En marzo de 1819 el Director Supremo envío una carta a los lonkos y caciques al sur del Bío Bío, señalándolos como vecinos con total autonomía e independencia. La misiva del padre de la patria tal vez no es parte de la historia clásica en Chile, pero sí parte de la historia de la búsqueda del derecho a autonomía que reclaman las comunidades mapuche.Paula HuenchumilBernardo O’Higgins Riquelme (1778-1842), quien fue nombrado Director Supremo de Chile en 1817 hasta su abdicación en 1823, realizó diversas obras fundadoras bajo su gestión como el Cementerio General, la Alameda de la Delicias, abolió títulos de nobles, fundó la escuela naval y militar, y decretó la libertad de vientres (nadie nacería esclavo en el país).Pero hay un hecho ligado al llamado padre de la patria que ha sido silenciado por la historia oficial, y es que O’Higgins reconoció la independencia del pueblo mapuche a través de una carta en marzo de 1819 titulada “El supremo director del Estado a nuestros hermanos los habitantes de la frontera del sur”.Antes de la llegada de los europeos, los pueblos indígenas en el continente americano sumaban una cantidad de 80 millones. “La mayor parte de esta población sufrió el tormento de la conquista, grandes imperios como el del Tawantinsuyo y el azteca sucumbieron ante la maquinaria bélica del conquistador, quienes no vivieron esta situación fue porque opusieron un resistencia victoriosa, como en el caso Mapuche, Guaraní o Apache; o porque huyeron a otros ecosistemas de difícil acceso como los Tarahumaras o Yaki en México; o porque su medio fue inexpugnable como en el caso de los cazadores recolectores del Amazonas”, informa el historiador Pablo Marimán, miembro de la Comunidad de Historia Mapuche.Luego de la denominada conquista, en el marco del movimiento emancipatorio de las colonias españolas en América en el siglo XIX, entre sus motivaciones iniciales estuvo la libertad de comercio y fue la élite criolla el grupo que lideró principalmente el afán de independencia.“El Wallmapu [territorio mapuche] lindaba en su norte con este orden colonial. Se había mantenido independiente por casi tres siglos. En Ngulumapu el río Bio Bio era la frontera que los separaba de la Gobernación de Chile. Esta última tuvo entre sus representantes a Ambrosio O’Higgins, quien por medio el parlamento de Negrete y el de las Canoas continuó con la tradición política de avenimiento que habían acordado con los representantes de la nación mapuche desde inicios del siglo XVI”, explica Pablo Mariman, quien también es académico del Departamento de Antropología de la Universidad Católica de Temuco.Marimán rescata que O'Higgins, nacido en Chillán en 1778, no solo sabía de la existencia de los mapuche, sino que se educó con ellos en esa ciudad donde pudo conocer parte de la cultura y el idioma mapudungun. “Creemos que lo más importante es que vio y supo de estos encuentros políticos periódicos, los Parlamentos, constatando las relaciones, instituciones y materias políticas que constituían a estos eventos y a sus interlocutores”, plantea Marimán.La misiva en la que Bernardo O’Higgins reconoció la independencia mapuche, no es un hecho que se destaque en los libros de historia. Es más, se ha dado más bien énfasis a la violenta ocupación e invasión del territorio mapuche que se inició en 1861, conocida como la Pacificación de la Araucanía, término criticado ampliamente por los académicos, puesto que se ha utilizado como un eufemismo para lo que en realidad consistió en la ocupación de las tierras indígenas al sur del río Biobío, desconociendo los tratados firmados que reconocían el territorio mapuche como autónomo.“En el bicentenario de esta carta y de las gestas que consumaron la independencia de Chile, se hace necesario reflexionar, pues desde una comparación con lo actual vemos que la clase política chilena -al contrario de los padres de la patria- se niega a reconocer y otorgar los derechos que les corresponden a los mapuche. El relato histórico que ha llevado a esa actitud ha obnubilado entre otros hechos: los parlamentos de Yumbel (1823) y Tapiwe (1825) que bajo el gobierno de Ramón Freire promovieron la idea de aliados hermanos con fronteras, potestades y soberanías diferenciadas; la declaración unilateral como provincia chilena del Ngulumapu que hizo el gobierno de Manuel Montt en 1852; la elaboración, sanción e implementación de un plan de conquista llevado a cabo por gobiernos conservadores y liberales (1859-1884) que culminó con la independencia del Ngulumapu y su anexión a Chile; la situación y relaciones coloniales que en adelante se han nutrido del despojo, la colonización, la contrarreforma agraria, y el actual extractivismo bajo la versión multicultural del neoliberalismo”, plantea Marimán.El Supremo Director del Estado a nuestros hermanos los habitantes de la frontera del Sud.Chile acaba de arrojar de su territorio a sus enemigos después de nueve años de una guerra obstinada y sangrienta. Sus fuerzas marítimas y terrestres, sus recursos y el orden regular que sigue la causa americana en todo el continente, forman un magnífico cuadro, en que mira afianzada su Independencia.Las valientes tribus de Arauco, y demás indígenas de la parte meridional, prodigaron su sangre por más de tres centurias defendiendo su libertad contra el mismo enemigo que hoy es nuestro. ¿Quién no creería que estos pueblos fuesen nuestros aliados en la lid a que nos obligó el enemigo común? Sin embargo, siendo idénticos nuestros derechos, disgustados por ciertos accidentes inevitables en guerra de revolución, se dejaron seducir de los jefes españoles. Esos guerreros, émulos de los antiguos espartanos en su entusiasmo por la independencia, combatieron encarnizadamente contra nuestras armas, unidos al ejército real, sin más fruto que el de retardar algo nuestras empresas y ver correr arroyos de sangre de los descendientes de Caupolicán, Tucapel, Colocolo, Galvarino, Lautaro y demás héroes, que con proezas brillantes inmortalizaron su fama.