Simón Bolívar
A estas alturas no debería ser sorpresa para nadie esa singular compulsión que, desde mediados del siglo XX, tiene nuestra derecha por Estados Unidos. Debilidad que deja fuera de juego a su supravaloración de la "chilenidad" y a su usurpación del "patriotismo" como su exclusiva y excluyente propiedad privada [1].
Esta vez lo demostró el presidente Kast que, asumiendo la tradición de su sector, adhirió a Chile a esa servil asociación de títeres de derecha y ultraderecha llamada "Escudo de las Américas". Como se sabe que Kast es una especie de analfabeto funcional, de poquísimas luces además, cabe la duda si leyó lo que firmó o si lo entendió (o, al menos, si lo leyeron o entendieron sus asesores). Ese impúdico servilismo ya se conoce de sobra en Latinoamérica, el tema es que hoy Kast ha puesto de rodillas a todo el país ante la peor expresión del Imperialismo estadounidense: la presidencia de Trump y su "Doctrina Donroe" (Donald + Monroe) [2].
Si la derecha se diera la molestia de leer, cosa que dudamos con mayor razón de que esté dentro de las actividades o pasatiempos de Kast, ya sabría de las múltiples advertencias de Simón Bolívar, entre las de otros próceres e intelectuales latinoamericanos y chilenos, sobre la política de Estados Unidos sobre su "patio trasero".
De practicar ese hoy añejo hábito de leer, se sabría que el presidente republicano William Taft señalaba en 1912: "El hemisferio [el continente americano] todo nos pertenecerá, como de hecho, ya nos pertenece moralmente, por la virtud de la superioridad de nuestra raza". Como asimismo, se sabría la obviedad que a estas alturas son las declaraciones de Philip Agee, fallecido exagente de la CIA, sobre la relación de Washington con sus vecinos al sur del río Grande:
Los intereses de Estados Unidos están definidos como el acceso sin obstáculos a los recursos naturales, a la mano de obra y a los mercados de terceros países (...) Países como los de América Latina son los que garantizan la prosperidad de Estados Unidos.
Curiosamente, todavía hay gente que no es capaz de relacionar el que los estadounidenses le digan "América" a su país, con la frase resumen de la Doctrina Monroe y hoy de la Donroe: "América para los americanos". No es otra cosa que la "eterna obligación del débil" de la cual nos prevenía El Libertador [3].
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Daniel Matamala
I. Al anunciar su adhesión al Escudo de las Américas, usted la presentó como una simple “coordinación contra el crimen organizado”. Sin embargo, el Departamento de Estado de EE.UU. publicó un comunicado, con firma de Chile, en que adoptamos una serie de compromisos en ámbitos económicos, militares y diplomáticos.
¿Por qué los chilenos tuvieron que enterarse por otro país, y no por Chile, de lo que usted había firmado? ¿Quién redactó ese documento? ¿Tuvo Chile alguna injerencia, o se limitó a firmar un texto listo? Es más: ¿leyó al menos usted lo que decía? ¿Ignoraba su contenido, o lo ocultó intencionalmente a la opinión pública?
II. El comunicado se titula “Declaración conjunta sobre la defensa de la soberanía hemisférica”.
¿Qué es la “soberanía hemisférica”? ¿Por qué Chile adopta ese término cuando Estados Unidos ha declarado oficialmente una “Doctrina Donroe” que cataloga al hemisferio como su “patio trasero”? ¿Por qué Chile acepta otra soberanía distinta a la de nuestra propia patria, la única que usted, como jefe de Estado, ha jurado defender?
III. El comunicado incluye una serie de compromisos lesivos a los intereses económicos de Chile, que se compromete a 1) “explorar mecanismos de examen de inversiones”, 2) “promover normativas sobre proveedores de confianza para la infraestructura digital”, y 3) “salvaguardar las cadenas de suministro de minerales críticos”.
Sabemos que eso significa 1) excluir inversiones de otros países, en especial China, en áreas sensibles, 2) vetar a proveedores como China, y 3) entregar acceso privilegiado a esos minerales a EE.UU.
Los puntos 1) y 2) ya se pusieron en práctica contra Chile, con el veto estadounidense al proyecto de “cable chino”, y el 3) con la presión para asegurar nuestros minerales críticos.
Presidente, ¿qué gana Chile al someterse a la vigilancia de una potencia extranjera sobre qué inversiones podemos aceptar y cuáles no? ¿Para qué queremos nosotros “salvaguardar las cadenas de suministro” de un país específico, en vez de hacer negocios con quien más nos convenga? ¿Sabe usted que EE.UU. considera “minerales críticos” no solo a las tierras raras, sino también al cobre y el litio, y que por lo tanto usted está comprometiendo nuestra autonomía para definir cómo aprovechar nuestras dos mayores riquezas?
IV. Usted aseguró enfáticamente que “no estamos hablando de operaciones militares”. ¿Olvidó, presidente, que cuando los convocó a su club, en marzo, Trump les dijo que “debemos desatar el poder de nuestros ejércitos. Tenemos que usar nuestro Ejército. Tienes que usar tu Ejército”?
