Bushman networks of sharing and gifting» ("Una perspectiva de 44 años sobre la influencia del dinero en efectivo en las redes de compartir y regalar de los bosquimanos ju/’hoansi"), escritos por Wiessner con el apoyo de la coautora Cindy Hsin-yee Huang, estudiante de doctorado en antropología, se publicaron recientemente en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America (PNAS).

Wiessner es profesora de antropología en la Escuela de Evolución Humana y Cambio Social de la Universidad Estatal de Arizona y miembro de la Academia Nacional de Ciencias. Descubrió que la introducción del dinero en la sociedad ju/’hoansi provocó dos cambios fundamentales: el dinero encarece el hecho de compartir y el dinero redefine la definición de «necesidad» de los humanos. Señala Wiessner:
«Creo que este estudio refleja lo que vemos en todo el mundo. (...) En primer lugar, cuando se obtiene dinero en efectivo, de repente compartirlo con otras personas resulta caro, porque el dinero introduce un montón de intereses individuales que podrían perseguirse».
Antes del dinero en efectivo, los ju/’hoansi compartían y regalaban objetos tanto para sobrevivir como para establecer relaciones, explicó Wiessner. Una práctica importante de los ju/’hoansi es el «Hxaro», en el que hombres y mujeres tienen unas 15 parejas repartidas a lo largo de 200 kilómetros en las que pueden buscar residencias alternativas y ayuda en tiempos de fracaso social o medioambiental.

Con la introducción del dinero, Wiessner dijo que documentó un declive de la práctica en esta sociedad de compartir basada en la necesidad:
«Compartir y dar en función de las necesidades suele funcionar porque el coste para el que da es bajo en relación con el beneficio para el que recibe (...) Pero cuando se tiene dinero en efectivo, el coste para el que da es el mismo que el beneficio para el que recibe».
Los ju/’hoansi tienen ahora una economía mixta y ganan dinero en efectivo de diversas maneras. Wiessner dice que la mayoría no podría alimentar a sus familias sin la ayuda del gobierno. Muchos cosechan una raíz, llamada garra del diablo, que se vende a las empresas farmacéuticas. Algunos trabajan en la construcción, el turismo y para el gobierno, mientras que la mayoría sigue cazando y recolectando.

Para entender el progreso de estos cambios, los adultos ju/’hoansi fueron entrevistados sobre sus pertenencias a principios de la década de 1970, luego de nuevo en 2017 y 2018, y finalmente en 2020 y 2022, cuando los colaboradores ju/’hoansi entrevistaron a los individuos sobre los ingresos en efectivo. Según Hsin-yee Huang:
«La Dra. Wiessner explicó el contexto de los datos recogidos para que no fueran sólo números en una hoja de cálculo, sino que se tratara realmente de personas y sus relaciones expresadas a través de las pertenencias materiales (...) Situar la información en el contexto institucional y social fue realmente importante para entender lo que realmente significaba la información recogida. Los registros de sus pertenencias eran realmente un registro de sus conexiones sociales, en cierto modo, y reflejaban normas sobre su economía y estructura social.»
Aunque la investigación de Wiessner demostró que el dinero cambió lo que los ju/’hoansi consideraban una «necesidad», no cambió la igualdad social, política o de género dentro de la cultura. Dentro de la cultura igualitaria de los ju/’hoansi, los hombres y las mujeres son iguales y nadie emplea a otros para que hagan sus trabajos domésticos; los líderes elegidos para las instituciones modernas no duran mucho tiempo, ya que a los ju/’hoansi no les gusta la idea de que una persona represente a otras, dijo Wiessner.

Wiessner dijo que los artículos más comunes que necesitan los ju/’hoansi son colchones, mantas y mejores zapatos y ropa. Sin embargo, una vez que el dinero comenzó a introducirse en la sociedad, las personas con más dinero y hogares modernos «necesitaron» artículos más modernos, como un refrigerador y energía solar, dijo.

Otro cambio que observó Wiessner con la introducción del dinero es la conexión emocional con los artículos que se regalan:
«En el pasado, cuando se regalaba y compartía, la relación y el objeto estaban unidos (...) Así que si tienes un bonito juego de cuentas o un collar, lo social y lo económico están entrelazados. Con el dinero, puedes separar las cosas de las relaciones (...) Así que, a medida que consigues más dinero, lo que defines como una necesidad cambia».
A lo largo de sus décadas de investigación, Wiessner ha sido testigo de la necesidad que tienen los ju/’hoansi de cambiar su economía debido a la pérdida de tierras en favor de las reservas de caza. No tienen espacio para cazar y recolectar como antes. Wiessner creó una organización sin ánimo de lucro, «The Tradition and Transition Fund», que ayuda a proporcionar seguridad alimentaria y de agua, así como asistencia agrícola, a los ju/’hoansi.