¿Cuál habría sido el fruto de esta alianza en el caso de sojuzgar los españoles a Chile? Seguramente el de la pronta esclavitud de sus aliados. Los españoles jamás olvidaron el interés que tenían en extenderse hasta los confines del territorio austral. Sus preciosas producciones, su incomparable ferocidad, y su situación local, han excitado siempre su ambición y codicia. Con este objeto han mantenido continua guerra contra sus habitantes, suspendiéndola sólo cuando han visto que no hay fuerza capaz de sujetar a unos pueblos que han jurado ser libres a costa de todo sacrificio. Pero no han desistido de sus designios, pues en los tiempos que suspendieron las armas fomentaron la guerra intestina, para que destruyéndose mutuamente los naturales, les quedase franco el paso a sus proyectos. Entre tanto el comercio no era sino un criminal monopolio; la perfidia, el fraude, el robo y en fin todos los vicios daban impulso a sus relaciones políticas y comerciales.Pueblos del Sud, decidme si en esto hay alguna exageración; y si por el contrario apenas os presento un lisonjero bosquejo de la conducta española, convendreis precisamente en que dominando España a Chile, se hubiera extendido sobres vuestros países como una plaga desoladora, concluyendo con imponeros su yugo de fierro que acaso jamás podríais sacudir.En el discurso de la guerra pensé muchas veces hablaros sobre esto, y me detuve porque conocí que estabais muy prevenidos a cerrar los oídos a la voz de la verdad. Ahora que no hay un motivo de consideración hacia vosotros, ni menos a los españoles, creo me escucharéis persuadidos de que sólo me mueve el objeto santo de vuestro bien particular y del común del hemisferio chileno.Nosotros hemos jurado y comprado con nuestra sangre esa Independencia, que habéis sabido conservar al mismo precio. Siendo idéntica nuestra causa, no conocemos en la tierra otro enemigo de ella que el español. No hay ni puede haber una razón que nos haga enemigos, cuando sobre estos principios incontestables de mutua conveniencia política, descendemos todos de unos mismos Padres, habitamos bajo de un clima; y las producciones de nuestro territorio, nuestros hábitos y nuestras necesidades respectivas no invitan a vivir en la más inalterable buena armonía y fraternidad.El sistema liberal nos obliga a corregir los antiguos abusos del Gobierno español, cuya conducta antipolítica diseminó entre vosotros la desconfianza. Todo motivo de queja desaparecerá si restablecemos los vínculos de la amistad y unión a que nos convida la naturaleza. Yo os ofrezco como Supremo magistrado del pueblo chileno que de acuerdo con vosotros se formarán los pactos de nuestra alianza, de modo que sean indisolubles nuestra amistad y relaciones sociales. Las base sólidas de la buen fe deben cimentarlas, y su exacta observancia producirá la felicidad y seguridad de todos nuestros pueblos. Se impondrá penas severas a los infractores, que se ejecutarán a vista de la parte ofendida, para que el ejemplo reprima a los díscolos.Nuestras Escuelas estarán abiertas para los jóvenes vuestros que voluntariamente quieran venir a educarse en ellas, siendo de cuenta de nuestro Erario todo costo. De este modo se propagarán la civilización y luces que hacen a los hombres sociales, francos y virtuosos, conociendo el enlace que hay entre los derechos del individuo y los de la sociedad; y que para conservarlos en su territorio es preciso respetar los de los pueblos circunvecinos. De este conocimiento nacerá la confianza para que nuestros comerciantes entren a vuestro territorio sin temor de extorsión alguna, y que vosotros hagáis lo mismo en el nuestro, bajo la salvaguardia del derecho de gentes que observaremos religiosamente.Me lleno de complacencia al considerar hago estas proposiciones a unos hombres que aman su independencia como el mejor don del Cielo; que poseen un talento capaz de discernir las benéficas intenciones del pueblo chileno; y que aceptándolas, desmentirán el errado concepto de los europeos sobre su trato y costumbres.Araucanos, cunchos, huilliches y todas las tribus indígenas australes: ya no os habla un Presidente que siendo sólo un siervo del rey de España afectaba sobre vosotros una superioridad ilimitada; os habla el jefe de un pueblo libre y soberano, que reconoce vuestra independencia, y está a punto a ratificar este reconocimiento por un acto público y solemne, firmando al mismo tiempo la gran Carta de nuestra alianza para presentarla al mundo como el muro inexpugnable de la libertad de nuestros Estados. Contestadme por el conducto del Gobernador Intendente de Concepción a quien he encargado trate este interesante negocio, y me avise de nuestra disposición para dar principio a las negociaciones. Entre tanto aceptad la consideración y afecto sincero con que desea ser vuestro verdadero amigo.Bernardo O’Higgins R.SANTIAGO, Sábado 13 de Marzo de 1819* Selección de un artículo publicado en Interferencia, 18.09.24. La carta se extrajo desde El Mostrador, 20.08.14.
La carta en que O’Higgins reconoce la Independencia de la Nación Mapuche
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