Se lo dijo en su cara tres veces, presidente. ¿No entendió?
Entonces Trump también advirtió que “Estados Unidos entrenará y movilizará las fuerzas militares de naciones aliadas para lograr las más efectivas fuerzas de combate”.
¿Por qué usted metió a Chile en un grupo creado con esos fines? ¿Cuando Trump le pida que cumpla lo que ya le advirtió tres veces, se atreverá usted a decirle que nuestras fuerzas armadas no están para ser “entrenadas y movilizadas” por una potencia extranjera? ¿O le temblará la mano, como le ha temblado cada vez que ha sido desafiado, ni siquiera por Trump, sino apenas por su embajador en Chile?
V. Siguiendo las instrucciones de Trump, Chile y los demás gobiernos del “patio trasero”, declararon a 24 organizaciones criminales como “narcoterroristas”. En su discurso ante la ONU, Trump reconoció que “designé a los carteles de drogas como organizaciones terroristas foráneas para usar las fuerzas armadas y eliminarlas” y que “los carteles son el ISIS del Hemisferio Occidental”.
Ya sabemos qué significa eso en la práctica. Estados Unidos ha asesinado a al menos 234 civiles en 70 ataques en alta mar, en el Caribe y el Pacífico, acusándolos de ser narcotraficantes y, por lo tanto, terroristas, sin entregar ninguna evidencia de ello.
Presidente, ¿se da cuenta de que está apoyando asesinatos extrajudiciales que violan el derecho internacional? ¿Qué hará si el Comando Sur asesina a tripulantes chilenos, tal como ya lo ha hecho con mexicanos, colombianos, venezolanos y ecuatorianos? ¿Se encogerá de hombros? ¿Festejará la muerte de compatriotas?
VI. También sabemos que esa operación “Lanza del Sur” fue el prólogo del ataque militar que permitió a Trump apoderarse del petróleo venezolano, mientras su pueblo sigue padeciendo la misma dictadura corrupta y criminal, solo que ahora sin Nicolás Maduro a la cabeza.
Presidente, usted (con toda razón) denunciaba duramente a esa dictadura e incluso exigió que Chile rompiera toda relación con ella. Ahora, sin embargo, se reunió entre sonrisas con la dictadora encargada, Delcy Rodríguez, alabó su trabajo, y prometió restablecer relaciones diplomáticas con ese régimen.
¿Por qué, presidente, la dictadura venezolana ya no es tan mala? ¿Ahora que Trump se robó el petróleo, ya no importan la falta de elecciones libres ni la represión a los opositores?
VII. En agosto, el autodenominado “secretario de Guerra” Pete Hegseth, notificó a los miembros del Escudo de las Américas que “esperamos una inversión sustancial y que aumenten sus recursos destinados a la defensa”. Y los (nos) amenazó directamente, diciendo que “el presidente Trump no tolera a quienes se aprovechan sin aportar. Esto no es un juego”.
En los días siguientes, tanto Perú como Argentina anunciaron compras de F-16 estadounidenses. Este jueves, dos días después de la adhesión al Escudo, Chile anunció que reemplazará sus aviones F-5. Es una decisión estratégica y económica crucial, con costos que pueden superar los 3.000 millones de dólares.
En este contexto, presidente Kast, ¿tiene autonomía Chile para tomar la decisión que más nos convenga? ¿O también en este punto obedecemos las órdenes de Washington?
VIII. En su discurso ante la ONU, usted habló en términos muy elocuentes de los graves efectos de la guerra de Irán sobre nuestra economía. Sin embargo, no escuché, presidente, mención alguna a quién y cómo inició la guerra y la mantiene hasta hoy.
Es más: cuando Trump atacó a Irán en febrero, usted lo respaldó. Siete meses y un “bencinazo” después, ¿sigue apoyando esta guerra cuyos graves efectos sobre los chilenos usted mismo describió en la ONU?
En resumen, la pregunta más importante es simple. ¿Dónde, presidente, se decide nuestra política exterior? ¿En su oficina de La Moneda, o en un club de golf de Florida?
NOTA DEL BLOG:
[1] Eso sí, ese supuesto amor a Chile se limita a los símbolos patrios, a las tradiciones huasas de un idealizado latifundio y a ser un incondicional fans club de los uniformados de derecha y de los violadores de derechos humanos... nunca de Prats, Schneider, Michel Nash o Guillermo Schmidt, entre otros que se pueden recordar.
[2] Para ser justos, firmar tratados con los que Chile pierde soberanía y pone en jaque sus intereses, sin informar debidamente a la ciudadanía, sin un debate generalizado e informado y menos dando la oportunidad de que se vote en un plebiscito, no es una cuestión de este desgobierno: recuérdense los TLC firmados por los gobiernos concertacionistas y el TPP-11 firmado por Boric.
[3] Las citas de esta introducción se extrajeron del libro (de acceso abierto) Imperios liberales. Estados Unidos y Francia, en cuyo primer capítulo se trata en extenso el imperialismo de la Unión.
* Publicado en La Tercera, 26.09.26.