* Publicado en Nota Antropológica, 04.11.22.

Imperios liberales. Estados Unidos y Francia





La perspectiva de fondo de este libro busca destacar un aspecto esencial: el imperialismo, el colonialismo y el neocolonialismo en los casos de Estados Unidos y Francia, tienen relación con sistemas democráticos y liberales occidentales modernos.

Tal como señala el historiador y filósofo italiano Domenico Losurdo (2005) en su Contrahistoria del liberalismo, toda acción imperial euronorteamericana moderna, «lejos de ser impedida o bloqueada por el mundo liberal, se ha desarrollado en estrecha conexión con él». E, incluso, impulsada a la fecha por aquel, se agrega y remarca aquí. Algo que parecería impensado bajo el supuesto de que los sistemas republicanos/democráticos y liberales occidentales, tienen por objetivo expandir la libertad y el autogobierno por el mundo y salvarlo de los flagelos de la tiranía y la violencia entre Estados, o de estos contra los pueblos. O, al menos, por definición, estarían en las antípodas de procesos sistemáticos de dominación militar, explotación económica, esclavismo y trabajos forzados, asesinatos y deportaciones masivas, etc.

Más allá de los supuestos, las malas lecturas, la condescendencia o hasta de cierta ingenuidad, es un hecho que el complejo liberal por excelencia compuesto por la democracia liberal y el capitalismo de mercado, ha sido el protagonista de la moderna barbarie imperialista y colonial euronorteamericana. Y, a la fecha, lo sigue siendo de diversos casos de su neocolonialismo. Para nadie debería ser una sorpresa que las promesas de la Modernidad no se hayan cumplido fuera de Europa Occidental y Estados Unidos… y otras tantas veces ni siquiera allí se han materializado para los estratos inferiores, minorías o grupos oprimidos de la población (incluso, si son alrededor de la mitad de esa población, como es el caso de las mujeres).

Sin embargo, ese incumplimiento no ha obedecido a una traición o doble discurso. Como aquí se expondrá, los sistemas ilustrados y modernos se originaron como propuestas exclusivas y excluyentes apoyadas de manera explícita en el clasismo, el racismo y hasta en el cristianismo. Ni en su letra ni en su espíritu fueron proyectos universales. Ya en su origen se negó de plano esa posibilidad o solo se permitió cierta inclusión y, además, de forma limitada. Herencia que, sin duda, aún pervive.

Primero, la Ilustración fue explícitamente un piadoso movimiento de élite. Sus autores no hablaban por nadie externo a su grupo aristocrático y burgués, ni tampoco buscaban interpretarlos. E, incluso, al interior de aquella élite quedaban fuera las mujeres[1]. Luego, los movimientos revolucionarios de los colonos norteamericanos y de la burguesía francesa del siglo XVIII, replicaron ese elitismo al asumir las ideas iluministas. Lo hicieron fundados en esos pensamientos exclusivos y excluyentes, en la cultura clasista y racista de la época o en una síntesis de esos elementos. Sobre todo, en el caso estadounidense, esas actitudes se sintetizaron con la interpretación puritana del cristianismo. Además, a ambos lados del Atlántico, de nuevo no se consideraron a las mujeres.

La posterior Modernidad vino a operacionalizar, por así decirlo, la postura ilustrada en el mundo real. Uno donde los pecadores o condenados, las razas inferiores, los trabajadores, las mujeres y pobres en general, no tenían cabida en términos de igualdad legal, moral, intelectual ni en dignidad.

Si la Modernidad triunfante, fruto del Iluminismo, es la liberal, ¿qué es, entonces, el liberalismo? De esta duda inicial se derivan, por lo menos, otras dos preguntas: ¿puede haber imperios liberales? y ¿es conceptualmente correcto hablar de imperios liberales?[2]

La primera duda se puede contestar siguiendo de nuevo a Losurdo. En su libro antes citado emprende un recorrido por el primer liberalismo euronorteamericano a través de citas originales de sus ideólogos y protagonistas. Lo que el autor expone son afirmaciones sincera y descarnadamente racistas, clasistas, imperialistas y colonialistas. Al tenor de aquellas, con toda razón señala el filósofo e historiador italiano que es obvia la necesidad de replantearse qué es el liberalismo. Porque al tomar en cuenta esas expresiones y las acciones de las potencias liberales, no queda ninguna duda de que dicha ideología nunca buscó la liberación, el autogobierno y la protección de la esfera individual del género humano en su conjunto. De tal modo, y para ser sinceros, este libro no ofrece al mundo descubrimientos extraordinarios. Simplemente se recogen hechos… los porfiados hechos que siempre han estado ahí para quien los quiera tomar en cuenta.

La revolución de las trece colonias británicas de Norteamérica, los futuros Estados Unidos de América, fue un proceso encabezado por las élites coloniales que se fundamentó en la ideología y valores clasistas, racistas y religiosos de la época. En tal sentido, el autogobierno se entendió como una política de y para los varones propietarios blancos (los elegidos del dios puritano); y la libertad y la protección de la esfera individual se asumió en términos limitados al ligarse a la raza, al estatus socioeconómico y al género masculino. Por su parte, el proceso revolucionario francés y la consecuente Primera República puede homologarse en gran medida –en cuanto a clasismo, racismo y perspectiva patriarcal–, a esa experiencia anglosajona en América del Norte. Asimismo, las acciones y políticas hacia el exterior de ambas repúblicas liberales siguieron un derrotero similar.

En términos generales, y en tanto un filósofo arquetípicamente liberal, como se verá más adelante, John Locke no tendría mayores reparos con las experiencias revolucionarias y republicanas racistas y clasistas de Estados Unidos y Francia. Ni menos con el fundamental componente religioso del proceso norteamericano[3].

Debe quedar en claro que, en sentido estricto, el primer liberalismo del siglo XVIII fue liberador tan solo para ese pequeño grupo de varones blancos propietarios que conformaban la burguesía y la aristocracia progresista (léase anti feudal o anti Antiguo Régimen). La lenta ampliación de los principios liberales en la práctica sociopolítica no debe ocultar tres cuestiones: la renuencia de esas élites a dichas concesiones, las cruentas luchas emprendidas por sectores subalternos para que ello sucediera y todos los grupos que iban quedando por fuera de ese ámbito liberal republicano ampliado lentamente. En tal sentido, el clasismo y el racismo fueron una fuerza poderosa y todavía lo son tanto en la Unión norteamericana como en Francia.

La libertad económica y la política liberal euronorteamericana se unieron para llevar adelante el proyecto organizado de explotación y opresión de pueblos atrasados, bárbaros, paganos, no occidentales o de las razas inferiores. Conformaron un sistema hacia fuera de su club exclusivo y excluyente que tenía su sede central en las metrópolis. Tal sistema nunca pretendió la liberación y el autogobierno del género humano, ni la protección de la esfera individual de todos sus miembros. Es más, la explotación de los otros, sostenida en un marco de violencia institucionalizada, era lo que posibilitaba reproducir la estructura exclusiva y excluyente. El imperialismo permitía al colonialismo (y luego al neocolonialismo) la acumulación de capital a partir de la explotación de territorios y pueblos lejanos; y, en un doble juego, igualmente se explotaban los territorios y a las clases bajas de la propia nación.

Esas clases bajas de las metrópolis, beneficiadas por la libertad civil y la igualdad jurídica impuestas por las repúblicas liberales, se veían en lo material favorecidas por el imperialismo y el colonialismo en algún grado siempre limitado: la idea de las élites era que ese beneficio material fuera lo más pequeño posible (por el «chorreo» del mercado y no por redistribución vía política fiscal). Se puede suponer que, en realidad, se encauzaba principalmente a través de mecanismos emocionales: el orgullo chovinista por pertenecer a una raza superior que había construido un imperio que difundía/imponía la civilización –léase, la cultura occidental moderna– alrededor del mundo.

Los indignantes acontecimientos, frutos del imperialismo, el colonialismo y el neocolonialismo, nunca deben ser olvidados, ni debieran repetirse. Y, se insiste, deben ser reparados tal como lo fueron, en algunos casos, las atrocidades nazis; por más que la historia oficial, moderna y modernizada, nunca relacione ni compare el imperialismo nazi con el de otras naciones occidentales liberales. El punto, tal como con acierto señaló Aimé Césaire (2006), poeta y político caribeño-francés, es que el nazismo se atrevió a hacer lo impensado para la mentalidad racista euronorteamericana. El Tercer Reich tuvo un desprecio absoluto por la vida de otros blancos y los trató como ellos estaban acostumbrados a tratar a los pueblos atrasados, bárbaros, paganos, no occidentales o a las razas inferiores:
…lo que no [se] le perdona a Hitler no es el crimen en sí, el crimen contra el hombre, no es la humillación del hombre en sí, sino el crimen contra el hombre blanco, es la humillación del hombre blanco, y haber aplicado en Europa procedimientos colonialistas que hasta ahora solo concernían a los árabes de Argelia, a los coolies de la India y a los negros de África (Césaire, 2006: 15. Cursivas del original)[4].
En tal sentido, ¡se insiste con majadería para que nunca se olvide!, ambos casos aquí expuestos se tratan de repúblicas liberales. Tanto Estados Unidos como Francia han llevado a cabo sus proyectos imperiales, coloniales y neocoloniales al alero de procedimientos democráticos en cada metrópoli y de una ideología de la libertad y de la supremacía del estado de derecho (un marco legal legítimo porque, justamente, emana de un pacto democrático).

Es importante remarcar un punto esencial: los imperios que aquí nos ocupan, los civilizados y progresistas Estados Unidos y Francia, no desconocían ni desconocen las ideas/valores de libertad, autogobierno, derechos y autonomía individual, dignidad humana, estado de derecho, y más recientemente, la doctrina de los derechos humanos. Incluso, esas naciones contribuyeron al desarrollo de tales ideas/valores y fueron activos agentes de su difusión. Por desgracia esas ideas/valores fueron elaborados y han sido aplicados en un sentido limitado. Hay que tomar en cuenta la diferencia establecida entre los que en su momento eran los verdaderos humanos y hoy son los humanos que importan con respecto a las poblaciones que fueron, y son todavía, calificadas como semi o subhumanas o humanos de menor importancia[5].

Esos eventos atroces, sistemáticos y organizados pueden repetirse, y por cierto, que algunos de ellos siguen ocurriendo. Por fortuna, por ahora, no a la escala de tiempos pasados. Por eso siempre es bueno tener presente lo que significan el imperialismo, el colonialismo y el neocolonialismo para sus víctimas, de modo que ese «por ahora» se extienda por el mayor tiempo posible.


NOTAS:

[1] La participación, preferentemente en el caso galo, de algunas mujeres en los círculos intelectuales ilustrados no se tradujo en su inclusión en la realidad social y política.

[2] El marxismo, en tanto otra expresión de la Modernidad, es tan heredero de la Ilustración en términos de sus fundamentos como el liberalismo. Cuando se comprende desde la filosofía y la antropología la confrontación del liberalismo con las ideas de Marx (o con sus diferentes interpretaciones) durante el siglo XX, se constata que fue un conflicto occidental exportado al resto del mundo. El propio Ho Chi Ming, líder comunista vietnamita, lo expresa con claridad: «Marx ha construido su teoría sobre cierta filosofía de la historia, pero ¿cuál historia? La historia europea. ¿Y qué es Europa? No representa a todo el género humano» (Yen, 2013. Texto electrónico. Traducción nuestra).

[3] Si el cristianismo sigue presente de forma implícita en los sistemas de la Modernidad, lo que incluye a Francia, en Estados Unidos es un factor explícito y de primer orden en su cultura y política (Monares, 2012).

[4] Donny Gluckstein (2013) describe a la Segunda Guerra Mundial como un conflicto entre dos proyectos imperialistas: el de los Aliados y el del Eje. De tal manera, el historiador distingue entre: (i) una guerra promovida por los primeros como «antifascista» y las luchas de diferentes pueblos contra el fascismo; y (ii) las guerras de liberación de diferentes pueblos contra el imperialismo de los Aliados y del Eje.

[5] Esa diferencia se puede encontrar a propósito de la investigación de la Corte Penal Internacional (CPI) sobre el genocidio en Gaza. Karim Khan, fiscal jefe de la CPI que lleva el caso, declaró haber sido presionado por un líder occidental en defensa de Israel: le aclaró que la Corte fue pensada «para África y matones como Putin», no para perseguir a occidentales. En el mismo caso, la inteligencia israelí ha acosado y espiado a miembros de la CPI, puntualmente respecto de una exfiscal jefa, considérense la tranquilidad de un agente por esas acciones: «Con [Fatou] Bensouda, ella es negra y africana, entonces, ¿a quién le importa?» (Davies, McKernan, Abraham y Rapoport, 2024). Incluso, entre la gente común, se sabe que una tragedia en la esfera euronorteamericana impactará mucho más que una situación similar en el Tercer Mundo.



* Fragmento de la Presentación del libro Imperios liberales. Estados Unidos y Francia. Colección ETHICS. Santiago. 2025.

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